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Si usted le dice a un futbolero colombiano: “Ahí viene Colombia, Dios mío, viene Colombia”, ya se sabe de qué gol estamos hablando. Se sabe que la voz era de William Vinasco, que el rival era Alemania y que el escenario era el Mundial de Italia 1990. Ese gol fue obra de Freddy Rincón, uno de los máximos referentes no solo de la selección de Colombia, sino también de dos clubes que hoy se enfrentan en la Copa Libertadores de América.
Santa Fe y Corinthians, dos equipos en los que el Coloso dejó huella y gritó campeón, se enfrentan esta noche en São Paulo por la segunda fecha del Grupo E de la Copa Libertadores 2026. Los cardenales buscan dar la sorpresa, mientras que los brasileños le apuntan a su segunda victoria al hilo.
Antes de que Rincón uniera a todo un país al marcar el empate con mayor sabor a victoria de nuestra historia, tuvo que hacerse un nombre en la primera división del fútbol colombiano. En 1986, con apenas 19 años, dejó Buenaventura para cumplir su sueño de ser profesional.
No tardó en ganarse la confianza de Jorge Luis Pinto, quien dirigió al León entre el 86 y el 87. Su biotipo (1.88 metros de estatura) imponía, pero más su polivalencia. Podía ser volante, interior, delantero y hasta apoyar en marca cuando le tocaba. En 1989, bajo las órdenes de Diego Édison Umaña, Freddy ganó la Copa Colombia siendo figura, con gol incluido en la final.
Pinto, quien conversó con El Espectador en el lanzamiento de un corto que recuerda la carrera del fallecido futbolista vallecaucano, lo recuerda así: “Siempre como un gran jugador que sabía entrenar, que le gustaba entrenar. Lo que hizo en el fútbol no hay otro: jugó tres mundiales, en Europa, en Italia, en Brasil, en los grandes equipos. Tuvo un mundo futbolístico fuera de serie.”
Su rendimiento en Bogotá lo puso en el mapa y le abrió puertas que ya no se cerraron. Ese salto lo llevó al América de Cali, cuadro en el que terminó de explotar. Fue en el Valle donde su nombre se pegó definitivamente a la selección de Colombia.
Fue precisamente en un clásico vallecaucano en el que Pinto guarda uno de sus recuerdos más nítidos de Rincón, aunque sea agridulce: “Jugando un clásico, América vs. Cali, cuando yo era DT, recibió un centro y la metió de taco. Él dijo alguna vez que ese era el mejor gol que había hecho en su vida, y me lo hizo a mí.” Y si queremos darle más ironía al tema, podemos agregar que el Coloso era hincha azucarero.
Por su rendimiento era lógico pensar que más pronto que tarde iba a dar el salto al exterior y su destino fue São Paulo, la ciudad que terminaría recibiéndolo como a un hijo adoptivo. No obstante, su primera parada paulista no fue Corinthians, sino Palmeiras, en el que vivió dos etapas distintas. En el medio se fue a Europa, con pasos por el Napoli italiano y el Real Madrid español.
Cuando regresó a Brasil cambió de vereda, y esa decisión fue el giro definitivo de su mito. En 1997 se puso la camiseta del Corinthians cuando todavía no existía la Arena que hoy lleva el nombre del equipo. En ese tiempo su hogar era el Pacaembú.
En el Timão, Rincón se convirtió en el primer colombiano que se volvió ídolo en Brasil. Allí ganó el Brasileirao de 1998 y 1999 y el Mundial de Clubes del 2000, el título que Corinthians defiende como una bandera. Para darle más peso a esos logros cabe recordar que lo hizo siendo el capitán del equipo de una ciudad en la que él era uno más, en la que se sintió en casa.
Su hijo Freddy Stiven, quien también compartió unas palabras con este diario, lo confirmó: “Mi papá siempre dijo que no era muy reconocido acá como lo fue en Brasil. Como él decía, ‘nadie es profeta en su tierra’. Él en Brasil, la verdad, era un grande.”
São Paulo lo convirtió en grande porque él también engrandeció a la ciudad. En Palmeiras brilló pero en Corinthians se consagró, no solo por lo que ganó, sino por cómo lo ganó. Por eso allá también se lo lloró cuando murió en 2022 tras sufrir un accidente de tránsito en Cali.
Cuando se confirmó la noticia, desde el Timão dijeron: “Con mucha tristeza nos despedimos de un gran ídolo. Nuestro capitán en el primer título mundial, Freddy Rincón falleció. Eternamente en nuestros corazones”. El pasado lunes, cuando se cumplieron cuatro años de su partida, el equipo lo recordó con el adjetivo de “eterno”.
El Coloso tenía otra dimensión que pocos conocían. “El Freddy salsero”, recuerda su hijo. “El asadito, poner la salsa, compartir con nosotros. Mi papá fue ídolo y gran atleta, pero como persona fue gigante. Esa faceta no todos la tienen muy clara.”
Esa parte más humana también la vio Pinto de cerca. Cuando Rincón ejerció como su asistente técnico en Millonarios lo describió así: “Muy respetuoso, calmado, me daba las pautas que él quería y había que atenderlo. Lo que más quise fue que los jugadores hablaran con él y que él les contara el mundo del fútbol que había vivido.”
Este miércoles, en la Copa Libertadores, el azar del sorteo permitió que dos equipos en los que supo ser referente se enfrentaran en la ciudad que más lo quiso y que sirve como excusa para no dejar morir en la memoria colectiva a uno de los más grandes del fútbol colombiano.

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