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Después de algunas semanas de volatilidad, los precios del petróleo regresaron esta semana a los niveles anteriores al ataque de misiles de Irán contra Israel, que detonó una serie de conversaciones y rumores acerca de una posible retaliación contra las instalaciones petroleras iraníes.
Para este miércoles, los precios del barril de Brent (el crudo de referencia para Colombia) se mantuvieron en el umbral de los US$74, luego de que llegaran a superar los US$80 en medio de las tensiones en Medio Oriente (además de las presiones en distribución que introdujo el huracán Milton, que aunque no fueron de gran escala igual impactaron en algo la conformación de los precios).
Hay que recordar que la especulación acerca de un posible ataque de Israel contra instalaciones petroleras de Irán creció luego de que Joe Biden, presidente de Estados Unidos, dijera que ese tipo de acciones se estaban discutiendo.
Al ser cuestionado durante un breve encuentro con la prensa si estaba de acuerdo con ataques israelíes contra infraestructura petrolera de Irán, Biden respondió: “Estamos discutiendo eso. Creo que sería un poco… de todos modos”, sin concluir la frase.
La normalización de precios en el mercado llegó luego de un artículo del Washington Post según la cual el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, le habría dicho al presidente estadounidense que la respuesta israelí contra Irán apuntaría a objetivos militares, lo que resguardaría la infraestructura energética de la República Islámica.
Entonces, con las tensiones en Medio Oriente bajo un cierto control (y esta sí que es una palabra volátil para esa región actualmente), el panorama del petróleo enfrenta asuntos más estructurales y profundos, como bajas en demanda y aumentos de producción.
¿Qué viene para el mercado petrolero?
En corto, los precios del crudo parecieran adentrarse en una suerte de invierno, al menos en el plazo más inmediato.
Justo esta semana, la OPEP ajustó a la baja sus proyecciones de demanda de petróleo a nivel global. Y este es el tercer recorte mensual consecutivo que realiza esta organización, que agrupa a los mayores productores de crudo en el mundo.
La corrección en sus expectativas indica un menor consumo de crudo para, por lo menos, los próximos dos años, algo que se explica por un apetito más bajo en regiones clave (como China), lo que a su vez va atado a una suerte de ralentización en la economía global.
Esto a la par del crecimiento del uso en otros combustibles, como el gas natural, y la entrada de más energía renovable para satisfacer demanda de usos tradicionales en la actualidad.
Ahora bien, el consumo de petróleo seguirá creciendo este año, de acuerdo con los cálculos de la OPEP. Pero lo hará a un ritmo menor del esperado. El informe mensual de la OPEP señaló esta semana que la demanda global se incrementará en 1,9 millones de barriles diarios en 2024, lo que representa un aumento de 2 % respecto a 2023. Pero esta cifra implica una reducción de 106.000 barriles diarios frente a las anteriores proyecciones de la organización.
Aquí vale la pena decir que las proyecciones de demanda de la OPEP son las más optimistas, cuando se comparan con las de algunos bancos de inversión y centros de análisis, así como con las de la propia Agencia Internacional de Energía (AIE), que esta semana también actualizó sus proyecciones del panorama global sobre este tema.
De hecho, para la AIE, este año el apetito global de crudo no llegará siquiera al millón de barriles diarios (900.000, para ser exactos), lo que denota una reducción de más de 70.000 barriles por día frente a los cálculos del mes pasado de la Agencia.
Para principios de año, la Agencia esperaba que en 2024 la demanda de petróleo llegará a 1,2 millones de barriles diarios.
Así las cosas, en el primer semestre de este año, el consumo mundial de crudo creció apenas un tercio de lo que se registró en el mismo periodo de 2023. Esta es la tasa de crecimiento más baja que se ha registrado desde 2020, año crítico de la pandemia.
Los ojos puestos en China
Buena parte de la desaceleración en la demanda de crudo vendrá por una baja en el consumo en China.
De acuerdo con la AIE, hasta 2035, la demanda de China pasará de ser 70 % del apetito global que representa actualmente, a 20 %.
Esto implica pasar de un promedio de casi 5 millones de barriles diarios (mb/d) que se registraron para el periodo 2015-2023 a 0,2 mb/d que se proyectan, en promedio, entre 2023 y 2035.
El consumo de gasolina de ese país puede dejar de crecer este año o el próximo, ya que su parque automovilístico está “cambiando lentamente hacia los vehículos eléctricos”, dijo esta semana Russell Hardy, director ejecutivo de la firma de comercialización de materias primas Vitol Group, en declaraciones recogidas por la agencia Bloomberg.
Las otras tensiones en el mercado petrolero
Más allá de los problemas en el lado de la demanda, hay señales de abundancia de suministros. La OPEP+ (OPEP más Rusia) planea restablecer parte de su capacidad interrumpida, con aumentos que comenzarán a partir de diciembre tras un retraso de dos meses.
En Estados Unidos, mientras tanto, los datos oficiales mostraron que los inventarios de crudo aumentaron inesperadamente en 3,9 millones de barriles a mediados de este mes, su mayor incremento en unos cinco meses.
Esta cifra no sólo es un aumento considerable, sino que va en directa contravía con las expectativas de los analistas, que proyectaban una contracción de 1,4 millones de barriles.
Estas tensiones podrían seguir empujando los precios internacionales hacia abajo, lo que ayuda a dinamizar algunos aspectos de las economías globales, pero se traduce en menores ingresos para países y empresas productoras de petróleo, como Colombia y Ecopetrol (cuyas utilidades en buena medida financian al Estado colombiano).
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