
En la primavera del año pasado, cuando el posible regreso de Donald Trump a la Casa Blanca dominaba la atención pública, sus finanzas, en gran parte no reveladas, se enfrentaban a serias amenazas.
Su edificio de oficinas en el Bajo Manhattan generaba muy poco dinero para cubrir su hipoteca, y el saldo se estaba venciendo. Muchos de sus campos de golf carecían de jugadores suficientes para cubrir los costos. El flujo de millones de dólares anuales procedentes de su época como celebridad televisiva se había agotado en su mayor parte.
Y una oleada abrupta de juicios amenazaba con devorar todo su dinero.
Entonces, cuando consiguió la nominación del Partido Republicano, todo empezó a cambiar.
En los meses siguientes, Trump, junto con sus dos hijos mayores, Eric y Donald Jr., reorientó el negocio familiar al formar una serie de asociaciones, especialmente en criptomonedas, con inversionistas dispuestos a apostar por su victoria.
Cuando Trump ganó la presidencia en noviembre, ese enfoque se aceleró.
Su empresa familiar anunció numerosos nuevos acuerdos que beneficiarían directamente a las finanzas de Trump, incluso cuando tomaba decisiones políticas que afectaban a esas industrias o que implicaban a países en los que Estados Unidos tenía intereses políticos. Lo que más salta a la vista es que Trump ahora es socio de varias empresas de criptomonedas y, como presidente, es el principal regulador de las políticas de criptomonedas y ha señalado que quiere que su gobierno no intervenga en las monedas digitales.
En la actualidad, los detractores de Trump consideran estos movimientos como una apropiación de dinero de proporciones históricas. Pero un análisis realizado por The New York Times de miles de páginas de documentos internos de la Organización Trump presentados en una de las demandas en su contra sugiere una motivación más apremiante para el comportamiento del mandatario: una necesidad, más que un simple deseo, de dinero fácil para mantener intacto su imperio.
A fines de 2023, Trump se jactó de tener entre 300 y 400 millones de dólares en efectivo cuando testificó como parte de esa demanda, interpuesta por la fiscala general de Nueva York que acusaba a los Trump de estafar a sus prestamistas. El presidente dijo que su reserva de efectivo demostraba “lo buena que es la empresa que construí” y, añadió en un testimonio anterior, “especialmente para un promotor”.
De manera contraria a esas afirmaciones, los registros presentados en el caso de fraude sugieren que el dinero de Trump no era el producto de un imperio estable y fuerte. Su saldo había fluctuado mucho, alcanzando un mínimo de 52 millones de dólares en 2018, una cifra pequeña para el tamaño de su operación. El aumento posterior procedió en gran medida de la venta de propiedades y de un pago de más de 150 millones de dólares de una inversión pasiva.
Además, la versión de su negocio que él proyecta —una empresa de desarrollo inmobiliario que ejecuta obras grandes y complejas— no existe desde hace casi una década porque los dos últimos grandes proyectos de construcción de los Trump no lograron producir dinero.
En su lugar, ahora la riqueza de Trump se basa en monetizar el nombre de la familia de nuevas maneras y, de forma intencional o no, el cargo de la presidencia. Es una empresa que persigue cheques multimillonarios: de promotores inmobiliarios reales, de criptomonedas y de empresas de redes sociales dirigidas por otros. También es una empresa que vende baratijas con la marca Trump, como relojes y teléfonos móviles dorados, a los apasionados seguidores del mandatario.
Muchos de los acuerdos abren múltiples caminos para que cualquiera pueda canalizar dinero en efectivo hacia un presidente en funciones, a menudo de maneras imposibles de rastrear según los actuales requisitos de transparencia. Y como parte de lo que se vende es el uso del nombre del presidente, no existen parámetros claros para calibrar si ha recibido cotizaciones, una prima por su cargo o, de hecho, un soborno.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha dicho que Trump acata todas las leyes sobre conflictos de intereses y solo actúa pensando en los intereses del público estadounidense.
En respuesta a las preguntas del Times, Eric Trump, quien dirige los negocios de su padre, emitió un comunicado escrito en el que afirma que la empresa está más fuerte que nunca y en gran medida libre de deudas gracias a las propiedades “más emblemáticas” y a las “empresas de criptomoneda de la Tierra”.
“Nunca he estado más orgulloso de nuestra empresa”, decía el comunicado. “Nuestra cartera funciona a la perfección, y 2025 será el año más fuerte de la notable historia de la Organización Trump”.
