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En los años previos a su misión de 37 horas para atacar el emplazamiento nuclear iraní de Fordow, los pilotos de la Fuerza Aérea estadounidense pasaron al menos 24 horas seguidas en un simulador de vuelo de un bombardero B-2 que es una réplica de su cabina.
En los días o semanas previos a la misión, lo más probable es que realizaran recorridos simulados sobre un objetivo que se asemejaba al emplazamiento fuertemente fortificado en lo profundo de una montaña.
Casi todos los aspectos de la misión, que comenzó en la Base Whiteman de la Fuerza Aérea en Misuri, serían iguales, con solo un par de grandes diferencias, dijo el teniente general retirado Steven Basham, quien pilotó el avión en misiones de entrenamiento y combate durante nueve años.
En la misión real, que voló durante las primeras horas de la mañana del domingo en Irán, los pilotos habrían podido “sentir el ruido metálico” de las puertas del compartimento de armas al abrirse, cambiando brevemente la forma del avión furtivo y exponiéndolo potencialmente al radar enemigo.
Los B-2 que atacaron Fordow llevaban cada uno dos bombas del tipo Massive Ordnance Penetrator, diseñadas para inutilizar el objetivo enterrado a profundidad. Según dijo Basham, cuando las tripulaciones, compuestas por dos personas cada una, soltaron su carga, que pesaba un total de 27.200 kilos, lo más probable es que su B-2 se elevara brevemente.
Para los pilotos, fue casi con certeza de una sensación nueva.
Otros bombarderos del arsenal estadounidense, como el B-1 y el B-52, desempeñaron un papel importante en las guerras de Irak y Afganistán, lanzando enormes cantidades de bombas en apoyo de los soldados de tierra. Pero el B-2 —el avión más caro de la historia, de 2200 millones de dólares por ejemplar— desempeñó un papel mucho más especializado.
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Para algunos de los pilotos, la misión del domingo posiblemente haya sido la primera vez que pilotaban el B-2 en combate y lanzaban bombas. Los ataques también supusieron el primer uso en combate de las bombas antibúnker GBU-57.
En las horas posteriores al ataque, el ejército y los servicios de inteligencia estadounidenses seguían evaluando los daños causados tanto en el emplazamiento de Fordow como en la psique de los dirigentes iraníes.
“Nuestra esperanza es que la lección que han aprendido los iraníes es que podemos volar con una bomba destructiva desde Misuri hasta Irán sin ser detectados y sin aterrizar ni una sola vez en suelo y podemos destruir cualquier capacidad nuclear que construyan”, dijo el vicepresidente JD Vance a Fox News en una entrevista el lunes. “Creo que esa lección es la que les enseñará a no reconstruir su capacidad nuclear”.
Las primeras misiones con bombarderos B-2 de más de 30 horas tuvieron lugar durante la guerra de Kosovo de 1999. En aquel momento, la idea de volar en una salida de combate y volver a casa a tiempo para recoger a los niños del entrenamiento de fútbol era todavía novedosa y un poco surrealista para los que volaban.
“Es un poco raro vestirte en tu propio cuarto de baño y luego entrar en combate”, le dijo un piloto de un B-2 a The Wall Street Journal en los primeros días de la guerra de Kosovo.
Desde entonces, los pilotos de los B-2 han volado en misiones de combate en Irak, Afganistán y Libia. Los bombarderos B-2, hechos para transportar armas nucleares, vuelan regularmente en misiones de disuasión en Europa y Asia desde su base de Misuri.
Los últimos 25 años han sido muy aleccionadores para la Fuerza Aérea y sus pilotos en cuanto a cómo volar en misiones largas. Hoy en día, los médicos y fisiólogos de la Base Whiteman de la Fuerza Aérea se especializan en ayudar a los pilotos de B-2 a preparar el cuerpo para pasar largos periodos en la cabina.
Si les avisan con suficiente antelación, los pilotos intentan ajustar sus horarios de sueño para que sus relojes corporales estén sincronizados con la misión.
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Cada B-2 es pilotado por una tripulación de dos personas. La pequeña cabina tiene espacio para un retrete y un espacio detrás de los asientos del avión donde un piloto puede estirarse en un catre o una colchoneta de campamento y tomar una breve siesta. Ambos pilotos deben permanecer en sus asientos durante el despegue, el aterrizaje, los reabastecimientos aéreos y durante todo el tiempo que permanezcan sobre territorio enemigo.
Los aviones también están equipados con pequeños calentadores para la comida, pero en las misiones largas muchos pilotos de B-2 prefieren algo sencillo, como sándwiches. “Aprendes a beber mucha agua”, dijo Basham, quien voló en misiones de combate en Kosovo.
Lo más probable es que las misiones se hayan desarrollado de forma similar a las que volaron los pilotos de B-2 en guerras anteriores. En esas misiones previas en Kosovo e Irak, los pilotos veían cañones antiaéreos y misiles en el cielo bajo ellos. Esta vez, los funcionarios del Pentágono dijeron que los iraníes no dispararon contra los B-2 ni contra los cazas F-35 que los escoltaban.
En los conflictos anteriores, los pilotos de los B-2 lanzaban, como mucho, bombas de precisión de 900 kilos. Esta vez los B-2 lanzaron cada uno dos municiones de 13.600 kilos sobre su objetivo.
Basham no pudo evitar preguntarse qué se sentía al soltar semejante peso.
“Será interesante escuchar a los pilotos”, dijo.
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