
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El mapa de batalla de la guerra comercial de EE.UU. se sigue moviendo, con anuncios nuevos contra varios países, incluyendo Brasil, así como aranceles de 50 % a las importaciones globales de cobre que entren a ese país.
Esta es la tercera medida que impone el presidente Donald Trump a minerales específicos, sumándose a los aranceles que ya hay sobre el acero y el aluminio (con tarifas que llegan también a 50 %).
La cosa no acaba allí: Trump dejó en claro esta semana que el estudio para seguir implementando medidas arancelarias en otros materiales sigue en marcha. Sin embargo, la situación con el cobre es aún más crítica para el panorama internacional.
La motivación del presidente Trump para esta toma de decisiones sobre el sector minero tiene que ver con su intención de reactivar la industria a nivel interno para garantizar el suministro de este mineral crucial desde Estados Unidos. En este momento Chile es el país con mayor producción de cobre, mientras que EE. UU. se ubica en el quinto puesto con una cifra considerablemente menor a la de los tres primeros países productores de cobre.
Sin embargo, según expertos, en este momento el país no tiene ni la capacidad ni los elementos necesarios para poder ser autosuficiente en este material.
Según el gobierno estadounidense la sobreproducción de este material en el mercado global ha debilitado la minería nacional de cobre, dejando a Estados Unidos dependiente de fuentes extranjeras del metal para industrias clave como la fabricación de armas. Si bien ese país cuenta con importantes minas, que produjeron aproximadamente 1,1 millones de toneladas de cobre en 2024, el consumo de metal refinado alcanzó los 1,6 millones de toneladas, lo que significa que las importaciones son necesarias para cubrir la escasez.
Nada más después del anuncio, el cobre alcanzó un aumento récord tras superar su máximo histórico, llegando a un 17% en Nueva York el martes, antes de caer más de un 4% en las primeras operaciones del miércoles. En Londres, el metal cayó hasta un 2,4% en la apertura, antes de moderar su baja al 1,9% y cotizar a US$9.608,50 la tonelada a las 9:51 am, hora local.
Después de la intervención, el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, dijo que el impuesto entraría en vigor a finales de agosto. Pero no se dieron detalles ni especificaciones sobre qué productos concretos se verían afectados por la tasa arancelaria, ni si podría haber exenciones para grandes productores como Chile.
¿Qué tiene de especial el cobre?
El metal rojo es un material sumamente importante para el funcionamiento de la industria a nivel mundial y esta restricción puede perjudicar a miles de personas alrededor del mundo. En términos prácticos, el cobre es esencial para la vida como la conocemos y permite que los avances tecnológicos se sostengan y puedan seguir en desarrollo. Es decir que al existir una alta demanda y una producción que aumenta de valor con medidas arancelarias, elementos de la vida diaria se puede volver más cara.
Este material es el encargado de suministrar electricidad a nuestros hogares y alimenta nuestros teléfonos, nuestros computadores y prácticamente todos los aparatos electrónicos que podamos tener. Es utilizado en construcción, en defensa, en el sector automotriz y, especialmente, en el sector energético: desde elementos como transformadores, hasta los aerogeneradores que impulsan la transición energética a nivel mundial.
Debido a su resistencia, eficiencia y fiabilidad, el cobre es además el conductor eléctrico más económico del mercado, lo que lo vuelve el material perfecto para los sistemas de cableado.
Por su amplia utilización, de cierta forma el cobre es un indicador del estado de la economía a nivel mundial y es la base de empleo de más de 395.000 personas a nivel mundial, además de responder por unos US$160.000 millones.
Durante el último siglo, la demanda de cobre ha aumentado ampliamente, en gran medida por el crecimiento económico y la urbanización de China que llegó a representar el 54 % del consumo mundial en 2021. Debido a esto, la decisión de Trump podría poner en riesgo su tan deseada reactivación de la industria manufacturera y al mismo tiempo mandar un mensaje desafiante a la gran estructura industrial china.
¿Qué implica esta decisión para Estados Unidos?