Evaluar a la perfección las empresas privadas de Trump en cualquier momento es casi imposible. Pero pocos meses después de su declaración en el juicio civil por fraude en Nueva York, todo su efectivo e inversiones líquidas parecían estar en peligro.
A menudo, sus negocios necesitaron inyecciones de dinero antes de que un juez del juicio dictara una sentencia contra los Trump de 355 millones de dólares. Trump se enfrentaba a una segunda sentencia de 88,3 millones de dólares en las demandas por abusos sexuales y difamación interpuestas por la escritora E. Jean Carroll.
Trump aún no ha tenido que pagar las sentencias, que ahora ascienden a más de 600 millones de dólares con intereses. Pero tuvo que aportar dinero en efectivo por un total de 175 millones de dólares en el caso de fraude, y dinero en efectivo y fianzas por un total de 97 millones de dólares en los casos de Carroll, para interponer apelaciones.
También se enfrentaba a un posible golpe de 100 millones de dólares por una auditoría fiscal de larga duración, aunque ahora parece poco probable que sus designados políticos en el Servicio de Impuestos Internos aprueben esa evaluación, otra ventaja de haber regresado al Despacho Oval.
Sin duda, Trump no se enfrentaba a una calamidad. Podría haber vendido más propiedades, a costa de la futura riqueza de su familia, para cubrir cualquier déficit.
Los Trump encontraron un camino diferente.
“Su enfoque para casi todo, en este momento, parece ser que va a salirse con la suya en todo lo que pueda, y en cierto modo reta a la gente a que intente encontrar formas legales o políticas de detenerlo”, dijo Noah Bookbinder, presidente del grupo de vigilancia Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington, un grupo sin fines de lucro de tendencia liberal.
Una escalera eléctrica que no lleva a ninguna parte
Cuando Trump terminó la construcción de la Torre Trump hace cuatro décadas, su atrio de cinco plantas se llenó de tiendas de lujo de todo el mundo —Asprey de Londres, Buccellati, Cartier—, con lo que se creó un destino para compradores y turistas de alto nivel.
Esos espacios, y las oficinas para renta situadas arriba, le proporcionaron a Trump una de sus fuentes de ganancias más fiables durante décadas, según reveló un análisis de sus declaraciones de impuestos realizado por el Times en 2020.
Las famosas y relucientes escaleras eléctricas que conducen a los pisos superiores ahora están cerradas porque las tiendas se han ido con el paso de los años. Dos espacios más pequeños, en la planta baja y en el sótano, ofrecen productos de la marca Trump, como marcos para matrículas de automóvil y sudaderas.
El elemento de diseño característico del atrio —un muro de agua de mármol de varios pisos— ha sido apagado y cubierto por una gran bandera estadounidense. Solo queda una gran tienda: Gucci, en el único espacio que se puede ver desde la acera.
En el número 40 de Wall Street, la torre de oficinas de Trump en el Bajo Manhattan, el 25 por ciento del edificio está vacío desde el año pasado. En marzo, Fitch Ratings informó que, tras cubrir los gastos básicos, el edificio generaba 2 millones de dólares anuales menos de lo que Trump necesitaba para pagar su hipoteca, y dentro de unos años tendrá que hacer frente a un aumento multimillonario del alquiler que paga por el suelo bajo el edificio.
Los espacios para renta vacíos también han perseguido a la obra más reciente de Trump, una torre de 92 pisos en Chicago. En la propiedad, cuya mayoría de apartamentos y habitaciones de hotel fueron vendidos hace años, la participación de Trump se compone principalmente de unos 6500 metros cuadrados de locales comerciales que él esperaba que produjeran millones de dólares anuales en ingresos por alquiler. Diseñadas por debajo del nivel de la calle, con escasa visibilidad para los transeúntes, esas plantas siguen vacías 16 años después de que se terminó el edificio.
Las cosas no fueron mucho mejor con la remodelación que Trump hizo de la Antigua Oficina de Correos de Washington, que se inauguró como hotel en 2016. Nunca registró un año con ganancias en el lugar, a pesar de que se convirtió en un destino para los acólitos de Trump durante su primer gobierno.
En el año 2022 vendió sus participaciones a una empresa de capital inversión por 375 millones de dólares, un precio que provocó el entusiasmo de los Trump. “Decir que el resultado es un éxito financiero sería quedarse corto”, escribió Eric Trump en un correo electrónico a los empleados de la empresa.
Pero los documentos de la empresa presentados en el caso de fraude muestran que la venta no cubrió los costos de Trump en el proyecto.
