Pasado, actualidad y futuro de Barranquilla en un ramillete de crónicas

El cronista barranquillero Sigifredo Eusse Marino acaba de lanzar su libro El Caribe somos, de río y mar, un flujo de relatos sobre su ciudad y la región que le sigue las huellas al caimán, con sus canciones y leyendas, hasta llegar a la Ventana al Mundo, una torre futurista o “postmoderna” inaugurada hace dos días en la Vía 40, la arteria del carnaval currambero.

16 de agosto de 2018 – 01:05 p. m.
Muelle de Puerto Colombia, memoria en ruinas de Colombia, por donde entraron, hace 125 años, la modernidad al país y las oleadas de inmigrantes que dieron gran parte de su multi-cruzada identidad a Barranquilla. / Jairo Buitrago
Muelle de Puerto Colombia, memoria en ruinas de Colombia, por donde entraron, hace 125 años, la modernidad al país y las oleadas de inmigrantes que dieron gran parte de su multi-cruzada identidad a Barranquilla. / Jairo Buitrago

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El cronista barranquillero Sigifredo Eusse Marino acaba de lanzar su libro El Caribe somos, de río y mar, un flujo de relatos sobre su ciudad y la región que le sigue las huellas al caimán, con sus canciones y leyendas, hasta llegar a la Ventana al Mundo, una torre futurista o “postmoderna” inaugurada hace dos días en la Vía 40, la arteria del carnaval currambero.

Eusse Marino aprovechó la energía generada por los recientes Juegos Centroamericanos y del Caribe para reflexionar y pasar revista al devenir de nuestra ciudad y región a lo largo de los últimos 72 años, desde los V Juegos de 1946 hasta el momento actual.  

Hay una sutil conexión, como de guante volteado, entre la novela futurista de José Antonio Osorio Lizarazo, Barranquilla 2132, escrita cuando el novelista bogotano vivía en 1932 en la capital del Atlántico, y las crónicas de este periodista, ganador en dos ocasiones del premio Simón Bolívar.

En la portada aparece el célebre Muelle de Puerto Colombia, memoria en ruinas de este lugar por donde entraron, hace 125 años, la modernidad al país y las oleadas de inmigrantes que dieron gran parte de su multi-cruzada identidad a Barranquilla.

Sus crónicas ensanchan la profundidad temporal de “la arenosa”. En ellas aflora una deliciosa y productiva nostalgia por una ciudad con muchos edificios art déco, poblada por gente amable, erudita, tranquila, por hombres y mujeres no solo de nuestros pagos sino del exterior, que le dieron a la urbe “una cara de película y un cierto carácter cosmopolita”.  

Logra fijar momentos que retratan a una Barranquilla movediza, en una diletante búsqueda de su exacto lugar, mirándose tal vez entre La Habana y Miami, pero asumiéndonos aquí, a todos, como un producto “del enmarañado mestizaje de la trietnia”, captando la quintaesencia del ethos caribeño, nuestro modo de ser.  

Todos los grandes personajes caribeños nuestros, desde Totó la Momposina y Petrona Martínez hasta el empresario Antonio Celia, pasando por Gabriel García Márquez, Heriberto Fiorillo, Estercita Forero, Alfonso Fuenmayor, el profesor Alberto Assa, el Caimán Sánchez y las escritoras Margarita Galindo y Adriana Rosas, figuran en esta enciclopedia de bolsillo de la “caribeñidad”.

“Estas crónicas son personales miradas a vivencias y momentos, lugares y personajes, una suerte de ejercicio moroso y más o menos gozón, para, en la cómplice compañía de sus posibles lectores, descifrar a nuestra ciudad y su horizonte… Y de paso, ofrecerlo como testimonio hospitalario, fraterno, hacia los pueblos hermanos que nos visitaron en la feliz ocasión de los Juegos Barranquilla 2018”, declaró el autor.  

“No encontrarán aquí –añade– eso que llaman nostalgia sólo por la nostalgia. Creo que la nostalgia vale lo suyo más bien como guardiana de la común “memoria positiva”; en este caso, revisitar algunas de esas pequeñas historias urbanas para, a lo mejor, aplicar sus corolarios a una visión compartida de actualidad y futuro”

Publicado por Collage editores, el libro hace un recorrido “de ida y vuelta” por las décadas transcurridas desde los años 40 hasta hoy, en cuanto al devenir de Barranquilla desde perspectivas como el poder transformador, para las fisonomías urbanas, de grandes eventos continentales como los Juegos 2018; la relación entre el deporte, la cultura y los imaginarios populares; la urbe y su ancho horizonte de frente al resto del Gran Caribe; así como también curiosas pinceladas cotidianas de nuestra identidad Caribe, con sus patrimonios de barriada y personajes memorables…  

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