
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Los orígenes de nuestro fútbol nos llevan mucho más atrás, pero desde el 12 de octubre de 1924 esta historia se cuenta bajo el nombre de la Federación Colombiana de Fútbol, que en sus 100 años de historia ha logrado pocos títulos a comparación de los grandes nombres que han hecho parte del balompié nacional, tanto de aquellos que han enarbolado nuestra bandera con los guayos puestos, como aquellos que detrás de un escritorio han gestionado el crecimiento de este deporte en el país.
Jorge Cardona Alzate, quien escribió los textos de “100 años en el corazón de Colombia”, mencionó en el libro y también en entrevista para El Espectador los nombres de Roberto ‘El Flaco’ Meléndez; Fernando Paternoster; Adolfo Pedernera; Gabriel Ochoa Uribe; César López Fretes; Todor Veselinovic; Osvaldo Zubeldía; Carlos Bilardo, Francisco Maturana en cuanto a técnicos; dirigentes como Alfonso Senior; José Chalela Chalela; León Londoño Tamayo; y Álvaro González Álzate como algunos de los que componen la historia del fútbol colombiano a nivel técnico, táctico y administrativo.
Fotografías, relatos, anécdotas, formaciones, todo lo que un libro sobre la historia de nuestro fútbol debe tener, alimentado también —porque hay que mencionarlo— por ese gran legado que nos dejó don Guillermo Ruiz Bonilla, quien falleció esta semana y nos mostró con rigor y disciplina las historias y estadísticas del balompié colombiano con sus más de 50 libros.
Hay algo que este libro tiene y que quizá otros no, algo que lo hace aún más valioso, y es que además de irnos contando la historia de nuestras selecciones Colombia, las mayores, las menores, las masculinas y femeninas, además de irnos mostrando los campeones del rentado nacional, nos cuenta el contexto social, político y cultural que vivió el país mientras se daban las gestas, las épicas y también las derrotas de nuestro fútbol.
Para la muestra un botón: “Al cierre de la primera vuelta de la eliminatoria, a pesar de las opiniones divididas entre la crítica deportivo y los expertos, Colombia estaba clasificada a Corea-Japón 2002, Pero el fútbol atravesaba las mismas dificultades del país, sin avances en el proceso de paz con las Farc y sin retrocesos en la barbarie de la guerra. Con una sociedad a diario sensibilizada por las imágenes de televisión con el cautiverio de militares y policías en cárceles de la selva y las masacres del paramilitarismo. Una pausa agobiante que el fútbol intentó atenuar el 15 de noviembre, cuando la selección enfrentó a Brasil en el Cicero Pompeu de Toledo o estadio ‘Morumbí’. Un juego tenso de intensas marcas y disciplina táctica que solo se resolvió cuando el reloj del juez uruguayo Jorge Larrionda marcó el minuto 93. En un tiro de esquina Roque Júnior de cabeza venció a Miguel Calero. La selección estuvo al borde de una hazaña y en un abrir y cerrar de ojos se transformó en una amarga derrota”, escribió Cardona en la página 175.
¿Por qué mostrar que la historia del fútbol colombiano no se puede desligar de un contexto político y social?
Vivo convencido de que el fútbol, más allá de ser un juego o de ser un deporte, al manejar tantos intereses, tanto poder económico, obviamente es mucho más que eso. Es una actividad que involucra a toda la sociedad. Y en un país como el nuestro, que ha tenido tantos problemas de orden público, tantos problemas judiciales y políticos, el fútbol no se puede desprender de esa realidad. Lo que trato de demostrar en ese libro es que el fútbol, a pesar de las dificultades que ha tenido Colombia como sociedad, ha estado ahí y ha estado en los momentos más difíciles, más complejos, ha estado de alguna manera acompañando y uniendo al país, porque básicamente una de las pocas actividades que unen realmente a Colombia es el fútbol.
Aunque empieza más atrás, hay ejemplos como el del gobierno de Gustavo Rojas Pinilla y su interés por el deporte. Hablemos en este caso del fútbol como herramienta política…
Todos los presidentes desde los 100 años de la Federación de alguna manera han tenido que ver con el tema del fútbol. La primera ley del deporte en Colombia se cumple también el año entrante, es la ley 80 de 1925. Y si usted mira, por ejemplo, antes de la República Liberal, en tiempos de la hegemonía conservadora, ya se había advertido la importancia política que tenía el fútbol. Desde los años 20 estaba claro en el tema. Cuando llegó los años 30, usted ve que los gobiernos liberales utilizaron de alguna manera el fútbol como una plataforma política. La inauguración del Estadio El Campín en el contexto de los primeros Juegos Bolivarianos de 1938 tiene una mirada política clara y era importante para los presidentes de la época acercarse al fútbol. En todos los momentos, todos los gobiernos han visto claro la importancia social que tiene el fútbol y obviamente de alguna manera han querido montarse en el bus de la victoria por una circunstancia u otra, en algunos casos tratando de ocultar información, pero el fútbol y la política están totalmente pegados porque el fútbol no es otra cosa que un espejo del país.
