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París. A unos 45 minutos de la Torre Eiffel hay una moderna edificación que alberga a una buena porción de altos ejecutivos quienes hace unos cuantos quinquenios -cuatro para ser exactos-, recibieron una indicación de esas que resultan paradójicas: debían hacer crecer su negocio, con foco en tecnología y energía, pero buscando que la gente, como usted y como yo, consumiera menos. Aunque la mayoría del resto de los negocios resulten consumiendo más.
Sí, es extraño. En el negocio de los dispositivos electrónicos, por ejemplo, las empresas viven haciendo lanzamientos. mínimo, cada año buscando vender más y más unidades, como por ejemplo teléfonos inteligentes o computadores. Lo vemos en Apple, en Samsung, LG, Motorola, Huawei, etc. En Lenovo, Hp, Asus. Y con una tendencia al alza, pues con la llegada de la pandemia, muchos simplemente abandonamos las oficinas tradicionales y ahora nos vamos moviendo de lugar en lugar con un computador debajo del brazo. Por ahí trabajamos y estudiamos.
Entonces, ¿de qué se trata? De que los usuarios consuman de manera inteligente la energía que se genera. La razón: el 40 % de la que se produce en todo el mundo se desperdicia. Así que empezaron a desarrollar la forma en la que en los cinco continentes se use lo que se produce y, además, se tenga conciencia de ello. ¿Cómo? Sí, una vez más, con tecnología como base y aprendiendo a leer la información que hoy sí se tiene, masivamente, y de acceso para quien la busque. Algo que hace 20 años no era posible.
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“Hay incremento de la demanda de energía y, en el futuro, más aún. Debido al cambio climático debemos salir de las energías fósiles y el camino es electrificar. Tenemos 2 millones de personas en el llamado tercer mundo, sin energía eléctrica. Por el otro lado está la presión de la generación de esa energía, entonces se ejerce presión sobre los recursos del planeta como el litio y el cobre. Nosotros queremos ayudar a resolver esos problemas incrementando la optimización de la energía a través del uso eficiente, ayudar a los clientes en ello”, cuenta Alejandro Solís, de la multinacional Schneider Electric, en Francia.
¿Qué tan grande es esta compañía como para montarse en esa tarea y, más que una meta de negocio, impactar el ambiente en medio de la peor crisis climática que vivimos como humanidad? Aquí van algunos números: con 128.000 empleados en más de 100 países generaron 34.000 millones de euros en beneficios. Como mercado están en Data centers con un 16 %, edificios con un 37 %, industrias con 34 % y un 13 % en infraestructura (distribución eléctrica).
Y para entenderlo, más cerca a usted y a mí, quiere decir que están presentes en esos grandes centros de procesamiento de información en la nube, en muchos de los equipos que se instalan en los edificios para que consuman menos energía, en las plantas de producción más grandes del mundo en donde se fabrican muchos de los productos que se consumen masivamente y en la infraestructura que usa la sociedad para seguir funcionando a diario. Hacen hardware y software. Analizan datos y hacen consultoría con ellos. Muchos de los ‘tomacorriente’ que se usan para prender la luz de su habitación o los tacos de la casa.

“La transición energética no es solo un asunto de tecnología sino de las personas. Debe ser un compromiso de todos. Hay millones de personas que no acceden a la energía, no solo en América Latina sino en Asia y en África. Nosotros trabajamos en soluciones pensando, por ejemplo, en temas de agua o agricultura. Hacemos consultoría para que empresas de todos los sectores hagan esta transición energética. Hay casos como el de PepsiCo, Walmart o las 15 principales farmacéuticas del mundo para descarbonizar a toda su cadena de producción en todo el mundo. Nunca nada es perfecto, pero el reto es que las personas de negocios sean coherentes entre lo que dicen y lo que hacen en materia de sostenibilidad”, cuenta Gilles Vermot Desroches, líder global de Ciudadanía Corporativa y Asuntos Institucionales, sentado en una de las salas de juntas de este edificio que, por obvias razones, consume de manera inteligente toda la energía que recibe.
