
Nacimos el mismo día y nuestro apellido es igual, a los dos nos gustan los perros y, aunque con actitudes distintas, ambos simpatizamos con ideas de izquierda. Hasta ahí, pensé, llegaban las similitudes con mi sobrino. Y entonces viajamos juntos a Nueva York. Resulta que él y yo preferimos conocer caminando. Que somos despistados, que nos gustan los mercados callejeros, que nos perdemos con facilidad en un metro y que, como comprobamos varias veces en Times Square, se nos pueden ir las horas viendo gente pasar. Emprendí el viaje algo nervioso: desde que mi hermano se separó de su mamá nuestras vidas se cruzan más en lo esencial que en lo cotidiano, vivimos, además, en continentes distintos y yo soy (exactamente) 18 años más viejo que él. Para evitar que se aburriera (como si tal cosa fuera posible en Nueva York) planeé al detalle cada día. En mi lista estaba montar el ferry gratis a Staten Island para una vista fantástica de Manhattan y de la Estatua de la Libertad. Subir al mirador del Empire State, pasar un par de horas en el Museo de Historia Natural, ver el techo restaurado de Grand Central Terminal, entrar a la biblioteca pública, caminar Central Park y la quinta avenida. Nadie debe dejar de comerse un perro caliente en un puesto callejero, de cruzar a pie el Brooklyn Bridge y de asistir a un show. Los nervios iniciales se fueron disipando al ver que todo le gustaba, que quería recorrer el MoMa con calma, que a pesar del cansancio y de la pereza propia de su edad se levantaba sin rechistar en la mañanas. Los nervios se disiparon por completo cuando se compró el saco clásico de «I love NY», señal inequívoca de que el viaje era un éxito: mi sobrino era un enamorado más de Nueva York (como la mayoría de los más de cincuenta millones de turistas que llegan cada año). Mi estricta lista de planes se volvió más flexible para acomodarse a sus intereses, intereses que yo desconocía y que por lo tanto me permitieron conocerlo. Entró a una casa embrujada (yo no fui capaz y lo esperé afuera), lo conmovió el monumento erigido donde hasta el 11 de septiembre de 2001 estuvieron las torres gemelas y se quiso tomar una foto en el mosaico de «Imagine» en honor a John Lennon. Pero quizás lo que más me sorprendió fue que quisiera visitar la sede de las Naciones Unidas, atracción que según Tripadvisor está en un muy desdibujado puesto 280 de cosas por hacer en Nueva York. Creo que esa fue una de las experiencias que más disfrutó del viaje, preguntó, opinó y gastó buena parte de la plata que llevaba comprando recuerdos. De la famosa vida nocturna de Nueva York, por fortuna, no se nada: mi sobrino no tiene edad para parrandear legalmente en Estados Unidos. Y digo por fortuna porque así como resultamos ser viajeros similares tenemos también profundas diferencias. En fútbol él es azul y yo verde, yo soy tímido y él extrovertido, mi sobrino es rumbero y yo no recuerdo la última vez que me emborraché. Por fortuna –lo digo de nuevo– fuimos a Nueva York antes de que él cumpliera 21 años porque no se dio cuenta de lo aburrido que es su tío.
Nueva York según Woody Allen Las películas de Woody Allen son una declaración de amor a la ciudad de Nueva York. Son también una buena guía turística de la ciudad. Esta es una selección de algunos de los lugares emblemáticos que aparecen en las películas del idolatrado y odiado cineasta. Lugares que mi sobrino y yo no visitamos por una mera cuestión de tiempo. 1. El «Met». El Metropolitan Museum of Art es el museo más grande de Estados Unidos y el más visitado de Nueva York (más de seis millones de personas cada año). Su colección permanente, de dos millones de obras, incluye esfinges egipcias, bailarinas de Degas, cipreses de Van Gogh, músicos de Caravaggio, rayas de Pollock, arte griego, romano y japonés. Solo el Cubiculum, con sus frescos de Pompeya, justifica la visita. 2. En la película Manhattan Woody Allen se encuentra con Diane Keaton en una exposición en el Museo Guggenheim. El edificio, diseñado por Frank Lloyd Wright, es una obra de arte en sí mismo. 3. Los protagonistas de Annie Hall se besan, con el Brooklyn Bridge de fondo, en el South Street Seaport, hoy un favorito de los turistas. A los muelles acuden nueve millones de personas a comprar, comer, caminar o tomar un trago cada año. 4. FAO Schwarz es una juguetería, un símbolo de la ciudad, el lugar donde Tom Hanks toca un piano gigante en Big y donde transcurre la última escena la película Mighty Aphrodite. 5. El Russian Tea Room es un sitio lleno de historia (aparentemente tiene más historia que calidad). No solo Woody Allen ha filmado escenas en el extravagante restaurante. Aparece en When Harry Met Sally, en Tootsie y hasta en un capítulo de Sex and the City. Madonna trabajó allí recibiendo abrigos antes de volverse famosa y era uno de los lugares preferidos de la escritora Ayn Rand. Tips de viaje 1. Compre por Internet, lo antes posible, las boletas para los shows que quiera ver (y entradas en general). No pierda tiempo haciendo filas y ahórrese frustraciones. 2. En los restaurantes de Nueva York se acostumbra que la propina sea entre el 15 y el 20 % del total de la cuenta. Si su grupo es muy grande, no es voluntaria.
3. En Nueva York alquilar carro no es una opción. Es un encarte en la ciudad. Los parqueaderos son caros y escasos. El tráfico es un desastre. Y los impuestos son un robo.
Agenda de viaje 31 de octubre -Disfrácese y camine
Uno de los desfiles más populares y originales de Nueva York es el que se realiza desde hace más de cuarenta años por la sexta avenida, en el corazón de Greenwich Village, en la noche de Halloween. Cualquiera que esté disfrazado puede participar. 18 de diciembre -Piano Man
Este año Billy Joel se convirtió en la cuarta franquicia residente del Madison Square Garden (junto a los Knicks, Rangers y Liberty) con un concierto al mes. Al momento de escribir esta nota solo quedaban boletas para el de diciembre.