Le puede interesar: Colombia, entre las mejores del mundo: así quedó en el nuevo ranking FIFA
Para hablar de ese aspecto social, también es muy interesante que el fútbol colombiano tiene la impronta de haberse creado un par de meses después del “Bogotazo”, ¿no?
Eso no es ninguna casualidad. Era un país completamente descuadernado después de lo sucedido el 9 de abril de 1948, y eso fue una de las grandes motivaciones que tuvieron los dirigentes para decir: “Hay que mover un torneo de fútbol ya”. Y mire lo que pasó, fue un éxito total. Lo inauguraron, fue un torneo muy corto, pero lo inauguraron apenas tres meses después de la muerte de Gaitán. Es decir, eso no era gratuito. Mire, por ejemplo, en las elecciones de 1970, lo que ayudó en medio de la crisis de ese momento fue la Vuelta a Colombia en bicicleta y el Mundial de Fútbol en México 70, el primero que se transmitió en vivo por televisión en blanco y negro. Si usted va viendo los saltos, como en 1989, cuando clasificamos al Mundial de Italia 1990, después de tantos años, en medio de la ofensiva narcoterrorista de Pablo Escobar, se dio también en un contexto de crisis. Entonces, el fútbol colombiano siempre ha estado ligado a momentos sociales y políticos clave.
Hablemos de los orígenes del fútbol colombiano, de su paso al profesionalismo…
Como en la mayoría de los países de América, el profesionalismo no empezó con el fútbol. En Argentina, en Brasil, en todas partes hay una época que su historia la reconoce como la época del fútbol aficionado. El profesionalismo en Colombia empezó en el 48, cuando se inició el torneo de la Dimayor. Pero antes de eso hubo perfectamente un medio siglo de fútbol aficionado, y la gran figura en esa época fue Roberto “El Flaco” Meléndez, cuyo nombre lleva hoy el Estadio Metropolitano de Barranquilla. Entonces, esto muestra, primero, la importancia de Barranquilla. La primera asociación de fútbol nació el 12 de octubre en Barranquilla. Ahí fue donde empezaron a organizarse, donde surgieron las primeras grandes figuras, y la más importante de ellas fue “El Flaco” Meléndez. De hecho, fue el primer jugador que se exportó a un equipo de Cuba, pero eran equipos de fútbol aficionado en ese momento. Luego, en 1938, cuando intentaron formar un equipo, es por eso que trajeron a Fernando Paternoster, el primer técnico argentino, lo que marcó una tendencia muy importante. Entonces, simplemente es que hubo una época de fútbol aficionado que fue muy importante y extensa. Hubo una organización, pero al momento de saltar al profesionalismo, lo que queda claro, y que muchos autores no establecen en toda su dimensión, es la influencia del fútbol argentino en el nuestro. Realmente es muy evidente: no solo los primeros entrenadores fueron argentinos, sino que a lo largo de toda la historia del fútbol colombiano, hay muchos momentos en los cuales el fútbol argentino está presente. Pedernera nos llevó por primera vez a un Mundial en Chile en 1962, él era argentino. Bilardo llevó al Deportivo Cali por primera vez a una final de Copa Libertadores, luego fue director técnico de la Selección. La era Pékerman, y la actual era de Lorenzo, también. Y si vamos club por club, casi todos tienen un pedacito de historia argentina. Entonces, es clara la gran influencia del fútbol argentino en el fútbol colombiano, más allá de algunos matices uruguayos o brasileños, pero definitivamente nuestro norte en términos de formación y capacitación ha sido Argentina.
¿Qué es lo que tiene la identidad del fútbol argentino que desde un principio nos llamó la atención?
Primero, con Brasil siempre ha habido una cierta distancia, en parte por el idioma. De hecho, le cuento algo: si usted busca bibliografía sobre el fútbol brasileño escrita en español, no la encuentra. Sigue siendo un fútbol muy desconocido para Colombia, a pesar de estar en el siglo XXI. Eso nos llevó mucho hacia Argentina. Además, por las publicaciones de la época. La revista El Gráfico de Argentina, que tiene más de cien años, era una revista que, cuando yo era niño, en los años 60 y 70, circulaba como El Tiempo o El Espectador aquí. En aquella época había muchos impresos. Aquí alcanzó a circular revistas como Totoguía, Bea Deportes, Nuevo Estadio, pero El Gráfico tenía audiencia y suscripciones en Colombia. Tenía páginas dedicadas solamente al fútbol colombiano. Entonces, el fútbol argentino entró muy fuerte. Siempre fue muy cercano a nosotros, uno se enteraba más de las hazañas de River o Boca o Independiente, y muy poco de los otros países del continente. Así que hubo una visión mediática que vino del fútbol argentino.
