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Malgorzeta Szumaeska, la de los pantalones en el set

La directora polaca Malgorzeta Szumaeska habla para CROMOS sobre su vida, su carrera y el hecho de ser la voz de mando en el machista mundo del cine.

Por Juliana Bedoya*
18 de marzo de 2015
Malgorzeta Szumaeska, la de los pantalones en el set

Almuerza con su esposo y su hijo de 10 años en el hotel boutique donde se hospeda en Cartagena –la casa fue propiedad del hombre más rico de la ciudad en el siglo XVIII-. Come despacio, conversa, se para y mira hacia la entrada, vuelve y se sienta. Sabe que la están esperando pero no se afana por terminar ese almuerzo dominical. Lleva un delgado blusón de lino blanco y unos shorts de jean que dejan ver sus largas y blancas piernas.

Sí, blancas, parece que no ha disfrutado de la playa tanto como suelen hacerlo las turistas que llegan a quitarse el frío europeo en el enclave caribeño. Esas que a los dos días caminan por las calles de la ciudad amurallada algo más que bronceadas, luciendo un color ‘camarón’. La razón es simple, Malgorzeta Szumaeska  está en Cartagena ‘trabajando’, incluso este domingo su agenda es apretada. Pronto debe salir para un estreno. Pero se sienta conmigo para una entrevista, la que me canceló dos días antes porque, precisamente, prefería ir a la playa.

La directora polaca Malgorzeta Szumaeska es jurado de la presente edición del Festival de Cine de Cartagena de Indias (FICCI), junto al estadounidense Michael Fitzgerald y al brasileño Cao Guimarães. Su película Body hace parte de la sección Gemas del Festival y mereció el Oso de Plata de la Berlinale 2015. El más reciente premio de una exitosa carrera que hoy la tiene no solo como la cineasta más importante de su país, sino entre las más renombradas de Europa.

CROMOS aprovechó su presencia en el FICCI para galardonarla con el premio a la Mujer Cromos 2015, durante el conversatorio “Mujeres y Cine, una constante lucha” en el marco del Festival.  Allí, acompañada de otras mujeres directoras habló de la situación de las mujeres en la industria del cine y de los problemas que enfrentan al dirigir. Todas concluyeron que por su género tienen que demostrar “algo más”, tienen que ser más fuertes y estar más preparadas para ser tomadas en serio.

Y ser fuerte parece uno de los objetivos en su vida. Szumaeska es una de esas mujeres que exhalan feminidad y seguridad. Su porte, la ayudan sus más de 1,70 metros; sus gestos, no se deja quieto el pelo pero no se peina, se esfuerza porque se le vea ‘al descuido’;  hasta la naturalidad con la que resulta desfilando para la sesión de fotos, concuerdan con su visión de ser mujer y una triunfadora en un mundo dominado por los hombres.

Y es que Malgorzeta lo tiene claro, no cree que exista una voz femenina que marque su trabajo o lo haga incluso especial, “tal vez haya algo de sensibilidad, pero no una voz”, reitera. Sin embargo es consciente de lo difícil que resulta ser mujer en la industria. No es algo que le quite el sueño, pero la cuestiona, sobre todo en los últimos cuatro años, desde que se catapultó su carrera. Se queja del poco reconocimiento que tienen las mujeres, de cómo cada premio para ella ha sido un sello de calidad “una estampa para legitimar mi trabajo, si fuera hombre no la necesitaría”.

Tampoco necesitaría demostrar que es fuerte en el set bebiendo vodka con los otros hombres envueltos en el rodaje. Cuando comenzó como directora la ‘invitaban’ a tomar hasta embriagarse, para demostrar que aun así podía dirigir. Hoy ya no le piden que tome hasta embriagarse, pero le siguen ofreciendo algunos tragos, ella los acepta como parte de un ritual. A pesar de todo esto afirma que no siente que trabajar rodeada de hombres sea un problema, de hecho admite que las mujeres son muy competitivas. “Yo siento que mi actitud es ser una guerrera, por eso me gusta trabajar con hombres y mujeres muy fuertes”, explica.

