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«El hogar y la profesión no se equilibran» Claudia Márquez

Primera dama de Medellín. Profesión: Administradora de empresas.

Por Claudia Márquez
14 de mayo de 2015
«El hogar y la profesión no se equilibran» Claudia Márquez

Aníbal y yo nos conocimos en el matrimonio de mi mejor amiga. Nos presentaron y esa noche bailamos, charlamos y nada más. Un tiempo después nos dimos cuenta de que trabajábamos uno al frente del otro. Una tarde, nos encontramos de carro a carro y me pitó para saludarme. Ya llevamos veinte años juntos y cuatro hijos. 

Él quería tener cinco. Cuando tuvimos los dos primeros, yo dije: “listo, maternidad cerrada”. Incluso tenía puesto el dispositivo. Siete años después del segundo hijo, me enfermé, fui al médico y resulté embarazada. Tenía 40 años. Lloré una semana seguida. Me dio depresión, fue durísimo porque fue como un primer embarazo. Luego a los 42, quedé otra vez embarazada. Fue duro, pero hoy digo que es lo mejor que me ha pasado en la vida. 

En mi caso, lo de la vida pública llegó de golpe. Nunca hubo tiempo de pensar en ese rol. Cuando nos conocimos, Aníbal no se dedicaba a la política. Las cosas comenzaron a cambiar cuando secuestraron a Guillermo. Más tarde, fue asesinado por las FARC y encontramos una carta cerrada que él había dejado, en la que expresaba su deseo de que Aníbal continuara con sus banderas. 

Eso ocurrió en mayo de 2003 y dos meses después, el 2 de julio, se lanzó como candidato a la gobernación de Antioquia. Fue una campaña de tres meses, en la que nadie lo daba como ganador. Para sorpresa de todos, salió elegido. Luego de tener a nuestro segundo hijo, decidí trabajar. Yo lo había hecho en el sector privado pero cuando nació Emiliana, renuncié para dedicarme a la crianza. Estando ahí, me di cuenta de que como Primera Dama, tenía muchas cosas por hacer. Armé un equipo de trabajo y decidí involucrarme. Hicimos parques infantiles y jornadas de salud en los distintos municipios. El segundo año decidimos que Señorita Antioquia no se hiciera más con recursos públicos y de ahí en adelante ha sido administrado por manos privadas.   

La gobernación fue toda una escuela para mí. Era la primera vez que participaba en lo público. Aunque nunca he tenido contrato, —ni en la gobernación, ni ahora en la alcaldía— pude experimentar el servicio público de primera mano. 

Cuando terminó la gobernación, nos fuimos a vivir al exterior durante un año. Un día, mientras estábamos fuera del país, Aníbal me dijo: “me voy a meter a la Consulta Liberal como precandidato presidencial”. Al regreso alcanzamos a recorrer el país en campaña. Luego, vino la alcaldía de Medellín, y desde el despacho de la Primera Dama, hay siete proyectos en los que ocupo todo mi tiempo. 

Lo más duro de la labor que he desempeñado es conseguir recursos, porque nuestros proyectos no tienen un presupuesto destinado. Las empresas tienen sus agendas y lograr apoyos no es fácil. Tuvimos que romper paradigmas y mostrar resultados para ganar credibilidad. 

Lo mejor de los proyectos es que son tangibles, entonces el entusiasmo se contagia más fácil. La apuesta a la primera infancia, la labor con Mercados Campesinos y los programas para superar la pobreza son emocionantes. 

En todas nuestras propuestas planteamos cambios y al comienzo fue difícil, pero ha valido la pena. Disfruto mucho lo que hago, y los resultados, por supuesto, tienen que ver con el equipo que tengo. Cuento con un grupo de trabajo maravilloso, que se mete con pasión absoluta y además son toderos, hacen lo que les toque. Lo más importante es que vibramos por esta ciudad. 

En mi caso, el tema del hogar y la profesión, no se equilibra. Aunque no quiera, realmente termino invirtiéndole el 70 por ciento del tiempo al trabajo y el 30 restante a la familia. Yo trato de trabajar solo por la mañana y llegar a la casa a las tres de la tarde, pero muchas veces los compromisos de la agenda se alargan y puedo regresar a la casa a las seis. A veces quiero estar más, pero tengo claro que ya estamos ad portas de terminar, ¡entonces hay que metérsela toda! Ya el año entrante trataré de retomar el tiempo familiar. 

Una vez estoy en la casa, apoyo a mis hijos en las tareas, los acompaño en sus citas y en las actividades extracurriculares. En mi caso no es fácil porque tengo dos generaciones: la mayor de 14, uno de 10, una de 4 y otro de dos. Es arduo pero para mí no hay nada igual. La casa nunca está en silencio, siempre hay voces, risas, juegos, movimiento. Me gusta pensar que cuando crezcan y tengan sus propias parejas, seremos diez personas sentadas a la mesa. Nuestro comedor tiene 10 puestos, al final era lo que tenía que ser.

En la casa tratamos de no hablar de trabajo pero a veces no es posible. En ocasiones Aníbal y yo discutimos sobre decisiones que tomamos en las que no hay acuerdo. Aunque a veces nos ofuscamos, aprendimos a expresar diferencias y seguir adelante. Los niños respetan los espacios del papá cuando debe  atender asuntos y sabemos que los domingos pueden ser días de trabajo. En la dinámica familiar, tenemos claro que los cargos públicos son de servicio y por lo tanto no hay mucha privacidad. Tanto los niños como yo, sabemos que estamos en servicio público también.

¿Qué ha hecho? 

1. En el programa Medellín Solidaria, que ayuda a superar la pobreza, han atendido 50 mil hogares vulnerables y se han invertido más de 79 mil millones. Ha logrado sacar a 17.600 personas del círculo de la pobreza extrema.

2. En la atención de infancia desde la gestación hasta los cinco años han invertido $130 mil millones de pesos y se han beneficiado casi 100 mil niños, por año. 

3. Medellín sí sabe es un proyecto que dio a luz un libro con 49 restaurantes que rescatan la comida tradicional colombiana, incluye un recorrido gastronómico por la ciudad y capacitación a más de cien restaurantes.

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Foto: Juan Fernando Cano.

 

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