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El alistamiento de Carlos para salir de su casa rumbo al trabajo es un ritual. Se asoma a la ventana, y según pinte el clima elige la indumentaria. Enciende su motocicleta, y mientras calienta el motor se pone la chaqueta con franjas reflectivas, unos guantes y se abrocha bien el casco. Aunque sabe que todo está al día, revisa llantas, luces y frenos antes de echarse la bendición y ponerse en marcha. Sabe que en una ciudad como Bogotá no basta con ser buen conductor. El riesgo de verse involucrado en un accidente está a la vuelta de la esquina.
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Y no es cuestión de percepción. Él ha sido testigo de decenas de accidentes y comportamientos irregulares de otros motociclistas que lo han hecho reflexionar sobre su obligación de ser cuidadoso para aumentar la probabilidad de regresar a casa sano y salvo. Nada más a las 5:00 a.m. de este martes, las autoridades de tránsito reportaron dos casos: el de un motociclista en Kennedy, que atropelló a un peatón, y el choque de otro contra una ruta escolar. A ambos los trasladaron en ambulancia.
Él ha visto cómo, por imprudencia de conductores, ciclistas y peatones, ocurren accidentes que se pudieron evitar. También cómo otros fueron por culpa de los mismos motociclistas, que se adelantan a por cualquier lado o en los semáforos ocupan cada espacio libre, sitiando al resto de automotores, para avanzar en un trancón. Para él, muchos no son conscientes de que son el actor vial que más víctimas aporta a las estadísticas: cuatro de cada 10 muertos iban en moto.
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Las cifras lo corroboran y dan un dato adicional: la cantidad de motociclistas que mueren en Bogotá está en aumento. Según el Observatorio de Movilidad de Bogotá, de las 173 víctimas en accidentes de tránsito, registradas entre enero y abril de este año, 65 eran peatones, 22 ciclistas, 10 pasajeros y tres conductores. Los motociclistas contabilizaron 73 muertos, cifra que superó en nueve la cantidad de casos del mismo período de 2022 (64).
Pero no solo preocupa el incremento de casos. También cómo se concentran los accidentes en un sector de la capital, especialmente en inmediaciones de la localidad de Kennedy, donde avanzan obras importantes como la primera línea del metro y la extensión de la troncal de Transmilenio por la avenida Ciudad de Cali, entre otras. Al analizar en detalle, más de la mitad de los accidentes fatales ocurrieron en cuatro localidades del suroccidente: Kennedy (11), Bosa (11), Engativá (9) y Fontibón (8). El dato llama la atención, pues en esas localidades se reportaron 17 casos el año pasado. Es decir, se duplicó la fatalidad.
En cuanto a lesionados, el panorama no es diferente. A la fecha, el Observatorio indica que de 7.017 accidentes de tránsito con heridos, en 2.513 se vio involucrado un motociclista (36 %). La cifra también tiende al alza, al superar en 105 casos las estadísticas del mismo período del año pasado (2.407). Las localidades con más casos fueron Kennedy (377), Puente Aranda (214), Suba (210), Engativá (209) y Bosa (196). Las horas pico son las franjas con mayor riesgo.
¿Qué explica este fenómeno?
Hay varias razones que explicarían por qué los motociclistas son el actor vial que más víctimas fatales aporta a las estadísticas de accidentalidad, y la localidad de Kennedy la que concentra la mayoría de los casos. Para comenzar, la facilidad con la que hoy se puede adquirir una moto, nueva o usada. Solo el año pasado se matricularon 804.193 motos, lo que equivale a 2.203 diarias. Hoy estos vehículos representan el 61 % del parque automotor del país, con 11 millones de los 18 millones de vehículos matriculados. De esas, el 10 % circula en Bogotá y sus municipios aledaños.
A esto se suma que muchos adquieren estos vehículos sin tener la pericia necesaria para enfrentar el tráfico capitalino, el exceso de velocidad, el manejo imprudente y la infraestructura vial, donde los huecos son mortales en algunos corredores de la capital. “Adicionalmente, se necesita una colaboración con los sitios de rumba, para fortalecer el mensaje de no conducir con tragos. Esto último es importante, porque los días de mayor frecuencia de accidente son los jueves, viernes y sábados, después de las 6:00 p.m.”, indicó José Stalin Rojas, experto en movilidad y director del Observatorio de Movilidad de la Universidad Nacional.
