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Es por aguar la fiesta
Parodiando el título de uno de los libros del recién desaparecido Antonio Caballero, me atrevería a señalar como una de las claves de la actuación frente al Acuerdo de Paz, de parte del Centro Democrático y del Gobierno, la intención de aguar la fiesta a los que celebramos el acuerdo logrado.
Y, además, me parece una actitud que tiene mucho de infantil. Es como si un pequeño número de invitados, llevados del rencor y la envidia, se hubieran propuesto dañar la alegría de la fiesta, manchando el vestido de la homenajeada, tan solo para darse el gusto de estropeársela. Por no haber sido ellos los organizadores de la fiesta y sus protagonistas.
Veo a una de las designadas del Gobierno en un importante puesto, pataleando en el charco y salpicando con su agua sucia a la reina de la fiesta mientras le grita una y otra vez con voz histérica y chillona: ¡Les ganamos, les ganamos, les ganamos!
Y esa rabieta infantil contra la niña del vestido blanco recién estrenado, pero ya ensuciado en la misma fiesta de celebración, explica el cuasi fracaso de una buena parte de los acuerdos de paz. Muchas de las actitudes, comportamientos, medias verdades, hostilidades, desganas y desafecciones hacia la paz se deben a que Santos logró, así haya sido con una victoria un tanto pírrica, lo que no consiguieron los dos anteriores presidentes, quienes no han logrado disimular el malestar que les produjo el éxito de Santos y la guinda del pastel que significó la concesión del Premio Nobel de la Paz.
Como diría el simpático y atribulado personaje de la publicidad de los derechos del consumidor: ¡Tal cual!
Francisco Tostón de la Calle
La ruptura de los verdes
Hace cuatro años los que no compartimos las ideas de la derecha e izquierda radical vimos como una magnífica opción el Partido Verde y votamos por ellos.
Al escuchar los escrutinios, obtuvieron varias curules al Congreso y pensamos que sería una fuerza que haría contrapeso a los extremos.
Hoy cuando se aproximan las elecciones vemos con gran decepción que están a punto de dividirse, enfrascados en rencillas y personalismos con precandidatos presidenciales que necesitan madurar y que se aproximan al candidato del Pacto Histórico posiblemente porque está ganando las encuestas, sin ver el daño tan grande que les están haciendo al partido y a la democracia.
El partido dividido y el centro sin definir un único candidato serán el escenario perfecto para que en las próximas elecciones arrasen los partidos de derecha y los electores tengamos que elegir, como hace cuatro años, entre “el que diga Uribe” y Petro.
Carmen Maldonado
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