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Sirirí

¿De El Plateado a El Dorado?

AME6894. EL PLATEADO (COLOMBIA), 13/10/2024.- Fotografía cedida por el Ministerio de Defensa del ministro, Iván Velásquez (c), este domingo conversando con habitantes de El Plateado (Colombia). Velásquez afirmó que el Gobierno retomó el control de El Plateado, un pueblo del suroeste de Colombia que era controlado por disidencias de las FARC, después de seis años tras una operación militar ejecutada desde la madrugada del sábado. EFE/ Ministerio De Defensa / SOLO USO EDITORIAL/ SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
“Se necesita, además, una justicia social que irrigue a unos compatriotas que podrían morir entre dos fuegos”: Mario Fernando Prado
Foto: EFE - Ministerio de Defensa

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Asegura el gobierno del cambio que no se irá del corregimiento de El Plateado hasta tanto no se arregle la situación de orden público y lo que deberá hacerse para que esta región, huérfana desde hace siglos de una presencia efectiva del Estado, no siga en las mismas, y hasta peor, y me explico:

Bien que mal, sus pobladores viven de los cultivos de coca que abarcan cientos de hectáreas circunvecinas. O la siembran, o la abonan, o la cosechan, o la alistan para que se procese, o la llevan, o la embalan, o, incluso, le dan los primeros pasos para convertirla en un negocio alta e infinitamente rentable.

Una vez erradicados y/o arrasados esos cultivos ¿de qué van a vivir esas familias coca-dependientes? ¿Les lloverá maná del cielo? ¿Extrañarán a sus antiguos patronos?

Estos y otros interrogantes deben obligar a que se realicen una serie de acciones que superen con creces la esclavitud a la que han estado condenados, no solo ofreciéndoles alternativas laborales inmediatas, sino también dotándoles de puestos de salud, escuelas, facilidades de vivienda y recreación, sobre todo para los infantes que hoy son mensajeros, cargadores de combustible y hasta objetos sexuales y mil cosas más.

Es, pues, una tarea a largo plazo, porque una paz a las malas con una política de tierra arrasada generará más violencia. Más temprano que tarde, “volverán las oscuras golondrinas” y ahí sí no creerán más en los oportunistas promeseros que fueron hasta esas latitudes, ofrecieron esta vida y la otra, se tomaron la foto y nunca volvieron.

Y es que esto no se arregla solo con balas. Repito, se necesita, además, una justicia social que irrigue a unos compatriotas que podrían morir entre dos fuegos porque el Valle del Micay tiene una importancia capital. Perderlo, para la narcoguerrilla, será un golpe tal que puede llevar a estos delincuentes a tomar represalias suicidas contra la misma población civil que ha sido su aliada y hoy no sabe para dónde pegar…

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