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En sus últimos días, cuando la salud ya no le daba tregua, Miguel Ángel “el Zurdo” López se aferró a sus recuerdos. Repitió, en más de una entrevista, un lamento: el de nunca haberle hecho caso a su padre, quien le insistió hasta el cansancio que debía estudiar al mismo tiempo que jugaba al fútbol. Vivió por y para la pelota y, con los años, entendió que después del fútbol no había mucho más.
López, leyenda del fútbol latinoamericano, murió el lunes en Barranquilla a los 83 años. Nació en Ticino, Argentina, en 1942. Dejó el colegio tras terminar cuarto de bachillerato y se lanzó de lleno a una carrera que lo llevaría a tocar el cielo con los pies.
Comenzó en Unión Central de Villa María y Universitario de Córdoba. Enseguida pasó por clubes como Sarmiento de Junín, Estudiantes de La Plata y Ferro Carril Oeste. Su consagración en Argentina vino con River Plate, equipo en el que disputó tres finales de Liga, entre 1968 y 1970. No obstante, en Independiente se convirtió en leyenda: ocho títulos entre 1971 y 1975, incluidas cuatro Copas Libertadores, una Intercontinental y dos Interamericanas. Fue parte de ese Independiente que dominó América y se impuso a la Juventus en la cima del mundo.
En 1975 cruzó la frontera. Aceptó una oferta de Atlético Nacional y se encontró con una Colombia apasionada por el fútbol. En 1976, en el equipo dirigido por Osvaldo Zubeldía, fue campeón de la Liga colombiana, consolidando su legado. Era un zaguero central elegante, de gran presencia y lectura táctica. Ese equipo de Nacional —con figuras como Maturana, Retat y Vilarete— se recuerda como uno de los más influyentes en la historia del fútbol colombiano.
Tras su retiro, Zubeldía lo invitó a trabajar con él. Así nació el técnico, que vino a debutar en solitario con Argentinos Juniors, cuando tuvo bajo su mando a un joven Diego Armando Maradona.
A partir de ahí su carrera como entrenador fue tan amplia como variada: pasó por más de 20 equipos en Argentina, México, Colombia, Ecuador, Arabia Saudita y España. Dirigió a Boca Juniors, Independiente, Rosario Central, Guadalajara, León, Santos Laguna, Barcelona SC, Badajoz y hasta Al-Ahli de Arabia.
Fue campeón con América de México en dos ocasiones (1984-85 y el torneo PRODE 85), y con Independiente ganó la Supercopa Suramericana en 1995. En Colombia dejó una marca imborrable con Junior de Barranquilla, con el que tuvo siete ciclos como entrenador. El más recordado, sin duda, fue el de 2004, cuando condujo al equipo rojiblanco a su quinta estrella luego de vencer a Atlético Nacional en Medellín.
Al final de su vida se radicó definitivamente en Colombia. Vivía con su esposa en Soledad, Atlántico, y era común verlo caminar por el norte de Barranquilla. Pero sus últimos años estuvieron marcados por el deterioro físico, la falta de movilidad y las dificultades económicas. En mayo de 2024, una afección pulmonar lo llevó a una UCI. Aunque logró salir del hospital, nunca recuperó del todo la fuerza.
“El Zurdo” López fue un hombre de fútbol total. En la cancha y fuera de ella, siempre dejó huella. Supo ser jugador brillante, técnico exigente, líder emocional y figura entrañable para quienes lo vieron luchar por sus equipos. Su legado vive en las vitrinas de Independiente, en el corazón de Nacional y en la historia viva del Junior de Barranquilla.
Murió en la ciudad que lo adoptó como uno de los suyos y dejó un legado impresionante. Porque hay jugadores que se retiran; otros, simplemente, se transforman en leyenda.
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