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Duelo por masacre en México

El periodista Rubén Espinosa, uno de los cinco muertos, denunció amenazas en Veracruz. Sus colegas protestaron por falta de seguridad.

03 de agosto de 2015 – 11:35 p. m.
Manifestantes con el rostro impreso de Rubén Espinosa en Ciudad de México. / AFP
Manifestantes con el rostro impreso de Rubén Espinosa en Ciudad de México. / AFP

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De acuerdo con la organización Reporteros sin Fronteras, México es hoy el país más mortífero para los periodistas. La afirmación resulta veraz después del asesinato de Rubén Espinosa y cuatro mujeres en una casa de Ciudad de México el viernes. Espinosa, que había llegado al D.F. en busca de un entorno seguro, había denunciado amenazas en Veracruz, donde trabajaba hasta hace unos meses. De acuerdo con la investigación de la Procuraduría General de ese país, entre los muertos se encuentra una colombiana. Hasta el cierre de esta edición, la Cancillería colombiana no había confirmado la identidad de la mujer y en las publicaciones mexicanas se encontraban sólo confusas referencias a su edad y su origen.

Las singularidades de sus muertes, sin embargo, fueron confirmadas por el fiscal Rodolfo Ríos Garza. Las víctimas fueron ultimadas con un tiro de gracia y tres de las cuatro mujeres presentaron signos de violación y tortura. Según un vecino, que vio dos de los cuerpos de las mujeres, estaban atadas de pies y manos y tenían huellas de tortura en el rostro. Nadia Vera, activista originaria de Chiapas, otra mujer de 18 años y una empleada de 40 fueron las otras tres víctimas.

La Procuraduría y la Fiscalía del D.F. investigarán si el crimen está relacionado con las amenazas que Espinosa había denunciado en Veracruz. Desde allí, el periodista enviaba artículos y fotografías para las revistas Proceso y Cuartoscuro, dedicadas a cubrir las actividades de grupos sociales en la zona y a revelar los problemas de libertad de expresión en la ciudad, en la que disputan grupos de narcotráfico como el cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y los Zetas. Veracruz es un puerto apreciado por el CNJG (que se ha apoderado también de puertos en Jalisco y Michoacán) para el transporte de droga hacia Estados Unidos.

A pesar de ello, las certezas se les escapan a los investigadores. Hay tres hipótesis sobre las razones del múltiple homicidio: las amenazas contra Espinosa, el feminicidio (la forma, ya bastante común en México, en que los cuerpos de las mujeres fueron maltratados) y el robo (numerosos bienes fueron extraídos del lugar). La Comisión para la Protección de Periodistas (CPJ) aseguró ayer que el crimen tiene todo que ver con el trabajo periodístico de Espinosa y que uno de los culpables indirectos de su muerte es el gobierno mexicano. “La violencia que él había sufrido era conocida públicamente, por lo que el homicidio se produjo sin que las autoridades encargadas de proteger periodistas en este país movieran un solo dedo a su favor”, dijo la CPJ, según registra El País de España.

Uno de los señalados es el gobernador de Veracruz, Javier Duarte. Meses atrás, Espinosa lo había fotografiado para la portada de Proceso. El título que acompañó la foto despertó la ira del gobernador: “Veracruz, estado sin ley”. Duarte se lamentó por la muerte de Espinosa y dijo que había sido “aberrante”. A pesar de ello, en una columna publicada en el diario El Financiero, el analista Salvador Camarena aseguró que el “acoso gubernamental” había producido el escape de Espinosa de Veracruz y pidió que Duarte fuera investigado. Doce periodistas, según el sitio Sinembargo de México, han sido asesinados durante el gobierno de Duarte. Espinosa “era una piedrota en el zapato”, aseguró una activista que había trabajado con él.

En los últimos años, los medios de comunicación en México han lanzado hipótesis sobre las relaciones cercanas entre los carteles de droga y los funcionarios públicos. Numerosos analistas aseguran que los carteles más grandes del país, entre ellos el de Sinaloa (cuya cabeza es el Chapo Guzmán), tendrían poder en las instituciones públicas e incluso dentro del Ejército, dado que en ocasiones logran conocer las operaciones en su contra antes de que sucedan. En otro momento, por ejemplo, se supo que un cartel tenía el control de las cámaras de video de una ciudad entera: sabían cuándo venían por ellos. Todo aquello fue denunciado por Espinosa, quien decía que en Ciudad de México lo perseguían. Un reportaje de la revista mexicana Gatopardo recordaba en mayo pasado la mala hora de los periodistas en el país: “Actualmente se agrede a un periodista cada 26 horas. Más alarmante aún es saber que cerca de la mitad de esas agresiones vienen de servidores públicos inmersos en un clima de corrupción y total impunidad”.

Reporteros sin Fronteras, que sigue año a año la situación de los periodistas en numerosas regiones, ha dicho que el cambio de gobierno en México (Felipe Calderón, quien emprendió una guerra contra el narcotráfico, aún recrudecida) no hizo mella en los derechos de los periodistas en el país. En la última década, más de 80 han sido asesinados y 17 han sido desaparecidos. Es posible que la investigación sobre el crimen de Espinosa tenga la misma suerte que otras investigaciones de la misma guisa: la impunidad prevalece y la burocracia provoca el cierre casi inmediato de las búsquedas. En 2006 la Fiscalía creó una oficina especial para la atención de este tipo de delitos. En nueve años ha habido una condena. Fue allí donde Espinosa pidió ayuda y protección. Su utilidad está en duda.

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