El comprador del hotel no pudo cubrir los costos de su clausura y pidió prestados 28 millones de dólares a los Trump, antes de dejar de pagar el préstamo. Sin ese reembolso, Trump se iba a quedar con 79 millones de dólares de la venta después de pagar impuestos, según una hoja de cálculo creada por su contador y presentada en el juicio por fraude. Otro registro de la compañía presentado en el caso muestra que había invertido unos 100 millones de dólares en el proyecto.
Ha pasado casi una década desde que los Trump terminaron el hotel. Los años transcurridos desde entonces han estado marcados por la contracción.
Además del hotel de Washington, en los últimos años Trump ha vendido el control de un campo de golf en el Bronx, una mansión en Los Ángeles, terrenos en una isla del Caribe, numerosos condominios de lujo que tenía en alquiler en edificios construidos por él y los terrenos urbanizables alrededor de su campo de golf cerca de Los Ángeles.
Cada venta supuso una oleada de dinero, pero también una disminución de oportunidades para ganancias futuras.
Sin ánimo de construir
En los fines de semana, y durante las vacaciones, Trump casi nunca va a otro lugar que no sean sus propios campos de golf, donde va a hacer ejercicio, relajarse y dejarse ver.
Ha dicho que esos 14 campos no representan un “gran negocio” para él, sino inversiones que reflejan su amor por el juego. Gastó cientos de millones de dólares en rehacerlos a su gusto, a menudo con casas club ornamentadas y elaboradas cascadas artificiales.
Esas inversiones no siempre han dado sus frutos.
Un experto en tasaciones de campos de golf de la fiscalía general de Nueva York examinó los registros financieros de todos los campos de golf de Trump, excepto uno, de 2011 a 2021, y descubrió que al menos la mitad de ellos registraron una liquidez negativa durante varios años.
Un correo electrónico mostraba a Allen Weisselberg, quien durante muchos años fue el jefe de finanzas de la empresa, notificando a los dos hijos mayores de Trump que la Organización Trump solo produjo 2,2 millones de dólares en 2017, antes de impuestos o desembolsos a la familia. Unos de los principales responsables fueron los campos de golf, en los que los Trump gastó casi 13 millones de dólares más de lo previsto en mantenimiento y mejoras, mientras que los campos obtuvieron 15 millones de dólares menos de lo esperado en ganancias operativas.
Trump también ha descrito sus campos como proyectos de desarrollo inmobiliario en espera. Pero los Trump no han creado un historial exitoso en ese campo. Por ejemplo, sus esfuerzos por aumentar viviendas en sus dos campos de Escocia se estancaron.
En enero, los Trump obtuvieron la aprobación de una gran urbanización en el estacionamiento del Trump National Doral, un centro de golf cerca de Miami. El proyecto incluiría casi 1500 apartamentos y más de 13.000 metros cuadrados de locales comerciales.
Pero no parece que ese plan vaya a reactivar pronto el negocio de desarrollo inmobiliario de los Trump.
Durante su declaración en el caso de fraude, Trump dijo que podría construir en ese lugar en una década, dejárselo a sus hijos para que lo desarrollen o “vendérselo a otro desarrollador por mucho dinero y dejar que ellos lo hagan”. Dijo que a menudo solicitaba la aprobación de la zonificación para urbanizar, por si acaso.
En cualquier caso, añadió Trump, “no estamos buscando construir de manera activa”.
En 2021, el Deutsche Bank, titular de la hipoteca de Trump, contrató a la empresa Newmark para tasar Doral, el complejo que le da mayores ingresos a Trump, con cuatro campos de golf y 643 habitaciones de hotel. El análisis concluyó que Trump había gastado 379 millones de dólares en comprar y renovar el complejo, y que solo valía 297 millones.
La tasación incluía una conclusión aún más llamativa. Aunque se sabía que Doral, como varias de las propiedades de Trump, se beneficiaba de la gente que buscaba comprar la posibilidad de estar cerca del presidente durante el primer mandato de Trump, sus gestores creían que aún más clientes potenciales se alejaban por él.
Los comentarios públicos divisivos de Trump habían generado que las reservaciones y los precios de las habitaciones bajaran durante seis años seguidos, según sus administradores les dijeron a los tasadores. Los administradores creían que “la marca Trump ha tenido un impacto negativo” en los ingresos de Doral.
Los expertos de Newmark estuvieron de acuerdo y escribieron que “creemos que con una marca diferente, la propiedad podría funcionar mejor”.
