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Dos cartas sobre Pandora Papers y la dependencia tecnológica

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De dos sociedades que aparecen en Pandora Papers

Me refiero a su publicación del 4 de octubre, donde se menciona mi nombre y el de mi hermano en la divulgación de los llamados Pandora Papers.

Las dos sociedades registradas en las Islas Vírgenes Británicas se constituyeron en 2013 y 2016, y no hicieron ninguna transacción financiera ni operación alguna. Ambas fueron liquidadas en 2017.

La sociedad TQ Assets Panamá, de la cual somos directores, es una inversión registrada en el Banco de la República, al igual que las demás sociedades que Tecnoquímicas tiene en el exterior para llevar a cabo su expansión internacional. Todas ellas hacen parte de nuestro grupo empresarial, como consta en el Registro Mercantil. Estas inversiones, así como las que nosotros los accionistas tenemos en el exterior, cumplen con la normatividad legal y aparecen debidamente informadas en nuestras declaraciones de renta.

Espero así haber aclarado y precisado, de manera suficiente, la información que aparece en su diario.

Francisco José Barberi O. Cali.

Volver a la “normalidad”

El mundo nuevamente fue víctima del desplome de las redes sociales. Todo transcurría con “normalidad” esa mañana, hasta que a eso de las diez las principales redes sociales del mundo dejaron de funcionar. Imagino que la primera reacción de los usuarios fue intentar conectarse a otra red o reiniciar su dispositivo con la esperanza de que todo volviera a la costumbre, cosa que no ocurrió. Supongo que después aquellos que tienen una dependencia por estas plataformas entraron en una situación de extrema ansiedad, ingresando de manera sistemática e ininterrumpida a las aplicaciones, esperando el milagro. Por lo que pude ver, a eso de las dos de la tarde la mayoría de las personas habían levantado su mirada y comenzaban a conversar con las personas a su alrededor, como era normal hace 40 años; eso sí, el tema de conversación era la falla de las adictivas redes sociales, con intermitentes impulsos que hacían que las personas revisaran sus dispositivos móviles. En la universidad los muchachos empezaron a tomar apuntes, en los colegios los niños comenzaron a jugar en los recesos, la gente en los buses miraba por la ventana y los conductores se dieron cuenta de que su visión había disminuido desde que recibieron su carné de conducción. Mientras todo esto pasaba, un pequeño gran grupo de emprendedores digitales me tenían preocupado, porque el fallo de estas plataformas avecinaba para ellos un “viernes negro”; todos conocemos qué paso ese día. Para bien o para mal, a eso de las siete de la noche el tan anhelado milagro ocurrió, la gente volvió a agachar su cabeza, a ejercitar sus pulgares, las palabras se dejaron de escuchar y todo volvió a la “normalidad”.

Camilo Sánchez.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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