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Antes de la guerra civil libanesa (1975-1990) la convivencia religiosa era la norma en el país. Un ambiente que recuerda con nostalgia estos días un festival con motivo del mes sagrado de ramadán.
El festival Ramadaniyat Beirutiya, organizado por la fundación Makhzumi, tiene una decoración que refleja el centro del Beirut prebélico con expositores dispuestos como en calles con los nombres antiguos de algunas avenidas de la ciudad en su época dorada.
«Mi objetivo es unir a Beirut ya que el Líbano pasa por una situación difícil tanto en el ámbito económico como de seguridad», declaró a Efe Fuad Makhzumi, fundador de la asociación que lleva su nombre.
Para ello están en el festival todas las comunidades religiosas y los grupos políticos, desde las Fuerzas 8 de Marzo (prosirias y lideradas por el grupo chií Hizbulá) a las del 14 de Marzo (contrarias al régimen sirio y encabezadas por el suní Saad Hariri).
Makhzumi expresó su esperanza de que «el espíritu de convivencia prevalezca» al término del evento, que se desarrolla entre el 1 y el 4 de julio en el centro de la capital libanesa.
La división y tensión confesional y política en el Líbano es crónica desde la guerra civil, que enfrentó a las distintas comunidades religiosas, y la brecha se ha acentuado con el conflicto sirio entre partidarios y detractores de Damasco y chiíes y suníes.
«Queremos que la imagen de Beirut vuelva a ser la que era porque tenemos nostalgia de ello. Nuestra fuerza reside en nuestra historia», aseguró Makhzumi, quien agregó que en Navidad organizarán una actividad similar porque «el Líbano es la tierra de cristianos y musulmanes».
El festival acoge actividades musicales, desfiles de moda -incluidas las tradicionales túnicas «abaya»-, muestras de artesanía y cocina, conferencias, exposiciones de arte islámico y juegos para los niños.
Algunas de las conferencias llevan títulos sugerentes como «Islam, un diálogo por la paz», «¿Qué le hiciste al Líbano?» y «El Líbano y su legado: un diálogo de religiones».
La idea es también poner de relieve la labor que realizan las ONG, tanto cristianas como musulmanas, que presentan en el evento sus proyectos de apoyo a ciegos, minusválidos y mudos, entre otros.
Además, hay una representación internacional entre la que destaca la de España y México, que en sus expositores exhiben folletos y fotografías de sus principales ciudades y actividades.
En el primer día del festival se escuchó música española de la mano del conjunto libanés Flamenco rojo, mientras que en la segunda jornada actuó el grupo mexicano Mariachi Semblaza.
El país latinoamericano tiene un expositor de comida con el nombre «El mexicano», regentado por Fernando Gómez, dueño de un restaurante en el Líbano.
Preparan quesadillas, tacos, enchiladas, burritos, flautas y guacamole, entre otros platos típicos para abrir el apetito de los asistentes al festival.
«Estoy sorprendido por lo bien que está presentada esta manifestación», dijo a Efe Gómez, que vive en el Líbano desde hace cinco años, está casado con una libanesa y considera que en el país árabe «la comida mexicana tiene muchos admiradores».
Entre los visitantes a Ramadaniyat Beirutiya estaba la libanesa Laila Tyan, que se mostró encantada por cómo el festival recoge «la tradición del ramadán a través de imágenes libanesas y orientales».
De la misma opinión era Adibe, una mujer jubilada que reconoció que «todo recuerda a los zocos antiguos» lo que remueve -agregó- «una fibra sensible que estaba presente pero no podía manifestarse».