EN EL FICCI

Esta es la primera vez que Szumaeska visita el país y la tercera que viene a América Latina, antes había estado en México y Cuba. Sobre Cartagena dice que es fantástica, “parece irreal” señala, “es como si todos tus problemas se fueran lejos”. Y que lo digan quienes la han visto en las noches cartageneras, se dice que la encontraron en un conocido bar de la ciudad bailando salsa como Madonna.

Sin embargo, Malgo, como le gusta que le digan, afirma que “no podría vivir acá, no hay estaciones, ahora en Polonia está comenzando la primavera, la temperatura es agradable, unos 15 grados, y poco a poco todo se va volviendo verde, acá según veo todo es verde, siempre”.

Admite que se siente muy segura y le sorprende la organización del Festival. “Tengo una persona que está pendiente de mí y de mi familia todo el tiempo y eso es invaluable, algo que no había vivido en ningún otro festival en ninguna parte del mundo”. También resalta el hecho de poder tener contacto con los otros jurados y comentar sobre las películas que han visto.

MUJER Y DIRECTORA

A sus 42 años, Szumaeska ya tiene un puesto en la historia del cine de su país y de Europa, dos hijos y dos matrimonios, el último  con el actor polaco Mateusz Kosciukiewicz, 13 años menor que ella, y con quien tiene una hija de dos años. “Dejé a mi hija menor en Polonia, pues no creí que el ritmo del viaje fuera apropiado para ella”, cuenta. También confiesa que para ser madre y profesional exitosa tiene que tener un compañero con quien pueda dividir las responsabilidades 50/ 50, incluso más, pues explica que mientras ella está rodando, Kosciukiewicz es quien se queda en casa con los niños, “en esos momentos las tareas son 80% para él, 20% para mí”.

En los últimos años ha sido galardonada en el Festival de Cine de Locarno y de Berlín, donde el año pasado ganó el premio Teddy, que se entrega a películas que tratan temas de la comunidad LGBT, y este año el Oso de Plata a mejor dirección. Sus películas también han hecho parte de grandes festivales como Sundance y Cannes y ha trabajado con actores de la talla de Juliette Binoche.

Por Binoche, una de las grandes estrellas del cine francés, siente gran admiración. “Es una mujer que se siente fuerte y se gusta como una mujer que está envejeciendo”, resalta. Ese interés por retratar mujeres reales también se refleja en Body, su última película. La protagonista es la polaca Maja Ostaszewska, famosa por aparecer llena de glamour en todas las portadas de revista, sin embargo aceptó el reto de hacer el papel de Anna, una mujer que no usa maquillaje y viste ropa pasada de moda.

Pero para ella la pasión parece estar en juntar en el set a grandes actores con novatos, incluso actores naturales, “es la mejor mezcla y suele ser más complicado trabajar así para los profesionales”, dice.  Su interés en esta especia de experimento es tal, que las actrices de Body fueron reclutadas a través de un anuncio en Facebook.

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Ya es hora de despedirse, un auto la espera afuera en la Calle Santo Domingo. Se toma su tiempo, sabe que una vez más la esperan, pero posa con un vestido largo, negro con una profunda abertura que se puso antes de sentarse a conversar, le toma fotos al poster de su película en español y finalmente sale del hotel. Ahora quien espera es ella, el carro que la llevará al teatro tuvo que dar la vuelta a la manzana para darle paso a una carroza con caballo.

Recuadro BODY / CIALO

Una terapista que en su tiempo libre es médium, una joven bulímica, su padre detective de homicidios y el fantasma de su madre. Estos personajes se unen en Body para mostrar, con un toque de humor negro, las distintas realidades del cuerpo. La de Janusz, el padre que debe lidiar todo el día con la muerte y no le importa su propio cuerpo. La de la hija Olga, quien oculta el dolor por la muerte de su madre en un trastorno alimenticio. La de la madre, un fantasma, el cuerpo astral que no puede descansar hasta no ver de nuevo conexión entre padre e hija. Y la de la terapista, Anna, una mujer que ayuda a las jóvenes anoréxicas a expresar sus frustraciones a través del cuerpo, pero niega el suyo.

Fotos: Catalina Jiménez.

 

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