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Contrastan los relatos sobre cómo les fue a las ciudades más turísticas de Colombia en la pasada Semana Santa. A pesar de la crisis en el mercado aéreo y la ausencia de dos aerolíneas claves para el transporte de muchos pasajeros, Cartagena y Santa Marta superaron expectativas. Mientras tanto, San Andrés, por ser isla, sí tuvo un panorama desolador que hace urgentes las medidas de intervención anunciadas por el Gobierno Nacional. Para la apuesta de convertir a Colombia en una potencia mundial del turismo hay que comprender los factores más allá de la seguridad que han sido la obsesión de la administración de Gustavo Petro al respecto.
A Cartagena, por ejemplo, cerca de 44.400 personas llegaron a través de la terminal de transportes, muchas más de las 30.000 proyectadas. En total fueron casi 130.000 personas las que llegaron a la ciudad, manteniendo la ocupación hotelera por encima del 80 % y llevando a las autoridades locales a decretar un éxito en una semana clave para las finanzas de la zona, aunque por supuesto lejos de los picos históricos. Lo mismo ocurrió en Santa Marta. Pese a los temores, el promedio de ocupación hotelera estuvo por encima del 60 %, un 36 % debajo de 2022, con un pico del 85 %. Cifras, de nuevo, lejanas a lo ideal, pero que llevaron a la Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco) a hablar de buenos resultados. Esto gracias a 120.000 turistas que llegaron, muchos de ellos, en turismo regional que aprovecharon para hacerlo por vía terrestre. Datos que contrastan con San Andrés: la isla tuvo su peor Semana Santa en dos décadas, con una ocupación hotelera que no superó el 27 % y pérdidas de $60.000 millones.
Para mostrar la angustia está el relato que Julián García, empresario con más de 42 años en San Andrés, le dio a El Colombiano: “Esta temporada se divide en dos ciclos (uno entre Sábado y Miércoles Santos, y otro que finalizó el Domingo de Resurrección): en mis dos hoteles recibía a 400 turistas por ciclo, es decir, 800 personas, pero esta vez recibí en total solo 200. Con lo que facturé esos días no pago un cuarto de quincena de mis empleados, y tengo 300”. Como él son muchos los trabajadores, formales e informales, que entraron en crisis por culpa de la baja afluencia de turistas en una isla que ya viene bastante golpeada por las demoras en su reconstrucción desde el huracán Iota.
La lección fácil es que Colombia necesita un mercado aéreo robusto y funcionando adecuadamente. La ausencia de Viva y de Ultra, junto con los precios en aumento de los pasajes, se hicieron sentir. Sobre eso el Ministerio de Transporte ya ha anunciado decretos con alivios para reducir el costo de los combustibles y el IVA a los pasajes aéreos. También tiene que venir con un fortalecimiento de Satena, que puede convertirse en una alternativa para fomentar el turismo en todo el país.
Dicho eso, la otra lección es más profunda: lo que salvó a Cartagena y a Santa Marta fue el turismo local, regionalizado, que debe fomentarse y potenciarse. Lo mismo necesita ocurrir en otras regiones del país, como el Eje Cafetero. El Gobierno está concentrado en la “paz total” como potenciadora del turismo, una estrategia necesaria, pero que se queda corta ante las realidades del país. Necesitamos planes de fomento del turismo ya mismo, no solo con ayudas al sector, sino con campañas nacionales para redescubrir al país por dentro. No podemos aguantar hasta el fin de la guerra para potenciar tantas regiones que esperan turistas.
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