Hablemos de esa selección de Marroquín de 1985
Hay un antes y un después que es muy claro reconocer, que es Lara Bonilla, porque él es el que llega y patea el tablero no solamente frente al fútbol, sino frente a todo. Porque nadie en este país, nadie es nadie, salvo las columnas de Guillermo Cano y unos quijotes solos que hablaban por ahí solos, nadie había entrado a frentear al narcotráfico como lo hizo Rodrigo Lara Bonilla en agosto de 1983. Él se posesiona como ministro y a la semana estaba encendido el Congreso. ¿Quién iba a imaginar que iba a enfrentar a Pablo Escobar, que se sentaba en las bancas del Congreso, y que empezó a decir por nombres propios? Es cuando el tipo dice: “Hay seis equipos de fútbol colombiano que están tomados por la mafia”, y los nombra: Millonarios, Santa Fe, América, y les dan los nombres propios y todo eso. Pues nadie se había atrevido a decir nada de eso, y en ese momento todo el mundo dijo: “Uy, no, pero qué locura lo que está diciendo este tipo”. Los clubes, como yo cuento en el libro, salieron diciendo que presenten las pruebas. Pero es lo que pasa siempre, una cosa es la política y otra cosa es la justicia. La justicia nunca hizo nada. Yo no tengo por qué decirlo, el libro lo explica solito. Todo el mundo sabía, Andrés, que los Rodríguez Orejuela, Miguel Rodríguez Orejuela, era el dueño de América, y América se ganaba el título en el 82, 83, 84, 85, y no pasaba nada, absolutamente nada. Pasaron los escándalos de Rodrigo Lara Bonilla y no pasó absolutamente nada.
Usted escribe en el libro que la selección de la década de 1990 “quedó en el alma colectiva porque devolvió las ganas de sentirse colombiano en medio de tanta temeridad de los violentos”…
Ese es un momento dolorosísimo, porque obviamente la guerra en Colombia, que siempre ha estado, pero siempre ha golpeado sobre todo la población civil rural, en esa época que me describe era agresión en las ciudades, era una violencia urbana, narcoterrorista urbana, entonces por primera vez los colombianos estaban viendo lo que era un carro bomba y que podía matar personas y todo lo que quiere decir un momento terrible para la sociedad colombiana. Piense usted, a Luis Carlos Galán lo matan el 18 agosto de 1989, era el virtual presidente de Colombia y dos días después empieza la eliminatoria para el Mundial de Italia 90 y tal cual como yo lo relato en el libro, así pasó, terminaron las exequias de Galán, que las transmitieron en televisión y en directo, y apenas terminó la transmisión de las exequias, empezó la transmisión del partido entre Colombia y Ecuador que ganó Colombia 2-0 con dos goles de Arnoldo Iguarán, marcador que había dado el mismo Galán y el estadio estaba lleno de pancartas alusivas a él. Toda esa eliminatoria es así, es un partido y pum, así pasó también con la bomba de El Espectador. Es otro partido y pum, eran bombas, bombas, asesinatos, hasta la clasificación a Italia 90. Y lo que nunca se le debe olvidar a la sociedad colombiana, y sobre todo a ustedes, los periodistas deportivos jóvenes, es que sí, efectivamente, todos gozamos como nunca ese gol extraordinario de Freddy Rincón en el empate contra Alemania 1-1 en Italia 90. Pero era un desahogo de un país que había visto cuatro candidatos asesinados. Es una campaña en la cual mataron a Jaime Pardo Leal, a Luis Carlos Galán, a Bernardo Jaramillo Ossa y a Carlos Pizarro León Gómez. Casi que por sustitución de materia nos tocó César Gaviria. Había sido la campaña más violenta en los 200 años de la historia de Colombia. ¿Cómo no íbamos a gritar ese gol de Fredy? Era un desahogo de un país entero que estaba agobiado por la violencia.
Parece que subestimamos el triunfo de la Copa América 2001, ¿o usted qué opina?
