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Tras la compleja controversia ambiental que suscitó el proyecto de Ocesa Colombia, con el desarrollo de un escenario multipropósito en un lote ubicado en la calle 26 con carrera 60, llega la gran prueba de fuego para la empresa de espectáculos: una serie de conciertos de talla mundial, con artistas como Green Day, Linkin Park, Guns‘n Roses y Shakira, en los que esperan alrededor de 50.000 espectadores, casi 10.000 más que en el Estadio El Campín y tres veces el aforo del Movistar Arena.
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Y es una prueba de fuego, ya que vale recordar que vecinos y colectivos ambientales se han opuesto a la idea de desarrollar en este espacio un escenario masivo, al advertir impactos, no solo para los residentes del sector en materia de movilidad, ruido y seguridad, sino para los ecosistemas aledaños. Insisten en el valor ambiental del lote, pese a que la propia Secretaría de Ambiente ya aclaró que este lote no hace parte del humedal El Salitre.

Este pleito comenzó hace un año cuando Ocesa Colombia alquiló el lote para instalar la carpa del Circo del Sol y se agudizó al conocer que la empresa firmó un contrato de arrendamiento hasta 2027, de cara a desarrollar su escenario multipropósito. Ahora, con el anuncio de los grandes conciertos, vuelven a alzar su voz de protesta, pues dicen sentirse “engañados” con este proyecto, ya que lo masivo de los eventos que se realizaran en el segundo semestre va en contravía a la promesa de protección ambiental.

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¿Relevancia ambiental?
Roxana Sarmiento, de la Veeduría Plan Maestro Parque Simón Bolívar, señala que el predio donde Ocesa ejecuta su plan lo identifican como el número 14 del plan maestro del parque, en el sector conocido como Centro Bolivariano, el cual debería tener protección ambiental. Ella cuenta como hace año y medio la empresa se presentó ante su comunidad, en el barrio San Guillermo El Greco, para comentarles sobre el nuevo escenario.
“Dijeron que era un espacio sencillo, con insonorización para nuestra tranquilidad. Les pedimos los documentos que soportaban esa actividad, pero hasta el día de hoy no han vuelto a darle la cara a la comunidad”. Por eso, ella y varios líderes ambientales y fundaciones, con apoyo de la concejala Quena Ribadeneira, y la edilesa de Teusaquillo, Mónica Naar Pardo, exigen revisar los impactos de esta obra. Para ellos, este espacio debió habilitarse para proyectos de conservación.
Pero, tal parece que nadan contra corriente, pues pese a su reclamo, de que el predio debería ser zona protegida, la Secretaría de Ambiente ha dicho que los informes técnicos sobre el Centro Bolivariano indican desde 2013 que no es humedal. Adicional, las inspecciones en 2024, no arrojan luces de un ecosistema en esta zona por proteger. Gracias a esto, Ocesa está próximo a inaugurar su escenario con un concierto el 27 de julio de Jessi Uribe y Paola Jara, que dará paso a otros conciertos de talla mundial este semestre.

Si bien, los opositores saben de dichos informes, aseguran que hay más información que respalda su pelea. “El informe, de 23 páginas, que cita la administración, también describe la fauna y flora que hay en la zona y recomienda recuperar el área”, subrayó Sarmiento.
Sobre este tema, la veedora, tiene documentadas recientes afectaciones a las aves de la zona, que “se han estrellado en las carpas blancas que montaron”, evidencias que también recoge la Fundación Aves S.O.S, que se unió a las veedurías, vislumbrando posibles impactos al ser zona de tránsito para aves. Adicional, ha compartido videos de aplicaciones de placas de cemento sobre los suelos, “algo que no está permitido por el POT”, dice la Sarmiento.
Mónica Naar, edilesa de Teusaquillo, señala otros problemas: “desde mayo de 2024 hay un informe de la alcaldía local dentro de una querella interpuesta en abril, que concluyó que las intervenciones hasta ese entonces eran de tal magnitud, que sobrepasaban los requisitos de la resolución del Ministerio de Vivienda para las obras livianas. Es decir, que al margen de la categoría de los predios, Ocesa debió llevar su proyecto a una curaduría urbana y pedir licencia de construcción”.
Añadió que ese mismo informe recomendó a la inspección el sellamiento hasta tanto se obtuvieran las licencias y otros permisos. “Esto, porque el predio está afectado el espacio público de la ciudad. Existe además una decisión en firme de la curaduría urbana número cuatro, que les negó un permiso de cerramiento. Eso está en firme y la inspección de policía debe hacerlo cumplir y en dado caso al final del proceso ordenar la demolición”.

Sancionaron a Ocesa por tala de árboles sin permiso en Vive Claro
El subsecretario de ambiente, Daniel Páez, se refirió recientemente a la polémica sobre los posibles daños ambientales con las obras de Ocesa en Vive Claro y dijo que la administración hizo algunas verificaciones el año pasado, antes del inicio de los trabajos. De entrada, citó un informe de 2013 que indica que esta zona no es un humedal y que “el predio no tiene conectividad hidráulica con los cuerpos de agua del parque. Sin embargo, puede ser reconformado ecológica y paisajísticamente, para mejorar la calidad ambiental de la ciudad, con espacios de agua, recreación activa y educación ambiental”.
La Secretaría de Ambiente también señaló: “con ocasión de nuestras inspecciones de diciembre de 2024, iniciamos dos procedimientos sancionatorios ambientales por tala de 14 árboles, sin contar con el permiso. En enero 2025 impusimos una medida preventiva de suspensión de actividades, que estuvo vigente hasta que OCESA Colombia cumplió y obtuvo el permiso requerido en marzo”, aclaró Díaz.
Quena Ribadeneria, señaló que en este caso “no se ha realizado una evaluación integral de impactos, pese a que el área intervenida tiene alto valor ecológico. Insisten públicamente en que se trata de estructuras livianas, amparándose en una circular del Ministerio de Vivienda, pero omiten que en Bogotá, según el manual de tratamientos urbanísticos del POT, toda estructura concubierta como la Gran Carpa se considera área construida”.
Lo cierto es que, el documento al que se refiere la Secretaría de Ambiente, hace recomendaciones que quedan en tela de juicio con los impactos preliminares de la obra en marcha: “el sector, pese a no presentar características de humedal, ofrece áreas verdes con potencial de conectividad ecológica. El área se constituye como un espacio verde de la ciudad, cuya área y ubicación proporcionan valores para disminuir la fragmentación de ambientes ecológicos”.
En medio del debate, Ocesa Colombia ha destacado en varias oportunidades su plan de conservación, para contener los eventuales impactos de su escenario cultural. La primera cuenta con bebederos para aves, hoteles de insectos, la plantacion de 363 individuos arbóreos. La organización ha dicho que maneja un concepto verde que enmarca una apuesta ambiental con la siembra voluntaria de 2.500 árboles. Pese a que El Espectador buscó una respuesta sobre esta nueva polémica y desde la agencia de comunicaciones mostraron atentos a las consultas, al cierre de esta edición no obtuvo información.
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