
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Beatriz Serna, hincha de Millonarios y también integrante del colectivo Somos Nosotras, iba por tierra rumbo a Paraguay para acompañar al equipo. En esos días, de intensas travesías, dice que murió varias veces y que llegó a pensar que su libertad no dependía de ella; así al menos lo escribió.
Por las carreteras de Latinoamérica suele verse a los y las barristas subidas en tractomulas, no siempre logran irse en bus. Algunas veces van en la cabina, otras veces colgados exponiendo su vida. En una de esas ocasiones, a Serna el conductor de una mula le preguntó cómo pensaba pagarle el favor de transportarla, a lo que no respondió nada. El hombre insistió y ella tuvo que sacar una navaja y decirle que prefería caminar antes que ceder a sus insinuaciones y acoso.
Otro conductor fue mucho más violento y llegó a tocarla sin su consentimiento. También tuvo que amenazarlo y bajarse antes de que algo peor ocurriera. A eso se refiere ella con sus muertes, a su vulnerabilidad. Y esa fue una más. Sin embargo, la peor ocurrió en Asunción, cuando se quedaron en una casa prestada y un hombre, en medio de la noche y del sueño de Serna, accedió a ella sin su consentimiento. Ella se despertó con incomodidad y también con rabia. Golpeó a su violador a punta de patadas, pero nadie hizo nada para respaldarla.
“Con mi amiga recogimos las cobijas y los trozos de dignidad que me quedaban; caminamos un poco, sin rumbo al inicio, pero luego notamos que allí también salía la gente desde las cuatro de la mañana a trabajar. Entonces esperamos en el paradero un bus que nos llevara a Asunción. Llegamos pasadas las cuatro, y en el primer parque que vimos, nos tumbamos a dormir. ¡A morir, una vez más!”, escribió Beatriz Serna en su texto titulado “Las muchas muertes”.
***
Sarad Palencia, hincha de Nacional e integrante del Comité Femenino Nación Verdolaga, lleva “23 años de aliento, aguante y, sobre todo, sobrevivencia en todo el sentido de la palabra: sobrevivir y existir”. Sobrevivió a un cáncer en 2016, pero lo más difícil lo vive desde el 6 de septiembre de 2024. Sufre de amnesia disociativa y su vida solo la recuerda hasta 2005, de ahí en adelante su vida se la cuentan los demás. A veces se levanta y no recuerda que es mamá. Su identidad la salvaguardan sus convicciones, esas que resisten cualquier olvido, y también un grupo de mujeres que la han apoyado y que le “enseñaron quién era Sarad”.
“Tanto es el cambio en mi vida que hoy trabajo en algo que en mi juventud me hubiera parecido un sueño: Goles en Paz, un programa distrital del gobierno para la mitigación de conflictos en las barras. ¿Pueden creerlo? Hoy, líderes de las barras más violentas trabajan en conjunto por un cambio real. Y más increíble aún: yo hago parte del enfoque de género. Hoy las mujeres luchamos por nuestra equidad en los entornos futboleros, aunque aún tenemos tabúes frente a los roles que como madres, emprendedoras, luchadoras, esposas, compañeras y lideresas, desarrollamos en diferentes espacios y también dentro de una organización futbolera”, escribió en su texto titulado “Del inicio al presente”.
***
Textos y testimonios como estos son recopilados en “Gambeta femenina: mujeres que cambian el juego”, un libro, publicado por la Red de Escritoras de Caldas, en el que varias hinchas del fútbol colombiano cuentan sus testimonios como barristas.
Como lo dijo Jhoana Patiño López, coordinadora de la Red de Escritoras de Caldas en el prólogo, este libro “es una invitación a entrar a la cancha simbólica donde las mujeres siempre han estado, incluso cuando se les negó el derecho a disfrutar de sus equipos. Allí se despliega una alineación de jugadoras, una metáfora hermosa y contundente que reescribe el barrismo desde la sororidad, la estrategia colectiva y la convicción de que la pasión, en este caso por el fútbol, no tiene género. A través de esta apertura entendemos que el fútbol también puede ser narrado desde la ternura, la fuerza y el pensamiento crítico de las mujeres que lo han sostenido, desde las gradas y con sus vidas”.
María José García Manrique, María José Pineda, Beatriz Serna, Sarad Palencia, María Fernanda Coral Benavides, Sara Parra Cadavid, Angie Daniela Valencia Correa, Paola Rivera, Valentina Pazmiño Arias, Sandra Milena Rueda Navarro, Adriana Gómez, Pamela Amor, Erika Alexandra García Soler y Juliana Toro Arias son las autoras de los textos que, en este caso, abren caminos para visibilizar lo que viven las mujeres en las tribunas y en las dinámicas del barrismo. Cada una de ellas, hincha de distintos equipos, refuerza con sus relatos el compromiso que tienen con el fútbol, pero también con ellas mismas y con sus compañeras, con el feminismo y la reivindicación de su libertad, de su derecho a alentar y de hacerlo además con la garantía de estar presentes en tribunas y entornos seguros para ellas.
Juliana Toro Arias, integrante de Fortineras, activista feminista, docente e investigadora Ph.D, y también autora y gestora de este libro, dijo en entrevista para El Espectador que “algunas compañeras nos dijeron que escribir les sirvió como una terapia de desahogo para poder exteriorizar algunas cosas, pero fue un proceso libre. Son testimonios muy sentidos, en los que se aprecia mucha violencia de género desde lo estructural hasta lo formal, pero también es una forma de visibilizar, y quienes lo expusieron de manera explícita o más tácita lo hicieron con esa intención de que haya un reconocimiento y se nombren las violencias que se generan dentro de las barras”.