La multinacional trabaja sobre un modelo que han llamado EcoStruxure: “Es una arquitectura que se divide en tres niveles: el hardware como los interruptores o computadoras que automatizan líneas de energía, el software de cómo usar esa energía y la tercera es tomar todos los datos captados en los otros dos procesos para poder hacer analítica y ofrecer servicios de valor agregado y así ser más eficientes en el uso de la energía”, apunta Solís.
Miremos ejemplos para hacerse a una idea de cómo es que gestionan todo esto: hacen los tacos de la luz que ahora son inteligentes, miden la corriente que los atraviesa y llegan a dar información a un software que ofrece esa data para tomar decisiones inteligentes.
Está el variador de energía que se usa en donde hay plantas de agua. Andan sobre software libre para que cualquier marca se pueda conectar a este tipo de innovación. Esto que se conoce como protocolos de comunicación abierta.
En Francia, por ejemplo, tienen estaciones de carga para vehículos eléctricos. Pueden perfilar a cada consumidor. Cargar más rápido el carro de una persona que lo usa para su trabajo. O más eficiente para el estudiante que va en una patineta a la universidad. Dicen que a 2030 tienen el compromiso de tener toda la flota de transporte de uso corporativo de tipo eléctrica.

Ser, para el mismo año, carbono cero y a 2040 carbono neutro en toda su cadena que incluye los proveedores. Eso quiere decir que todos los que les venden insumos, por ejemplo, también están haciendo su propia transformación energética. ¿Y cómo se sabe si esto es cierto? Porque lo miden con toda la tecnología que han desarrollado y que es auditada por terceros.
¿Cómo se ve eso en la industria? Han creado, con la ayuda de aplicaciones de realidad virtual, soluciones para que un ingeniero de una planta de producción repare un daño sin necesidad de atravesar un contiente en avión. Ahí, por ejemplo, reducen la huella de carbono. Y también la seguridad del empleado, pues no asume riesgos directos a la hora de “meterle” la mano a una máquina. Esto también se usa para capacitaciones riesgosas. Es lo que llaman digitalización del mundo real. Con esto operan sus propias plantas de producción, así le cuentan y prueban a sus clientes que sí funciona. De esta forma están logrando que toda la cadena reduzca entre un 30 y 60% el consumo de energía. Y eso es bastante si se trata de una fábrica que nunca apaga motores.
Con tableros de control saben si hay un mal gasto de energía. Si hay una fuga, que llaman, y eso dispara el monto del pago de este servicio. Toda la información queda en la nube y cualquier usuario habilitado con acceso a ella. Valioso si se tiene en cuenta que los ‘data center’ son responsables del 5% de la energía mundial. Eso lo disparó la pandemia.
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¿Y cómo se ve en una casa? Ellos logran saber a qué hora se consume más energía, en qué cuarto del apartamento, qué electrodoméstico. “Entonces si usted tiene esa información, podría controlar eficientemente el consumo”, detalla Bernardino Gomes, quien explica cómo funciona la “casa inteligente”, un modelo de vivienda simulado que tienen en este lugar parisino. Y así logran conectar, en una sola matriz de información, la calefacción, las cortinas, los ‘tomacorriente’, el llamado hogar inteligente.
Tienen un caso de éxito también para mostrar: desarrollaron una lámpara que captura la energía vía panel solar. Una vez está completamente cargada, ofrece entre 8 a 48 horas de energía. Depende del uso. Con ella le están entregando luz a familias de África que no tienen acceso. Y resulta que con tan solo una lámpara, de acuerdo con las personas que ahora las usan, han logrado no solo tener energía en la noche sino reducir el ataque de animales que acostumbraban a valerse de la oscuridad para entrar a estas pequeñas aldeas.
Parece lejano este asunto, pero, al final, se trata como todo lo que tiene base tecnológica, de cómo usar todas las herramientas disponibles para hacer más eficiente la vida de quienes usamos, por ejemplo, el computador desde el que está leyendo este artículo, o el teléfono en el que lo está consumiendo.
*Artículo posible gracias a invitación de Schneider Electric.
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