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En los últimos cuatro años, la conversación sobre el futuro del gas y la energía se ha dado en un terreno fangoso, volátil, complejo. Gobierno y gremios se han disputado la narrativa con visiones casi opuestas de qué necesita el país y cuándo y cómo llegar a ese punto.
La administración de Gustavo Petro decidió no firmar nuevos contratos de exploración y explotación de hidrocarburos y ha tomado medidas tributarias y regulatorias que afectan a un sector que —considera el presidente— debe dar un paso al costado para avanzar en la soñada y necesaria transición energética.
Los gremios del sector critican la “improvisación del Ejecutivo”, que impulsa un marchitamiento de la industria en un momento en el que Colombia y el mundo siguen demandando hidrocarburos. Desde el punto de vista de las empresas, no hay un plan para lograr una transición energética justa y responsable.
Más allá de los ataques y de las dos visiones de país, hay señales que preocupan: el tema es tan serio que ya se ha metido en su casa y en su bolsillo.
Hace un par de años el Ministerio de Minas y Energía defendía que no sería necesario importar gas; hoy ya está muy claro que sin este combustible del exterior no habría suficiente para atender la demanda. Ahora, Colombia se prepara para un fenómeno de El Niño que, según anticipan los análisis técnicos, llegará en septiembre con una probabilidad de 90 %.
El país estuvo al límite en el último Niño, que arrancó en noviembre de 2023. Y si bien no hubo ni un minuto de racionamiento, como lo celebró el Gobierno, los analistas aseguran que nos salvamos por poco. En esta ocasión, estamos en una situación más compleja: no sólo tenemos que preocuparnos porque todo funcione para garantizar el suministro de energía eléctrica, sino también para asegurar que haya suficiente gas.
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El Niño en tiempos de gas limitado
Colombia importa gas desde 2016 para respaldar las plantas térmicas, que generan energía con carbón y con este combustible. Pero desde diciembre de 2024 también se necesitan fuentes externas para abastecer la demanda de comercios, industrias y vehículos. Cerca del 21 % del gas que recorre las venas del sistema energético del país es importado (incluyendo la demanda térmica).
Importar gas no es como traer un carro o un celular: para que llegue el hidrocarburo desde la fuente, que puede ser Estados Unidos o Trinidad y Tobago, es necesario comprimirlo para que sea líquido (GNL) y transportarlo en buques especializados. Luego hay que regasificarlo para inyectarlo a la red nacional. En este momento sólo tenemos una infraestructura que permite realizar este último proceso: SPEC LNG, la regasificadora ubicada en Cartagena.
La opción que de entrada parecería más sencilla y barata es traer el gas de Venezuela, por el Gasoducto Binacional Antonio Ricaurte. Aunque el panorama para materializar esta posibilidad se ha despejado con el nuevo escenario político del vecino país, todavía hay niebla en ese camino. Persisten restricciones jurídicas y adecuaciones técnicas en la infraestructura que podrían tomar varios meses.
Por ahora, el camino más viable parece ser aumentar la capacidad de importar Gas Natural Licuado (GNL), habilitando más regasificadoras. Ya hay proyectos andando, como la regasificadora del Pacífico, que lidera Ecopetrol, pero otros no han visto la luz porque están a la espera de permisos por parte de entidades del Estado para tomar la decisión final de inversión.
¿Por qué se necesita más gas? Porque en épocas normales, más del 60 % de la energía que produce Colombia se genera con hidroeléctricas, pero cuando llueve menos y cae el nivel de los embalses, es necesario prender las plantas térmicas con gas y con carbón. XM, operador del sistema, ya advirtió que habrá una alta exigencia de las reservas de los embalses: “El sistema puede llegar a niveles de operación que no se han presentado antes y podrían poner en riesgo la atención segura de la demanda”.
La regasificadora de Cartagena tiene una capacidad de 475 millones de pies cúbicos. Actualmente, de ese total, se están usando 220 millones de pies cúbicos para atender la demanda de hogares, comercios, vehículos e industrias, según dijo a El Espectador Alejandro Castañeda, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg). Pero en un panorama en el que sea necesario usar plenamente las plantas para mantener al país encendido, solo se podrían vender unos 25. De ahí la urgencia de que entren pronto otros proyectos.
