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La pobreza no solo se mide en el salario que gana una persona. Está en ese hogar donde un niño deja de ir al colegio, en una vivienda con piso de tierra o sin baño, o en una casa donde cinco o más de sus habitantes duermen en el mismo cuarto. También está presente en quien pasa más de un año buscando trabajo, en la falta de acceso a agua potable o en las barreras para recibir atención en salud.
Esa acumulación de carencias, más estructural y más útil para leer la calidad de vida de un país que la sola medición del ingreso, es la que intenta medir la pobreza multidimensional.
La radiografía de la pobreza en 2025
El país completó en 2025 cinco años consecutivos de descenso en la pobreza multidimensional, dentro de un camino que viene desde el 19,1 % registrado en 2018 y que solo se interrumpió con el repunte de 2020, cuando el indicador subió a 18,1 % en medio de la pandemia.
El año pasado, la incidencia nacional de la pobreza multidimensional fue de 9,9 %, una notable caída de 1,6 puntos porcentuales frente al 11,5 % de 2024. Como lo resalta César Mantilla, director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana, por primera vez, el dato nacional llegó a un dígito.
Ese descenso también se reflejó en el número de personas en condición de pobreza multidimensional, que pasó de cerca de 6 millones a aproximadamente 5,2 millones. Más precisamente, 793.000 personas salieron de la pobreza multidimensional de un año a otro.
Con ello, Colombia registró por primera vez menos de seis millones de personas en esa condición.
Pero estos avances no borraron la gran fractura territorial de esta medición. En las cabeceras, la incidencia de la pobreza multidimensional fue de 6,3 %; por su parte, en los centros poblados y rural disperso llegó a 22,4 %.
Eso significa que, en esa Colombia por fuera de las ciudades, la pobreza multidimensional siguió siendo 3,6 veces más alta. Una distancia que sigue siendo una de las brechas más fuertes de la pobreza en el país.
Andrés Giraldo, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana, le dijo a El Espectador que la caída de la incidencia nacional de la pobreza no cambia el hecho de que persisten brechas profundas entre las ciudades y las zonas rurales.
Para el docente, los datos refuerzan además una preocupación que ya venía viéndose en los diferenciales regionales por salarios: que las zonas con menores niveles de ingreso per cápita siguen rezagándose frente a Bogotá y al promedio nacional.
“En Bogotá, la probabilidad de ser pobre es mucho más baja que en el resto del país y eso nos debería preocupar como país”, afirma Giraldo.
Qué explica la pobreza en Colombia
A nivel nacional, la dimensión que más peso tuvo en la pobreza multidimensional fue la educación, con 35,9 %. Le siguieron trabajo, con 29,6 %; vivienda, con 14,1 %; niñez y juventud, con 12,5 %; y salud, con 7,9 %.
En los centros poblados y rural disperso, la educación explicó 37,3 % del índice de pobreza multidimensional, mientras que la vivienda representó 16,8 %, por encima del 11,1 % registrado en las cabeceras. El trabajo, entre tanto, siguió teniendo un peso alto a ambos lados de la brecha: 31,2 % en cabeceras y 28,2 % en centros poblados y rural disperso.
Para medir esas carencias el DANE usa el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), que mide cinco dimensiones de la calidad de vida de los hogares del país: condiciones educativas, condiciones de la niñez y juventud, salud, trabajo, y condiciones de la vivienda y acceso a servicios públicos, además de 15 variables dentro de esas dimensiones.
Un hogar entra en pobreza multidimensional cuando no enfrenta una sola carencia, sino varias al mismo tiempo. Es decir, cuando la suma de esos problemas (en educación, salud, trabajo, niñez o vivienda) ya muestra un deterioro importante en sus condiciones de vida.
Por ejemplo, un hogar puede caer en esta categoría si combina situaciones como desempleo de larga duración, inasistencia escolar, bajo logro educativo o hacinamiento.
El DANE les asigna un puntaje a esas carencias y, cuando juntas superan el umbral de 0,33 (equivalente al 33,3 % de las privaciones ponderadas del índice), ese hogar se considera en pobreza multidimensional.
La brecha territorial
Basta salir de las cifras nacionales para que aparezca la brecha territorial. Por regiones, Amazonía-Orinoquía registró la incidencia de pobreza multidimensional más alta del país, con 18,2 %, seguida por Caribe, con 17,9 %. Le siguieron la región Oriental, con 7,4 %; Central, con 9,3 %; y Pacífica, con 9,7 %.
En el otro extremo estuvo Bogotá, con 2,2 %, tras caer 3,2 puntos porcentuales frente a 2024, cuando el indicador había sido de 5,4 %. La capital tuvo, además, la mayor reducción entre las regiones.
En términos de variación, después de Bogotá sobresalieron Amazonía-Orinoquía y Pacífica, ambas con caídas de 2,1 puntos porcentuales, y Oriental, con 1,4 puntos.
En los departamentos, esa desigualdad se vuelve todavía más marcada. Vichada siguió siendo el más golpeado, con una incidencia de 55,2 %, aunque también fue el que más la redujo frente a 2024, con una caída de 15 puntos porcentuales. Bogotá tuvo la menor, con 2,2 %, y Sucre fue uno de los pocos que mostró un aumento estadísticamente significativo, al pasar de 21,8 % a 25,4 %.
Entre las incidencias más altas también estuvieron Guainía, con 51,8 %; Vaupés, con 41,7 %, y La Guajira, con 40,1 %.