Se vuelve a abrir la llave
La valoración de Doral muestra el que quizás sea el cambio más abrupto en las finanzas de la familia Trump.
El valor del nombre Trump como marca en proyectos inmobiliarios y bienes de consumo masivo fabricados por otros, tanto en Estados Unidos como en el extranjero, fue fundamental para sostener sus negocios durante sus años de apogeo en El aprendiz.
Los informes anuales que los Trump enviaron a sus prestamistas mostraban que las ganancias derivadas de la televisión y acuerdos de licencias ascendieron a 259 millones de dólares entre 2011 y 2017. Pero incluso con esa cantidad de dinero, Trump seguía declarando un flujo de fondos total negativo de 46,8 millones de dólares de su imperio.
En el juicio por fraude, Donald Trump Jr. habló elogiosamente sobre esos acuerdos de licencias. En comparación con el desarrollo inmobiliario, no requerían inversión y apenas mano de obra.
“No quiero decir que fueran ganancias fáciles”, dijo, pero “pudimos crear un sistema bastante espectacular”.
Pero el torrente de dinero que venía del entretenimiento se había reducido a un goteo en el momento en que Trump entró en la política, y tras su llegada a la Casa Blanca en 2017, la empresa tuvo una sequía de nuevos acuerdos de licencias. Esto se debió en parte a que la Organización Trump se comprometió a no firmar nuevos acuerdos en el extranjero para evitar conflictos de intereses.
Después de que Trump dejara la presidencia en enero de 2021, la Organización Trump no anunció un nuevo acuerdo de marca importante hasta finales de 2022, para un resort con campo de golf en Omán.
La llave de los acuerdos de marca en el extranjero no volvió a abrirse del todo hasta después de que Trump asegurara la candidatura republicana y un segundo mandato pareciera posible.
Después de eso, se anunciaron nueve acuerdos en rápida sucesión: uno para proyectos en Vietnam y otro en Serbia, dos en India y cinco en la península arábiga, entre ellos un complejo de golf en Catar, una torre residencial en Yeda, otra torre en Dubái y dos más en Riad.
Todos los nuevos contratos de licencia, a excepción de uno, procedían de relaciones previas a la primera presidencia de Trump. Y algunos de los que pagan por el nombre de Trump han dejado claro que su posición oficial formaba parte del atractivo.
Kalpesh Mehta, desarrollador inmobiliario de India, firmó su primer contrato de licencia con los Trump hace 12 años. Mehta ha dicho que conoció a Donald Trump Jr. cuando ambos estudiaban en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania. Donald Trump Jr. ha bromeado diciendo que son “como un viejo matrimonio”.
En los eventos inaugurales en enero de este año, Mehta se reunió con Eric Trump en Mar-a-Lago y con el presidente electo en el campo de golf de Trump en Virginia. Semanas después, los Trump y Mehta firmaron un nuevo acuerdo de licencia para una torre comercial de oficinas en Pune, India. En abril anunciaron otro acuerdo, el sexto.
Mehta no respondió a las solicitudes de comentarios, pero ha dicho que las propiedades con la marca Trump generan un gran interés en India.
Todos los acuerdos de Trump en la península arábiga están relacionados con un hombre: Ziad El Chaar, ejecutivo de la construcción de origen libanés, quien en 2013 obtuvo un acuerdo de marca con Trump por primera vez, para un campo de golf en Dubái, a través de una empresa constructora con sede en la ciudad llamada DAMAC.
Desde entonces, El Chaar es director ejecutivo de DarGlobal, filial de Dar Al Arkan Real Estate, una gran empresa constructora con sede en Arabia Saudita vinculada al gobierno saudí. Ha firmado otros cinco acuerdos con los Trump desde el verano pasado.
En un evento de DarGlobal para presentar el proyecto en Omán, El Chaar dijo que el nombre de Trump “puso inmediatamente el proyecto en el mapa mundial”.
El Chaar, a través de un portavoz, declinó hablar de los contratos de DarGlobal con los Trump.
El apoyo financiero de Arabia Saudita también ha ayudado a los campos de golf de Trump.
Desde 2022, la liga LIV Golf, respaldada por Arabia Saudita, le ha pagado por organizar torneos anuales en sus complejos de Doral, Florida, y Bedminster, Nueva Jersey. Ni la liga ni Trump han revelado la cantidad de dinero en juego. Trump ha utilizado su estrado presidencial para abogar por una fusión entre el PGA Tour, con sede en Estados Unidos, y la LIV Golf, que podría reunir a los mejores golfistas del mundo en los campos que son propiedad de Trump.
