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La misión de recuperar el monopolio de las armas
El Espectador ha editorializado en varias oportunidades sobre el particular, porque la realidad que estamos viviendo es insoportable y nos muestra como el país más violento del mundo.
En su edición del 23 de febrero titulaba “La inmadurez del ELN es una muestra de debilidad”, que me cuestionó inmediatamente, ¿la debilidad no está, más bien, en los procedimientos del Estado? Nuestra Constitución consagra que es potestad del Estado el manejo y dominio de las armas; sin embargo, la realidad que vivimos es que el Estado solamente tiene el mandato constitucional, pero las armas las maneja y usa a su antojo la delincuencia, llámese narcotráfico, que recibe dólares a toneladas los cuales no respetan ley, instituciones, uniformes ni grados. Lo vemos hoy, plasmado en cine y televisión; por ejemplo, en Escobar: El Patrón del Mal y en El Cartel de los Sapos. Sabemos que estas son grabaciones de ficción, pero inspiradas en nuestro diario vivir.
Por esta razón, me veo precisado a preguntar, con el debido respeto, al señor presidente de la República, al señor ministro de Defensa y a los señores comandantes de las diferentes Fuerzas Armadas: ¿qué están haciendo para cumplir el mandato constitucional del monopolio de las armas? Por favor, es urgente controlar y recuperar la soberanía y dignidad del país.
Leovigildo Micán Morales
Líneas claras contra las coimas en el Congreso
Yo estoy de acuerdo con el editorial del 20 de febrero titulado “Que no se diluya en politiquería este año crucial en el Congreso”. Los senadores y congresistas tienen una oportunidad para recuperar su sentido patriótico y la moral en algunos casos, y cuidarse de las negociaciones con el Gobierno. Añado que es una falta de ética negociar coimas, y que los partidos políticos deben tener unas líneas claras que ninguno de sus integrantes se pueda saltar. Quien negocie coimas y beneficios propios, debe ser penalizado.
Es la oportunidad de los partidos para hacer que el país no se derrumbe, no sucumba ante cambios innecesarios que realmente dañan lo construido y cambie lo que no funcione, pero no cambiar para poner más burocracia, más corrupción y más desorden… ¡Parece como si las izquierdas solo supieran hacer daños!
Lucrecia Figueroa
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