Si bien hay avances en el fútbol femenino y los caminos se han abierto, en parte también por la masividad de este deporte y lo mediático que puede llegar a ser, resulta paradójico que poco se haya explorado o visibilizado en ese otro mundo del universo fútbol, que es el rol de las mujeres en las hinchadas, específicamente en el barrismo.
En ese sentido, María José García, trabajadora social y líder de Fortineras, parche pionero del feminismo en las tribunas creado en 2005, afirmó para este diario que: “Si hablamos de mujeres en el fútbol hay poca información, y si lo hablamos en el barrismo esta es aún más escasa. Sin embargo, en los últimos años han ido surgiendo espacios muy importantes como la Coordinadora Futbolera y Feminista de Colombia, o la Red de Mujeres Barristas, y allí encontramos mujeres de distintas ciudades que también son árbitras, periodistas deportivas, entre otras. Proponemos actividades como agendas de visibilización y también sirve como un medio de difusión de actividades de cada colectiva. También hay muchos procesos independientes en ciudades como Bogotá, Cali o Medellín alrededor del fútbol femenino. En nuestro caso, desde Manizales, que es una ciudad más pequeña y conservadora, nosotras hemos apostado por llevar el barrismo también a otros espacios de mujeres; no solo a la tribuna, sino también implantarlo como una forma de vida. Este libro nace un poco desde ahí, mostrando que las mujeres siempre hemos estado en el barrismo, pero también que muchas no han podido quedarse por las mismas violencias que se viven al interior de este estilo de vida. No es que queramos ser un ejemplo, pero sí sentar un precedente de que hemos estado, que resistimos y que cuando nos juntamos somos muy poderosas, diría que casi que imparables”.
Por ese mismo llamado de hace unos años, el de consolidar una Liga Femenina digna, empezaron a surgir y crecer más “parches” o colectivos feministas en las tribunas que alentaban a sus equipos. También, a su vez, empezaban a introducir en este campo discusiones y perspectivas de género necesarias en un mundo tan marcado por las lógicas patriarcales.
“El barrismo no es un espacio fácil. Si no hay una convicción es muy difícil sostenerse. Cada barra tiene sus dinámicas, pero en nuestro caso ha sido un proceso de más de 20 años construyendo espacios poco a poco en el Holocausto Norte (barra de Once Caldas), que si bien no ha sido fácil, se nos ha permitido. No todas las mujeres viven el barrismo igual, algunas están en parches femeninos, otras están en parches mixtos, otras han intentado crear parches en algunas barras del país pero no se les ha permitido. Entonces lo que ven más fácil es crear un colectivo que se hace en una tribuna familiar. Nosotras desde un principio quisimos trabajar al interior de una barra, y por más difícil que haya sido, nunca hemos querido salir de ahí e intentar (por fuera). Ahí está nuestra responsabilidad, seguir abriendo camino para que cada vez sea más posible estar en una tribuna de forma segura y digna”, dijo García.
La Coordinadora Futbolera y Feminista de Colombia, la Red de Mujeres Barristas, el Comité Femenino de la Nación Verdolaga, el Comité Femenino Attake Massivo Pasto, la Tribuna Feminista DIM, el colectivo “Viva la Mujer que Alienta, Viva la Mujer Pereirana”, el colectivo Cuyabras y Futboleras, de la barra Artillería Verde Sur, y el colectivo La Popular Feminista CISF son algunos ejemplos de ese camino abierto por las mujeres en el barrismo social, que, aunque con retos y dificultades, están logrando que haya mayor pedagogía entre los bombos y las gradas, y que también se construya mayor conciencia para entablar vínculos y lugares seguros para todos y todas.Sin embargo, además del trabajo de ellas en las tribunas, también piden, entre otras cosas, que haya una perspectiva de género en el Plan Decenal del Deporte y en las políticas públicas relacionadas con este punto.
Libros como “Gambeta femenina” terminan dando a conocer esas historias anónimas de tantas y tantas mujeres que vemos en los estadios y de quienes ignoramos que su presencia allí, muchas veces, trae consigo pasados —y algunos presentes— complejos. Quizá, en ese sentido, una de las mejores muestras de esta realidad la expuso Sara Parra, hincha de Medellín e integrante de Tribuna Feminista DIM con su texto “El trapo de todas”: “Tomé mis pañuelos llenos de dolor, lágrimas y sangre, y también los de mis amigas; en cada uno había una historia sobre cómo todas hemos sufrido la pérdida de un ser querido por causa de la violencia entre los hombres y de la violencia de ellos hacia nosotras. Nuestros pañuelos hablaban de cuando a Milena la drogaron para violarla en un bus, o sobre cómo a Sandra la emborracharon sus ‘amigos’ para abusar de ella varias veces y luego fotografiarla y etiquetarla como fácil o como perra. Estos trapos cargaban nuestro dolor ante las muchas maneras en las que fuimos desconocidas, hostigadas y violentadas, narraban el miedo y rabia de Cristina cuando presenció el secuestro y la tortura de varios barristas de otra ciudad; el dolor de Paola cuando un líder de su barra le dio una bebida con pastillas abortivas para que ‘ella’ no ‘destruyera su hogar’”.

🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes? Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador
Manténgase al tanto de toda la información deportiva con la SEDE. Estamos en 📷 Instagram 📹 Tik Tok y 📱Facebook