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Durante su carrera, los deportistas de alto rendimiento le dan a Bogotá victorias, medallas y trofeos en eventos nacionales. Muchos de ellos incluso representan con éxito al país y brillan internacionalmente.
Pero de un tiempo para acá también se están involucrando en la dirigencia y se capacitan para integrarse de manera activa al mercado laboral después de dejar el alto rendimiento o retirarse de la actividad física que practicaron por muchos años.
Aura Escamilla y Javier Suárez son hoy los subdirectores del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) y lideran un par de proyectos con los que pretenden brindarles mayores opciones de vida a los atletas y que la ciudad aproveche mejor el enorme potencial que tienen, además para que de alguna manera siga rentabilizando la inversión que ha hecho en ellos.
“Comenzamos por socializar entre nuestros deportistas la existencia de espacios para capacitarse y crecer académicamente, porque muchos no lo saben. Y a partir de ahí que entiendan la dinámica del deporte más allá de los estadios, las pistas y los coliseos. Que detrás de lo deportivo hay una gestión gerencial, administrativa, financiera y de planeación en muchos otros aspectos, que funcionamos bajo un régimen tributario especial y tenemos una forma de gestión diferente, de cara a la Ley del Deporte”, explica Aura Escamilla, excampeona nacional, suramericana y panamericana de canotaje, profesional en cultura física y recreación, quien inicialmente aspiraba a ser entrenadora, pero cambió de rumbo cuando, por falta de gestión de la dirigencia de la época, no pudo asistir a una competencia clasificatoria a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, para los que llevaba mucho tiempo preparándose.
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“Ese fue el detonante. Entendí que por más que usted y su entrenador trabajen a más del ciento por ciento, a veces hay decisiones gerenciales y administrativas que los limitan, por lo que decidí capacitarme y emprender el camino de la dirigencia”.
Y, desde otra posición, ha entendido la importancia de gestionar no solamente el alto rendimiento, sino todos los aspectos que tienen que ver con el deporte, la recreación y la actividad física para 10 millones de personas.
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“Claro, uno como atleta es muy crítico y acá se da cuenta de que en la administración pública para la toma de decisiones hay una serie de lineamientos que no son tan dinámicos como en el sector privado, que no tienen la flexibilidad que uno quisiera, que a veces, por ejemplo, por factores logísticos, no llega una implementación o se retrasa un proceso, pero también que en muchas ocasiones los tropiezos y la falta de acción se dan por pura falta de voluntad”, agrega Aura, para quien es un valor agregado que quienes manejan el deporte tengan la sensibilidad de los atletas, que conozcan el gremio. Eso sí, insiste en la necesidad de formarse, de aprender y de no acaparar el sector, pues “no nos las sabemos todas, por lo que hay que tener equipos holísticos, que se complementen, que sepan de varios temas, con aportes multidisciplinarios de gente proveniente de otros lados”.
Por eso ha integrado un grupo de más de 50 deportistas y exdeportistas, entre ellos Lina Arango (actividades subacuáticas), Jaime Monroy (bolos), Moisés Molinares (taekwondo) Yisel Carabalí (atletismo), Leidy Cifuentes (lucha), John Jairo Futtinico (judo), Diana García (ciclismo) y Diana Muñoz (karate), quienes se preparan en diferentes áreas.
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Unos para ser entrenadores y otros para ser dirigentes, fisioterapeutas, médicos, ingenieros, diseñadores, metodólogos, profesionales que le aporten a la ciudad desde diferentes lugares, no solo en el IDRD.
“Antes había becas, apoyos económicos, pero no un acompañamiento en esa formación. Los sacrificios de los atletas eran demasiado grandes y sus logros académicos resultados exclusivos de su autogestión, porque debían alternar entrenamientos con clases y sacrificar su tiempo de descanso y recuperación, pues las universidades no tienen horarios flexibles que les ayuden. Ahora queremos construir para el futuro y brindarles mayores herramientas, por lo que estamos implementando el respaldo jurídico para garantizar una buena transición hacia el retiro en el aspecto social, psicológico, nutricional, del desentrenamiento y, lógicamente, su llegada a una nueva vida laboral”, agrega Aura Escamilla, cuyo objetivo es que ese modelo se replique en todo el país, porque cree que puede aportar mucho a la política pública del deporte.
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El otro proyecto, que lidera su compañero y amigo, el esgrimista Javier Suárez, también subdirector del IDRD y quien de hecho ya dirigió los destinos de esa entidad hace algunos años, tiene que ver con el diagnóstico del sector. Desde hace año y medio trabaja con la iniciativa de la Economía del Deporte en Bogotá.
“Hemos avanzado en un convenio con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), para tener la primera cuenta en Latinoamérica que se encargue de las cifras del sector deporte, del peso que tiene en el PIB de la ciudad. Ese es un trabajo largo, porque arrancamos de ceros, de eso no hay nada, pero ya en octubre debemos tener resultados. Con recursos de Bogotá y en asocio con la Cámara de Comercio, pretendemos identificar claramente los actores del deporte, las empresas constituidas, pero también la informalidad, que es la mayoría. Saber, por ejemplo, en qué barrio hay una escuelita deportiva con 20 niños y que un entrenador vive de eso, pero también el aporte gigante que la industria del deporte en general hace para la economía”, cuenta Javier.
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Y con respecto al programa de formación de deportistas, advierte que “el impacto que puede tener es muy grande, porque además de los valores tradicionales que se les reconocen a los atletas, como perseverancia, disciplina, trabajo en equipo, manejo de la presión y necesidad de resultados, se suman características particulares, como que son competitivos, estratégicos y han viajado mucho, tienen conocimientos de otras culturas y experiencias internacionales que los hacen más integrales y se pueden aprovechar en muchas áreas”.
Los tiempos en los que nuestros dirigentes eran los papás de los deportistas y a punta de ganas y buena voluntad trataban de gestionar han pasado, así como el cuarto de hora de quienes buscan el beneficio personal y no el de una disciplina y sus practicantes. Las figuras que durante años le han dado medallas y trofeos a la ciudad, esos que verdaderamente aman el deporte, quieren cambiarlo y estructurarlo como debe ser. Ese será su aporte extra a la sociedad.
