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«Cuba es libre» Alberto Aguirre

Cuando triunfó la revolución cubana al mando de Fidel Castro, allá el 1º de enero de 1959, hace 50 años, una gran emoción sacudió al continente entero. Teníamos por primera vez la sensación de estar entrando en la historia como comandantes y no ya como peones de estribo.

Por Archivo CROMOS
17 de diciembre de 2014
«Cuba es libre» Alberto Aguirre

Para un continente sojuzgado y sumiso esta sensación era la gloria. Hacer la historia y no limitarse a sufrirla. Hasta entonces, la Organización de los Estados Americanos (OEA) era considerada como la “secretaría de colonias de los Estados Unidos de América”. Y en lo concreto, esa era la función de la OEA , y no sólo funcionaba en Washington, bajo la égida de la Secretaría de Estado, sino que en la práctica hacía parte del engranaje administrativo de esta entidad. Contra ese predominio y esa coyunda se levantó Cuba, enarbolando su revolución, y este gesto de independencia fue el primero de la libertad para un pueblo de América Latina. Ya Cuba no dependía de los Estados Unidos, ni de su títere la Oganización de los Estados Americanos.

Cuba traza un camino de libertad y sueño: que estos países podían afirmar su independencia, que podían trazar por sí mismos su destino, y gobernar por sí mismos, con entera autonomía, sus naciones. Ese es quizás el mayor mérito de la revolución cubana: que señaló para América Latina el camino de la liberación, después de siglos de sujeción: primero, a la Corona española; luego, al Imperio del Potomac. Con Cuba empezamos a zafarnos de la coyunda yanqui, recordando el dicho de Bolívar en 1829: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar a América Latina con tormentos en nombre de la libertad”. Aun hay muchas naciones aborregadas, que marcan el paso del Imperio, pero ya se sabe cuál es el camino de la liberación. 

Cuba, bajo la égida de Estados Unidos, se había convertido, literalmente, en una finca de los ricos norteamericanos. Estos, todopoderosos, eran los dueños de las haciendas cañeras y de los ingenios que producían el azúcar. Traficaban con el azúcar al igual que traficaban con Cuba. Los millonarios de Norteamérica eran los dueños de la tierra y de la industria del azúcar, y eran los dueños del trabajo cubano. El trabajo del cortador de caña era, en la práctica, un trabajo esclavo, y las utilidades en el tráfico del azúcar pertenecían por entero al millonario yanqui. En la realidad material, atendidas las condiciones tanto económicas como históricas, Cuba era una simple colonia de los Estados Unidos de América. Completaba el cuadro de la dominación y del imperio el hecho de que los yanquis convirtieron a La Habana en un gran casino: y con el juego en numerosos establecimientos que pululaban en la isla, entró la corrupción y entró la mafia y entró el comercio clandestino. Porque La Habana, a la vez que un casino, se volvió una casa-de-putas para los ricos de Miami. La ciudad no sólo había perdido, junto al país, su independencia, sino que había sido arrasada su dignidad. Para los millonarios de Miami y para los mafiosos que los acompañaban, en el casino se daba el juego de alta escala, en el que se tiraban millones de dólares, y para el pueblo llano, para sojuzgarlo con el vicio del juego, inventaron la “bolita”, que es lo que hoy llamamos aquí el “chance”, y que extendido, ejerce un efecto deletéreo sobre las masas: no sólo les quita su dignidad, su afán de lucha por la independencia, sino que los empobrece. La revolución liquidó ese vicio, esa coyunda. Fue un golpe duro para las oligarquías criollas. Surgió entonces la canción de Carlos Puebla, que fue como un lema de la Revolución, la guaracha llamada Y en eso llegó Fidel, que dice en su coro: “Se acabó la diversión, / llegó el Comandante / y mandó a parar”. Esta podría ser una de las señas de la revolución: la revolución mandó a parar el vicio, el juego, la corrupción, además del trabajo esclavo, e impuso el trabajo libre y le dio al cubano la conciencia de su dignidad humana. Ese es el camino de América Latina. Estados Unidos ha impuesto un bloqueo comercial y político a Cuba. Pero no la ha podido doblegar. En abril de 1961 armó un ejército mercenario que invadió a la Isla por tierra, mar y aire: estaban seguros de que Castro caería en pocos días, pero Castro se puso a la cabeza de la resistencia y los invasores fueron derrotados en 72 horas. Cuba es una potencia mundial en materia de salud y educación. No hay analfabetos en Cuba. No hay pobres en Cuba. No hay indigentes en Cuba.

  Es buena la libertad.

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