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Estimado William Ospina, es necesario tener en cuenta que el papel de la crítica no es solo juzgar y señalar las deficiencias de un objeto de análisis, sino también destacar sus cualidades y virtudes. Para lograr esto, la coherencia en la línea argumentativa es fundamental. Como bien sabemos, la subjetividad es inherente a cualquier forma de crítica y análisis, pero debemos ser conscientes de que la subjetividad no debe ser un obstáculo para la coherencia y la lógica. Por lo anterior, considero que toda crítica fija uno de dos objetivos: el primero es mejorar el objeto de la crítica y el segundo es empeorarlo. Si el objetivo es el primero, el crítico debe dirigir sus argumentos hacia la verdad o el camino que conduce a ella. En cambio, si el objetivo es empeorarlo, el crítico corre el riesgo de caer en sesgos poco éticos y distorsionar la percepción del lector.
En este sentido, me preocupa la intención de la columna “La otra paz”, publicada recientemente, donde usa expresiones como: “mentalidad colonial”, “sumisión servil”, “multinacionales del saqueo”, “Estado corrupto, obsceno, tramposo, extorsionista, parásito que engendra delincuentes”, y líneas enteras como: “Si los pobres no pueden disfrutar de su pobreza, los ricos no pueden disfrutar de su riqueza”. Tales términos y afirmaciones, que evidencian claramente una ideología, lejos de mejorar el objeto de análisis, generan confusión y distorsión en el lector y, por tanto, no contribuyen a la búsqueda de una solución o un acercamiento a la problemática.
Puedo afirmar que la paz es una consecuencia de las acciones, decisiones y situaciones que ocurren en un determinado contexto. Sin embargo, la construcción de esa paz no se logra con afirmaciones y señalamientos que generan polarización y confrontación, sino con un diálogo constructivo que permita entender y respetar las diferentes posturas y buscar puntos de encuentro.
En mi humilde opinión, la coherencia en la crítica es fundamental para lograr un análisis riguroso y objetivo del objeto de estudio, sin caer en sesgos y distorsiones que dificulten la búsqueda de soluciones y mermen la capacidad de entender del lector. Debe recordar que la labor de todo columnista es evitar causar daño conscientemente, informar, educar y construir puentes de diálogo y entendimiento en la sociedad.
De usted me despido en forma afectuosa.
Eliécer Córdoba Lemus. Medellín.
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