Trump no ha tenido que divulgar la cantidad total de dinero que le prometieron en alguno de sus acuerdos de licencia en sus formularios federales de información financiera, solo lo que recibe a lo largo de un año determinado, que a veces incluye una comisión de gestión.
La información que ha divulgado sugiere que los Trump han subido el precio por el uso de su nombre.
Las declaraciones fiscales de Trump durante sus años de celebridad televisiva mostraban pagos en números redondeados cuando firmaba un contrato de licencia, normalmente 750.000 o 1 millón de dólares. Los formularios de declaración de la renta que presentó recientemente mostraban pagos de exactamente 5 millones de dólares cada uno por el acuerdo de Vietnam y otro con la empresa de El Chaar.
Pero en lo que se refiere a la posibilidad de que cualquiera, desde cualquier lugar, transmita cientos de millones de dólares a un presidente estadounidense, la reciente oleada de acuerdos de licencia solo fue el inicio.
Una reserva masiva
En diciembre del año pasado, apenas unos meses después de que Trump y sus dos hijos mayores hicieran sus primeros comentarios públicos en apoyo de las monedas digitales, Eric Trump fue invitado a participar como orador principal en una conferencia sobre bitcóin en Abu Dabi.
Abordó la pregunta que, suponía, estaba en la mente de todos: ¿por qué estás aquí?
“Sé que todos están pensando: ‘Eric, eres de la familia de los bienes inmuebles. Te has pasado toda la vida en el sector inmobiliario, el hormigón, los paneles de yeso’”, dijo. “Yo construí Trump Chicago”, añadió dos veces, refiriéndose a un proyecto de cuatro años que terminó cuando tenía 24 años.
Dieciséis años después de terminar la torre de Chicago, los Trump siguen nombrándola para establecer la seriedad empresarial y la identidad que han elegido como desarrolladores inmobiliarios.
Pero sus incursiones recientes en las criptomonedas y otras empresas tienen más en común con los acuerdos de licencia de Trump: poca o ninguna inversión, riesgo o responsabilidad operativa. Trump, y en menor medida sus hijos, suelen servir para llamar la atención y convertir a los partidarios políticos del mandatario en inversores y clientes que dan dinero.
Trump no ha invertido nada en Trump Media, la empresa matriz del sitio de medios sociales Truth Social, y no tiene ninguna función oficial. Pero recibió más de la mitad de las acciones de la empresa, una participación que ha perdido valor pero que sigue costando 2000 millones de dólares.
En la industria de las criptomonedas, los Trump han establecido una serie de asociaciones. Sus socios han sido quienes han invertido la mayor parte o la totalidad del capital, o han recaudado dinero mediante la venta de tókenes, y dirigen las empresas. Las criptomonedas emitidas a la familia Trump a través de su primera incursión en el sector, World Liberty Financial, han alcanzado recientemente un valor de al menos 236 millones de dólares.
La venta por parte de los Trump de memecoins, criptomonedas coleccionables sin valor e inspiradas en memes, ha sido especialmente lucrativa. Las comisiones que Trump y sus socios han generado en esas ventas han ascendido hasta ahora a 320 millones de dólares, según Chainalysis, una empresa de análisis de criptomonedas. Las memecoins han demostrado ser un aumento multimillonario respecto a las biblias, guitarras y relojes con la marca Trump que la familia vendió durante la campaña el año pasado.
La viabilidad a largo plazo de los nuevos negocios sigue sin estar clara, al igual que la liquidez de algunas de las participaciones de Trump en ellos. Todavía no puede vender la mayoría de sus criptomonedas. Y lo más probable es que afectará a Trump Media si se llega a deshacer de sus acciones, incluso cuando la empresa sigue perdiendo dinero y lucha por producir 1 millón de dólares al trimestre en ingresos, aproximadamente el promedio de un restaurante McDonald’s.
Pero los ingresos nuevos ya han ayudado a resolver viejos problemas.
El mes pasado, los Trump pagaron la hipoteca de 115 millones de dólares que vencía en el edificio número 40 de la calle Wall Street. Los analistas habían dicho que los bajos ingresos por alquiler del edificio harían que los bancos se mostraran reticentes a refinanciarlo.
De cara al futuro, las nuevas empresas representan una enorme reserva con potencial para cubrir juicios, pagos hipotecarios y vacíos en los balances durante años.
Russ Buettner es periodista de investigación. Ha escrito extensamente sobre las finanzas de Donald Trump.
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