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Cuarenta y cinco días. Eso es lo que lleva la guerra en Irán desde que Estados Unidos e Israel lanzaron la llamada Operación “Furia Épica”, el 28 de febrero. Mes y medio puede pasar rápido entre noticias sobre el canal de Ormuz, las amenazas de líderes políticos, los bombardeos y los anuncios de tregua, pero las consecuencias de este conflicto en todo el mundo no se van a evaporar en ese mismo lapso.
A los costos humanitarios del conflicto se suman varios efectos económicos: el petróleo sigue en sus rangos más altos de los últimos años (en el arranque de la semana volvió a bordear los USD 100), la logística global se mantiene en ascuas (este lunes Estados Unidos anunció un bloqueo naval a los puertos iraníes en el Golfo) y, en varios países, las perspectivas de inflación para el cierre de año empiezan a moverse al alza.
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La preocupación, además, no termina en los combustibles: también suenan alertas por insumos como los fertilizantes, porque si su flujo desde Oriente Medio sigue afectado por la guerra, los precios de los alimentos podrían subir.
¿Cuánto durará todo esto? La respuesta depende de algo que todavía no se define: qué tan pronto Irán y Estados Unidos llegarán a un acuerdo o si, por el contrario, el cese al fuego (que vence el 22 de abril) termina por derrumbarse y alargar un conflicto que ya está reescribiendo las proyecciones económicas.
La OCDE ya intentó ponerle números a esa incertidumbre. En su más reciente informe de perspectivas económicas, publicado a finales de marzo, el organismo advirtió que la escalada en Oriente Medio “pondrá a prueba la resiliencia” de la economía global.
El precio de la guerra
La OCDE no pronostica una recesión global por la guerra en Irán. No obstante, el escenario base que presenta la organización viene con una condición: que la disrupción actual en los mercados de energía se vaya moderando con el tiempo, es decir, que el choque sobre petróleo, gas y fertilizantes empiece a ceder y que esos precios bajen gradualmente desde mediados de 2026.
Con ese supuesto, el organismo calcula que el PIB mundial crecerá 2,9 % en 2026 y 3 % en 2027.
En Estados Unidos, por ejemplo, el organismo prevé que el crecimiento pase a 2 % en 2026 (ligeramente menor que el 2,1 % de 2025) y 1,7 % en 2027, a medida que el impulso de la inversión ligada a la inteligencia artificial sea compensado gradualmente por una desaceleración del crecimiento del ingreso real y del gasto de los hogares.
En la zona euro, la OCDE calcula un crecimiento de apenas 0,8 % en 2026, antes de un repunte a 1,2 % en 2027, con una energía más cara pesando sobre la actividad. China, por su parte, seguiría creciendo a un ritmo superior al de otras grandes economías, aunque por debajo del que tuvo en 2025 (4,8 %): a 4,4 % en 2026 y 4,3 % en 2027.
En materia de inflación, la OCDE calcula que el promedio del G20 (el grupo de las principales economías del mundo) subirá a 4 % en 2026 (1,2 puntos porcentuales más de lo que preveía en diciembre) y luego se moderará a 2,7 % en 2027; en Estados Unidos la inflación llegaría a 4,2 % en 2026 antes de bajar a 1,6 % en 2027; en la zona euro se ubicaría en 2,6 % y 2,1 %, respectivamente.
¿Y si el conflicto se alarga?
La propia OCDE se hizo esa pregunta y planteó un escenario menos optimista. Si la guerra afecta a más infraestructuras críticas y termina empujando todavía más los precios de la energía, el mundo no solo pagaría más: también crecería menos de lo que hoy calcula el organismo.
En ese caso, el PIB mundial sería alrededor de 0,5 % menor en el segundo año del choque frente al escenario base con el que trabaja hoy la OCDE, mientras los precios al consumidor serían cerca de 0,9 % más altos.
Asia-Pacífico aparece entre las zonas más expuestas por su dependencia de energía importada y, en las economías emergentes y en desarrollo, las presiones sobre los precios serían mayores, entre otras cosas, porque el alza en la cotización de los fertilizantes también termina pesando sobre los alimentos.
Petróleo y alimentos
La guerra empezó a sentirse primero en los precios de la energía y la razón está en Ormuz. Cifras de la OCDE indican que, en 2025, por ese estrecho pasaban exportaciones de petróleo y derivados equivalentes a cerca de 20 % de la producción mundial y a 25 % del comercio marítimo global de crudo. En gas natural licuado, la dependencia también era alta: por esa ruta transitaba casi una quinta parte del comercio mundial.