Yo le voy a contar que el país deportivo-futbolístico en ese momento estaba dividido, porque obviamente la eliminatoria la estaba jugando ‘Chiqui’ García, y ‘Chiqui’ era el técnico. En ese momento, Colombia todavía estaba clasificada, pero después de una inesperada derrota en Brasil, 1-0 en el último minuto, y de empatar con Venezuela, ya venía la época muy jodida. Entonces le quitan la selección, mal quitada hay que decirlo, a ‘Chiqui’ García, y aparece Maturana, quien acababa de salir mal de la selección de Perú. En ese momento, el manejo fue pésimo. Maturana es buena parte responsable de la eliminación para Corea-Japón 2002, pero le quedó la papaya de jugar la Copa América. Y la Copa América, pues obviamente en ese entorno de Colombia del 2001, que era gravísimo. Acuérdese que era la época de las pescas milagrosas, el sur del país en manos de las FARC, el norte en manos de los paramilitares, no se podía salir a las carreteras. Por eso Argentina decide no venir. En el previo, secuestraron a un dirigente de la Federación de Fútbol Colombiano. Brasil mandó un equipo como el tercer equipo, y Colombia tuvo un recorrido que no fue el más difícil. Finalmente enfrentó en la final a México y ganó. Pero yo le voy a decir esto: nosotros, la gente del fútbol y los colombianos, usted no se imagina la fiesta del día de la celebración del 2001.
¿Por qué cree que ese trabajo de mentalidad y de proceso se perdió en esa década del 2000 y por qué cree que Pékerman, precisamente siendo argentino, la empieza a recuperar? Es que yo creo un poco que el fútbol también recoge, digamos, nuestras divisiones. Entonces, ¿qué pasó en esa época?
A mi juicio, en un pensamiento muy particular, creo que Maturana y el ‘Bolillo’, a quienes les debemos una enorme gratitud, se quedaron demasiado tiempo. Piense que sus grandes triunfos habían sido la clasificación a Italia 90 y la clasificación al 94, pero estamos hablando del 2001 y todavía estaba Maturana al frente. Había un cansancio, un agotamiento. Ya se había demostrado con el tiempo que el país deportivamente, en torno a la selección, ya no despertaba una unidad total alrededor de la figura de Maturana. Ya Maturana solo contaba con el apoyo de la mitad de la gente. Yo entiendo que Francisco Maturana a veces se queja de la forma en que ha sido tratado, y creo que tiene toda la razón, porque Maturana es un hombre muy importante en el fútbol colombiano. Pero quizás se quedó demasiado tiempo, y eso precipitó que la selección no se preparara adecuadamente, y terminó improvisando. Eso hay que decirlo. Le terminaron dando la selección a Reinaldo Rueda inicialmente cuando no estaba totalmente preparado, y luego a Eduardo Lara. Entonces, hubo demasiadas improvisaciones en torno a la selección mayor. Pékerman fue un borrón y cuenta nueva. Pékerman es un gran formador del fútbol argentino. Tuvo las selecciones menores, tuvo la selección mayor; es un tipo que viene a enseñarnos, y efectivamente vino. Su proceso fue fundamental, como lo es el de Néstor Lorenzo ahora, porque entró con una voz nueva, una voz distinta, actualizando el fútbol y tratando de superar todas las rencillas internas que, como cualquier grupo humano, tiene una selección. Eso fue lo que pasó.
Usted pone como título del capítulo 57 “Mentalidad ganadora, mentalidad campeona”, y eso me parece clave. Quería preguntarle también por esa noción de una selección que ya está aprendiendo a ganar, y como ya está aprendiendo a ganar, ya puede empezar a tener una mentalidad campeona…
Fuimos subcampeones de la Copa América, pero ahora tenemos que clasificar al Mundial. Y el Mundial lo han ganado escasamente seis, siete u ocho equipos en el mundo durante 100 años, ya que eso no es tan fácil. Pero estamos en el proceso. Esa idea no me la puedo atribuir yo, esa es la visión de Lorenzo y la frase la dijo Ramón Jesurún. Él plantea esa situación, y lo que sí ratifico es que Colombia está en el camino. Por eso cierro el libro claramente, diciendo que esto no termina hasta que Colombia no sea campeón mundial. Estoy absolutamente seguro. Siempre se lo he dicho a mis estudiantes, siempre se lo he dicho a mis colegas como usted: Colombia tiene la capacidad de ser campeón mundial. No sé quién va a ser primero, si los hombres o las mujeres, pero Colombia va a ser campeón mundial. No sé en qué categoría tampoco, pero estamos cerca, porque ningún país de América Latina tiene la evolución que tiene el fútbol colombiano. El biotipo y la capacidad del jugador colombiano son de primer nivel. Vamos a llegar muy pronto a ser campeones mundiales, no sé en qué categoría, pero lo vamos a ser.
🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?: Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador