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Pocos signos de puntuación son tan incomprendidos como el punto y coma (los excelentes memes que al respecto circulan en redes sociales así me lo confirman). Sin embargo, una vez que se aprende a usarlo, resulta sumamente útil.
Una de sus principales funciones (también una de las más conocidas) es separar incisos o elementos en listas o enumeraciones extensas o complejas. Por ejemplo: «Iván Duque, presidente de la República; Marta Lucía Ramírez, vicepresidenta; José Manuel Restrepo, ministro de Hacienda, y María Victoria Angulo, ministra de Educación». Vale la pena resaltar, como indica el Diccionario panhispánico de dudas, que el último elemento del conjunto, si va introducido por una «y», puede ir precedido por un punto y coma o sencillamente por una coma.
La otra función que me gustaría destacar es la de estar a medio camino entre la coma y el punto seguido; es decir, conviene usarlo cuando queremos marcar una pausa más larga que la que ofrece una coma, pero más corta que la que nos da el punto (como lo hice en esta oración). Eso sí: el sentido de los enunciados debe estar estrechamente relacionado para que el punto y coma sea adecuado.
Se acaba el espacio de esta columna, pero no quisiera desaprovechar la oportunidad para recordar una recomendación, a propósito del inicio de la temporada de mensajes por el Día del Padre: «pa», acortamiento de «papá», se escribe sin tilde y sin apóstrofo. «Feliz día, pa» (no olviden tampoco la coma del vocativo).