Para Rojas, todo se combina con una mala preparación en las escuelas de conducción para los motociclistas, y “esto se demuestra en los malos comportamientos diarios de varios de ellos, (adelantar por la derecha, zigzaguear, ir por senderos peatonales…). También hay que analizar cómo varios de los motociclistas que entregan a domicilio obtuvieron sus licencias de conducción, pues varios de ellos son extranjeros y no se sabe con certeza si tienen licencia o no”.
En conclusión, “pareciera ser un defecto sistémico la accidentalidad y muerte donde está involucrado un motociclista, porque hay deficiencias en las escuelas de conducción, malos hábitos en los motociclistas, falta de control en las vías y hay una rivalidad con los conductores de carros. Todo esto hace que se traduzca en accidentes, muertes y lesionados”, concluyó Rojas.
Ricardo Montezuma, de la fundación Ciudad Humana, comenta que la cifra de accidentalidad de motociclistas es algo a mirar con cuidado, porque en Bogotá hay características particulares. “Si bien en 20 años han fallecido casi 3.000 motociclistas y las cifras crecen año a año (pasando de representar el 8 % de las víctimas fatales en 2004 a casi el 40 % el año pasado), los indicadores crecen por debajo del ritmo al que sube en el resto de las ciudades, donde la muerte de motociclistas representa casi el 60 %”. Para Montezuma, esta situación estaría asociada a un mayor control de las autoridades, a temas ligados a la congestión de la ciudad o a un comportamiento más respetuoso de la norma.
“Bogotá tiene un reto interno enorme, que se debe ver con perspectiva regional. Es, más allá de las campañas por salvar vidas, focalizar mejor los estudios y las acciones concretas en los corredores, las localidades o las intersecciones donde más siniestros se presentan. De igual manera, pensar en incentivos al buen comportamiento y valorar ciertos grupos que están haciendo bien la tarea a la hora de conducir. No es solo el control a la infracción o al desacato, sino pensar en cómo pensar, es un universo tan complejo, en beneficios a los que hacen bien las cosas”.
¿Qué está haciendo el Distrito?
Ante este panorama, la Secretaría de Movilidad resalta que la siniestralidad vial es un problema de salud pública y existe un compromiso de atenderla. Para ello se adoptó Visión Cero como política distrital, que cuenta con una serie de estrategias en las zonas de mayor siniestralidad. Entre ellas, el programa de gestión de velocidad, que apunta a implementar en toda la ciudad y de manera gradual el límite máximo de 50 km/h, las fotomultas, los controles en vía, con la Policía de Tránsito, y la pedagogía y cultura ciudadana. “Por otro lado, la Secretaría trabaja en sinergia con Bloomberg Philanthropies en el desarrollo de estrategias y una campaña masiva, dirigida a los usuarios de moto (conductor + acompañante), al ser el actor vial que más fatalidades registra en la ciudad”.
A esto se suman trabajos para mejorar la infraestructura para los ciclistas, que cuenta ya con más de 600 km en la capital; el programa Niñas y niños primero, que apunta a brindarles espacios más seguros y eficientes para el desplazamiento diario a sus colegios; cursos pedagógicos de normas de tránsito; la red empresarial de seguridad vial, y mejorar la señalización en la ciudad. “Salvar vidas en el tránsito requiere el compromiso de todos. La seguridad vial debe ser reconocida como una responsabilidad compartida entre el Gobierno, el sector privado, los medios de comunicación y la sociedad civil”, indicó la entidad.
Por ahora las cifras de accidentalidad vial en Bogotá encienden las alarmas. A pesar de las campañas de tránsito, es claro que no existe un cambio en la tendencia, por eso el llamado de las autoridades, mientras fortalecen el trabajo pedagógico y preventivo, es a tomar conciencia. Así como Carlos, independiente de las acciones oficiales, todo conductor debe saber que él es el primer responsable de garantizar su seguridad en las vías.
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