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Las ambiciones prioritarias del presidente Gustavo Petro pasan por Washington. Por eso su visita a Estados Unidos, que arrancará este domingo en Nueva York en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es una oportunidad para que el mandatario aclare de primera mano lo que ha sido una política diplomática ambivalente con el principal aliado de Colombia. Las coincidencias con el Gobierno de Joe Biden en temas ambientales, de seguridad, de cambio en el paradigma para luchar contra las drogas, de encontrar una salida negociada a la crisis de Venezuela y de mayor integración regional son útiles para fortalecer la colaboración y darles un empujón a los intereses de la administración Petro.
El lunes, el presidente Petro hablará en la apertura de la 22ª Sesión del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas y el martes estará en la Universidad de Stanford, en California, en un foro sobre medio ambiente y justicia social en América Latina. Finalmente, el jueves 20 de abril se reunirá con el presidente Joe Biden. Según el comunicado de la Casa Blanca, el objetivo será avanzar en “la promoción de la cooperación económica y en seguridad”. También discutirán “esfuerzos conjuntos para combatir el cambio climático, luchar contra el narcotráfico, enfrentar el reto de migración y promover los valores democráticos en la región y en el mundo”.
El Gobierno colombiano ha sido ambivalente con la diplomacia estadounidense. A pesar de que nuestro país ha recibido visitas de alto nivel, incluida la del secretario de Estado, Antony Blinken, el presidente Petro y el canciller Leyva parecen tener la mirada puesta en otras latitudes. Promover la integración regional de Latinoamérica no es una estrategia incorrecta, pero desaprovechar la mano abierta que está sobre la mesa por parte del principal aliado comercial y diplomático del país es un error. Especialmente porque, si se abraza una colaboración más fluida y entusiasta, el presidente Petro puede encontrar un gran aliado para sus objetivos.
Por ejemplo, la principal ambición del mandatario colombiano es servir como mediador para solucionar la crisis venezolana. Llega en una oportunidad histórica, pues Estados Unidos, motivado por su necesidad de petróleo y el cambio de gobierno, está más que abierto a fomentar los diálogos entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición. Una actuación coordinada entre la diplomacia colombiana y estadounidense puede, si se maneja bien, convertirse en un catalizador para el cambio de paradigma en el país vecino. Sería un triunfo para todos los involucrados y un respiro para el pueblo venezolano.
En el comunicado de la Casa Blanca se menciona explícitamente la cooperación en seguridad y la lucha contra el narcotráfico. Para el proyecto de “paz total”, tan golpeado en semanas recientes, es esencial contar con el apoyo que Estados Unidos ha venido anunciando. Lo mismo para cualquier proyecto de cambiar el enfoque en la guerra contra las drogas. Mantener relaciones estrechas con Estados Unidos es sensato, el presidente debe aprovechar esta oportunidad.
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