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Torre de Tokio: miedo con fronteras

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Japón
Cementerio de Aoyama en Tokio donde, según una leyenda, un taxista recogió a una mujer una medianoche lluviosa y al llegar a su destino solo había un charco de agua en el asiento trasero.
Foto: Foto de Gonzalo Robledo

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Además de abanicos de papel, aparatos de aire acondicionado y miles de barriles de cerveza helada, los japoneses combaten el calor veraniego contando historias de fantasmas. Entre los espantos tradicionales que ayudan a refrescar las espaldas de los habitantes del archipiélago figuran humanos reencarnados en animales, engendros submarinos y esqueletos gigantes y hambrientos que surgen de fosas comunes. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Es frecuente también recurrir a espíritus en forma de mujer: mujeres con un cuello extensible a varios metros, mujeres con la cara lisa como un huevo, viudas vengativas o novias despechadas. Son, por lo general, féminas que por haber sido mancilladas de alguna forma en su vida terrenal se sienten obligadas a volver al país del tren bala y Pokémon, en forma de espectro.

A lo largo de su historia antigua, y en especial en el siglo XVI, los beligerantes japoneses han protagonizado prolongadas y mortíferas guerras internas. El diestro manejo de sus afiladas catanas sembró sus campos y ciudades con brazos, piernas, orejas y narices mutiladas, cabezas decapitadas y cadáveres que asustan con sus lamentos nocturnos a las generaciones posteriores.

Tal vez por lo exótico de su indumentaria, la diferente tradición religiosa o la barrera del idioma, los espantos japoneses fallan a la hora de aterrorizar a los occidentales. En encuestas, los entrevistados foráneos aseguran que aquellas narrativas no consiguen generar el mismo escalofrío que refrigera a los japoneses.

A muchos extranjeros no parece inquietarles ni siquiera la historia del temible Kappa, una criatura fabulosa que se pasea por las riberas de los ríos japoneses en forma de hombrecito verdoso con una coraza de tortuga en su espalda y cuyo pasatiempo es entrarles a dentelladas por el recto a los humanos para devorarles el hígado. La leyenda dice que el Kappa sumerge a sus víctimas en el agua para facilitar su escabrosa tarea, justificando así la frecuencia de sus visitas en los tórridos meses estivales.

El sentimiento es recíproco, y mencionar a una estrella de la cultura popular occidental como Drácula solo suscita entre los japoneses comentarios sobre lo bien peinado y pálido que está el elegante y trasnochador conde. El símbolo máximo de su peligrosidad, sus colmillos salientes, es motivo de atracción en Japón y hay clínicas dentales que ofrecen implantes de caninos como parte de tratamientos de belleza.

El abismo cultural en lo que respecta al miedo lo confirma una web de viajes en inglés, donde se ofrecen excursiones para que los turistas extranjeros puedan ver espantos en solitarios parajes rurales de todo Japón. Se recomienda asistir con un amigo y, en caso de apariciones, se advierte: no necesita usted correr rápido, solo más rápido que su amigo.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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