Ese es el problema central, pero no es el único. Castañeda explica que las empresas están “golpeadas financieramente”. En el anterior Niño, dice el líder gremial, la deuda de Air-e —comercializadora de energía que presta el servicio en Atlántico, La Guajira y Magdalena— era cero; hoy le debe COP 1,5 billones a las plantas térmicas. Los subsidios de energía de usuarios de estratos 1, 2 y 3, estaban al día, pero ahora el Gobierno debe unos COP 1,8 billones.
Para que los embalses estén en un nivel que permita sobrevivir al Niño sin apagones, desde ya se deben empezar a usar más las térmicas. Castañeda advierte que es vital que Air-e pague su deuda para que las empresas tengan caja y así comprar los insumos con los que se va a generar la energía. La compra de combustibles equivale mensualmente, según el gremio, a COP 1,5 billones para prender todas las térmicas a “full carga”. Ese es el mismo monto que le debe la comercializadora de energía a las plantas.
Edwin Palma, ministro de Minas y Energía, reconoció que el país debe prepararse para El Niño e invitó a exministros y expertos a construir una hoja de ruta para enfrentar este fenómeno sin racionamientos. “Solamente podemos pasar cualquier reto y cualquier dificultad si hay cooperación”, dijo el jefe de la cartera en el congreso de Naturgás, en Cartagena. Así mismo, defendió que el Gobierno está tomando medidas para garantizar la seguridad energética.
¿Y los temas estructurales?
Ahora bien, lo más urgente es prepararnos para El Niño, pero de fondo hay temas estructurales que necesitan solución.
Uno de los cuestionamientos más sonados en el congreso de Naturgás fue por qué Colombia está importando gas, que es más caro, en lugar de producirlo a nivel local. Las esperanzas han estado en Sirius, un proyecto costa afuera que incrementará en 200 % las reservas de gas del país. Esta será una pieza clave en el rompecabezas de los hidrocarburos en Colombia desde 2030, pero no puede ser la única.
“Sirius no es la única opción ni es suficiente para cubrir la demanda a largo plazo. Tres años después de su entrada volveríamos a tener déficit de gas firme local. Solo el gas importado podría cubrir esas necesidades”, dijo a El Espectador Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgás.
Lea la entrevista: “Sirius no es suficiente para cubrir la demanda de gas a largo plazo”: Naturgás
Los privados insisten en que hay que retomar la exploración y explotación y hacer “fracking” para recuperar la autosuficiencia. Este fue uno de los temas centrales en el debate presidencial al que asistieron Claudia López, Sergio Fajardo, Paloma Valencia y Roy Barreras —ni Iván Cepeda ni Abelardo De la Espriella, quienes puntean en las encuestas, aceptaron la invitación de Caracol Televisión. Valencia sostuvo que no haría pilotos, sino que aplicaría la técnica desde el minuto 0, una postura que cuestionaron Fajardo y López. El camino lo trazará el próximo Gobierno.
El ministro Palma defiende que la decisión de no conceder nuevos contratos de exploración y explotación ni de usar fracking tiene “legitimidad democrática”, porque fue una promesa de campaña y, por lo tanto, se mantendrá hasta el 7 de agosto. También argumentó que hay áreas asignadas que no se han desarrollado.
Para el funcionario, la estrechez en el mercado es responsabilidad de decisiones pasadas, pues aunque se invirtieron “millones de dólares en exploración, no se encontró ni petróleo ni gas y no se tomaron las decisiones regulatorias para ampliar oferta de gas importado”. Contactamos al ministro Palma para una entrevista, pero al cierre de esta edición no hubo respuesta.
Aunque todavía no sabemos la magnitud del fenómeno de El Niño, el país debe prepararse para el peor escenario. Mientras en los paneles de Naturgás se habló del futuro energético, de las medidas para evitar llegar a un punto crítico, en los almuerzos y pasillos los exministros, empresarios y analistas, como contó Palma en su intervención, revivieron anécdotas del racionamiento de 1992. La expectativa es que el apagón, por el bien del país, siga siendo un fantasma del pasado.
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