Entre el inicio del conflicto y el 20 de marzo, la OCDE señala que el precio del crudo subió más de 50 %. Para sus proyecciones de 2026, el organismo partió de un supuesto más pesimista que el de su informe de diciembre de 2025: que el Brent y el gas seguirán alrededor de 40 % y 60 % más altos, respectivamente, frente a lo que entonces esperaba. Combustibles más caros significan mayores costos para mover mercancías, producir bienes y sostener buena parte de la actividad económica, básicamente.
Pero la cuenta no termina en el petróleo. La OCDE advierte que el bloqueo en el estrecho de Ormuz también amenaza otro insumo: los fertilizantes. Y es que los estados del Golfo representaron 34 % de las exportaciones mundiales de urea en 2024 y cerca de 20 % de las de fosfato diamónico y amoníaco anhidro. A eso se suma que la urea ya había subido más de 40 % desde mediados de febrero. Además, el gas natural licuado es una materia prima importante para fabricar fertilizantes nitrogenados. Así las cosas, si la logística en Oriente Medio sigue afectada y los fertilizantes se mantienen caros, el resultado sería una menor productividad de los cultivos en el mundo y, tarde o temprano, mayores precios de los alimentos.
La advertencia de la OCDE es que ese impacto podría sentirse incluso hasta 2027.
Como lo mencionó hace unos días la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, el conflicto pone riesgo de sumir en inseguridad alimentaria a “al menos 45 millones de personas”.
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El problema para los bancos centrales
La OCDE añade otra arista a su análisis: con una guerra más larga, los bancos centrales tendrían que endurecer el costo del crédito, con alzas iniciales de entre 25 y 50 puntos básicos en las tasas de referencia en muchas economías para evitar que el alza de precios se les salga de las manos.
El problema es que la guerra llegó en un momento en que la economía mundial todavía arrastraba presiones inflacionarias. El propio informe recuerda que, antes de que el conflicto se agravara, varias economías grandes seguían con precios por encima de la meta de sus bancos centrales, entre ellas Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, México y Turquía. En marzo, además, también subieron las expectativas de inflación a mediano plazo, sobre todo en Europa y Reino Unido.
Ahí aparece el dilema: los bancos centrales podrían volver a subir sus tasas de referencia para frenar la inflación, incluso cuando la actividad económica ya empieza a perder fuerza. De hecho, el informe dibuja caminos distintos entre regiones.
En Estados Unidos, la OCDE proyecta tasas sin cambios durante 2026 y 2027. En la zona euro se prevé una subida moderada en el segundo trimestre de este año para evitar que las expectativas de inflación se desordenen.
Colombia no está al margen de ese telón de fondo más incierto que describe la OCDE. En lo corrido de 2026, el Banco de la República ha hecho dos subidas de tasas, cada una de 100 puntos básicos, con lo que llevó su tasa de referencia a 11,25 %. Y en la rueda de prensa posterior a su más reciente decisión de política monetaria, en marzo, la junta directiva del Emisor reconoció que la guerra en Irán podía traer justamente esas presiones que resalta la OCDE: por un lado, un posible alivio por mayores ingresos de exportación en un contexto de petróleo más caro; por otro, costos más altos en alimentos y, en general, más incertidumbre sobre la trayectoria de los precios en lo que resta de 2026.
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Ante las proyecciones más cautas de la OCDE, vale la pena mirar el escenario macroeconómico que trazó el Gobierno de Colombia en su Plan Financiero, publicado el 11 de marzo de este año.
Allí el Ejecutivo proyectó una inflación de 5,8 % al cierre de 2026 (por encima del 5,1 % de 2025) y de 4,8 % para 2027.
También previó un crecimiento real de 2,6 % este año y de 3 % en 2027. Los números de otras fuentes son menos agradecidos. En marzo, los analistas económicos consultados por encuestas del Banrep estimaron que la inflación cerrará 2026 en 6,3 %.
Un mundo menos frágil
La OCDE cierra su informe con una tesis que va más allá de lo que ocurre hoy en Oriente Medio y de estos 45 días de enfrentamientos. Una economía mundial más resiliente no depende solo de que se acaben las guerras, sino de que los países reduzcan su dependencia de insumos, rutas y proveedores puntuales. Eso, según el organismo, también implica evitar restricciones comerciales que agraven los problemas de oferta en energía, materias primas e insumos, y que empujen todavía más los precios y reduzcan el crecimiento económico (el informe, de hecho, dedica un apartado al tema arancelario en Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump).
Lo anterior pasa, entre otras cosas, por aumentar la eficiencia energética y seguir avanzando en la transición hacia fuentes más limpias, para reducir la dependencia del petróleo (siempre volátil) en la actividad económica global.
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