La geopolítica del cobre ha cobrado protagonismo en los mercados globales, tanto así que, para asegurar el suministro, la administración Biden y la Unión Europea invirtieron cerca de US$1.000 millones desde 2022 en proyectos de infraestructura en África, una región rica en cobre, pero donde China ya tiene una fuerte presencia.
Estados Unidos produce internamente poco más de 50 % del cobre refinado que consume, siendo Arizona el principal estado productor. Sin embargo, para cubrir la demanda nacional, importa casi un millón de toneladas métricas anuales de cobre refinado. En 2024, más del 90 % de estas importaciones provinieron de América Latina, principalmente de Chile, Perú y Canadá.

La imposición de un arancel al cobre tendría consecuencias directas e inmediatas en varios puntos importantes. Como ya se había dicho, el cobre es un material crucial para el desarrollo de gran parte de la industria, lo que quiere decir que el arancel podría distorsionar los costos en una gran cantidad de sectores, pasando por la construcción hasta llegar a la tecnología de punta. Esto podría llevar, a su vez, a un incremento en los costos de los productos finales, algo que afectaría directamente el bolsillo de los consumidores presionando la inflación de Estados Unidos.
Aunque el objetivo de la administración Trump es la autosuficiencia en la producción de cobre, los expertos advierten que desarrollar nuevas minas en EE.UU. es un proceso que puede tomar más de una década. Actualmente, el país cuenta con solo dos instalaciones de fundición primarias, lo que limita su capacidad para sustituir importaciones en el corto plazo. Por lo tanto, la dependencia de minas extranjeras seguirá siendo una realidad en el futuro previsible.
El arancel al cobre, aunque busca reducir la dependencia de China, impactaría principalmente a los socios latinoamericanos y a la economía estadounidense en general, elevando los costos y dificultando la transición hacia la autosuficiencia.
La transición energética se desestabiliza
Por último resulta importante mencionar que, además de todos los otros roles fundamentales que juega el cobre en las economías a nivel mundial, es un recurso esencial para la transición hacia energías limpias. Su alta conductividad lo convierte en el material preferido para cables, motores y sistemas de transmisión eléctrica, siendo fundamental en la fabricación de vehículos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas, centros de datos y la modernización de la red eléctrica.
Para hacernos una idea podemos pensar en que un vehículo eléctrico utiliza entre 3 y 4 veces más cobre que uno de combustión. Además, la energía eólica marina requiere hasta tres veces más cobre por gigavatio que la generación eléctrica a carbón. Y no podemos perder de vista que el avance de la inteligencia artificial y la expansión de centros de datos incrementan aún más la demanda de cobre.
Estas situaciones generan que exista una demanda de cobre que no para de crecer, impulsada por la electrificación del transporte, la expansión de energías renovables y la digitalización.
Pero como suele pasar, la oferta no crece a la misma velocidad que la demanda. Según datos recopilados por la cadena de televisión CNBC se estima que entre 2022 y 2050 se necesitará más cobre que el consumido entre 1900 y 2021. El panorama es este: el mineral reciclado aporta 17 % del cobre refinado mundial y la mayor parte del cobre producido desde hace 125 años sigue en uso. Conclusión: hace falta cobre, mucho cobre.
Por su parte, América concentra 75% de las mayores minas, con Chile y Perú como principales productores, pero la capacidad de producción enfrenta límites físicos, regulatorios y sociales. La tierra no da abasto con las exigencias de un mercado hambriento.
Sumado al panorama, que de por sí ya parece desalentador, el arancel impartido por Trump representaría consecuencias directas sobre la viabilidad y el ritmo de la transición energética.
Los costos de adquirir un vehículo eléctrico, de producir paneles solares, de fabricar turbinas eólicas y centros de datos podrían empezar una trayectoria de subida. Algo que, de fondo, puede restarle impulso a la adopción y uso masivo de tecnologías limpias para la generación energética.
El cobre es insustituible para la transición energética. Un arancel, lejos de fortalecer la autosuficiencia, podría encarecer y ralentizar la eliminación de CO2, dificultando el cumplimiento de metas climáticas y tecnológicas y poniendo en riesgo el bienestar ambiental de todo el planeta.
💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.