Si bien la pobreza multidimensional baja en el agregado, lo evidente es que sigue concentrándose con mucha más fuerza en las zonas rurales y dispersas, y en varias regiones de la periferia del país.
Jaime Alberto Rendón, director del Centro de Estudios e Investigaciones Rurales de la Universidad de La Salle, advirtió que la distancia que muestra el informe no se limita al IPM, sino que también se refleja de manera más amplia en la vida cotidiana de la ruralidad.
“Esa brecha es muy amplia. No solo aparece en los indicadores que miden la pobreza multidimensional, sino también en distintas dimensiones de la vida cotidiana rural. Es una brecha entre el campo y la ciudad, y el país tiene la obligación de trabajar para cerrarla y avanzar hacia mejores condiciones de vida para la ruralidad colombiana”, asevera Rendón.
Las carencias en vivienda y servicios
Si hay un lugar donde la distancia entre el campo y la ciudad se vuelve visible con más crudeza es en la vivienda y en el acceso a servicios básicos. En los centros poblados y rural disperso, esta dimensión explicó 16,8 % del índice de pobreza multidimensional en 2025, por encima del 11,1 % registrado en las cabeceras.
En los centros poblados y rural disperso, 30,7 % de los hogares seguían privados de acceso a una fuente de agua mejorada. A eso se sumó que 18,7 % presentaban privación por inadecuada eliminación de excretas y 17,2 % por material inadecuado de pisos. En las cabeceras, en cambio, esas proporciones fueron mucho menores: 2,2 %, 6,7 % y 1,2 %, respectivamente.
Aunque hubo mejoras (como la caída de tres puntos en la privación por acceso a fuente de agua mejorada en centros poblados y rural disperso frente a 2024), el rezago en servicios básicos y condiciones de la vivienda sigue siendo una de las huellas más visibles de la pobreza en esos territorios.
Trabajo infantil e informalidad
A nivel nacional, la dimensión de trabajo fue la segunda que más peso tuvo en la pobreza multidimensional, con 29,6 %. En las cabeceras, esa participación incluso fue mayor, con 31,2 %, mientras que en los centros poblados y rural disperso fue de 28,2 %.
Dentro de ese rubro, una de las carencias más extendidas en 2025 es el trabajo informal (la presencia de, al menos, una persona ocupada sin afiliación a pensión dentro del hogar).
Según el DANE, 70 % de los hogares presentaban privación por ese indicador a nivel nacional. En las cabeceras la proporción fue de 64,9 %, pero en los centros poblados y rural disperso se ubica en 88,9 %.
A eso se suma el desempleo de larga duración (cuando en el hogar hay al menos una persona desempleada por más de 12 meses, pero que está en busca de trabajo). En 2025, esta privación afectó a 13,1 % de los hogares a nivel nacional; en cabeceras, a 13,6 %; y en los centros poblados y rural disperso, a 11,1 %.
El trabajo infantil, cabe resaltar, mostró un leve repunte frente a 2024. Este indicador (que el DANE registra cuando en el hogar hay al menos un niño entre 12 y 17 años trabajando) pasó de 1,1 % a 1,2 % a nivel nacional. En cabeceras subió de 0,7 % a 0,8 %, y en los centros poblados y rural disperso de 2,6 % a 2,7 %.
Qué mejoró y qué no
El descenso de la pobreza multidimensional en 2025 también estuvo acompañado por mejoras en varios indicadores puntuales.
A nivel nacional, el rezago escolar (mide si en el hogar hay niños o jóvenes que van atrasados frente al grado que deberían cursar por su edad) bajó de 22 % en 2024 a 19,7 % en 2025.
También cayó el bajo logro educativo (hogares donde la educación promedio de las personas mayores de 15 años es inferior a nueve años), al pasar de 38,3 % a 36,8 %. A eso se sumó una reducción del analfabetismo, de 7,1 % a 6,4 %, y de la privación por falta de aseguramiento en salud, que pasó de 6,0 % a 4,7 %.
César Mantilla llama la atención sobre otro dato del informe: aunque cayó el número de personas en pobreza multidimensional, el promedio de privaciones entre quienes siguen en esa condición subió levemente (de 40,2 % a 40,4 %).
“Esto quiere decir que se reduce el número de personas clasificadas como pobres multidimensionalmente, pero las privaciones de aquellas personas que aún son clasificadas como pobres multidimensionalmente no se han reducido”, precisó el director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana.
No obstante, en centros poblados y rural disperso, las barreras de acceso a servicios de salud (es decir, casos en los que una persona tuvo una necesidad de atención, pero no pudo acudir a un profesional o institución de salud) aumentaron de 2,8 % a 3,4 %, un cambio que el DANE marcó como estadísticamente significativo.
“Cuando uno mira los componentes, hay un dato preocupante: en centros poblados y rural disperso, el único indicador que sube de forma estadísticamente significativa es el de barreras de acceso a servicios de salud. Eso no ocurre ni en el total nacional ni en las cabeceras, y es una muy mala noticia”, agregó Andrés Giraldo.
Además, la inasistencia escolar se mantuvo en 1,8 %, sin cambios frente a 2024.
El informe del DANE deja ver que hay una larga lista de carencias que sigue pesando sobre la calidad de vida de los hogares colombianos. Que 793.000 personas hayan salido de la pobreza multidimensional es una buena noticia, sin duda, pero siguen pendientes tareas en frentes tan básicos como la vivienda, los servicios, la educación, la salud y el trabajo.
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