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Si usted tiene jet privado y es marchante de arte, califica. En el caso mío, ni lo uno ni lo otro, pero una invitación oportuna de la prensa aquí en Holanda y un tren, en segunda clase, me permitieron asistir a este evento.
De las cosas que me maravillan de este pequeño y gran país, es el manejo de eventos de altura mundial. TEFAF (The European Fine Arts Fair – La Feria Europea de Bellas Artes) es una feria de arte a la que asisten dos tipos de personas, las que tienen mucho, mucho dinero, y las que tenemos poca, poca plata. Así es que me levanté a las 6 am, preparé el equipo, cámaras, tarjetas de corresponsal, y después de tres horas llegué a Maastricht. Una ciudad espectacular, capital de la provincia de Limburgo, donde el buen comer y el buen beber son parte de la cultura local.
¿Qué pasa con esta feria? Es como recorrer un gran museo donde todo está a la venta. Sin ser expertos, codearse con una acuarela de Van Gogh que vale 10 millones de euros (multiplicar por 2700 para convertirlo a pesos colombianos) de un pintor que cuando estuvo vivo la pasó muy mal, lleno de deudas, dependiendo de su hermano Theo quien lo apoyó con dinero, lienzos y pinceles para que sobreviviera, te hace pensar en las paradojas de la vida. Vincent van Gogh fue definitivamente un ser disfuncional que cayó en este planeta a una hora y tiempo incorrectos. Vivió sólo 37 años (1853- 1890) y luego decidió pegarse un tiro para así cerrar el capítulo de su vida llena de angustias. El pintor tuvo una sensibilidad muy especial. Durante sus primeros años en Holanda, con los largos inviernos, pintó el famoso cuadro de los Comedores de Papas. Algo gris, refleja la vida diaria de los campesinos de ese momento. Su vida cambió cuando viajó a París (la ciudad luz) y luego a la Provenza, donde los colores del paisaje hicieron que viviera otra experiencia. Los franceses, que a veces son insoportables, sostienen que en esta parte del sur estaba el paraíso terrenal. Lo peor es que pueden tener razón. Es una región hermosa, con la energía que fluye te dan ganas de volar, me consta. Vincent se instaló en el pueblo de Arlés y sintió toda esa vida que emana de la Provenza. Algunos temas sensibles como el ensayo de trabajo conjunto con Gauguin, el gran pintor de las tahitianas, no le fue bien. Y de ahí viene el cuento de la oreja que se cortó y nadie sabe a ciencia cierta cómo fue, el caso es que en una chifladura la empacó y se la envío a una prostituta. Tomaba y además debía trago malo, de ahí que se la pasó un tiempo en algunos manicomios. Su café preferido en Arlés aprovecha el nombre del artista para hacer negocio hasta la fecha. Estuve allí imaginándome sus estadías tempraneras al frente de una placita pensando en su próxima pintura. Un artista prolífico en su corta estancia en la tierra pintó más de dos mil obras entre olios, dibujos bosquejos.
Hay un pensamiento que dice: “No se trata de vender el sofá para evitar que la mujer le sea infiel.” Pues bien Salvador Dalí debió tener en mente el cuento y saber por qué SI se debía vender el sofá. Observé el que estaba a la venta en TEFAF, por algún valor inmenso, con forma de labios sensuales y entendí lo que Dalí quería expresar.
Para seguir con la historia de ricos y nosotros los pobres, en esta congregación de fortunas aparecen las esmeraldas colombianas: un collar con sus respectivos acompañantes (pulsera y aretes), valor total, euro menos euro más, 11 millones (x 2700 pesos colombianos).
La infinita riqueza en términos no sólo de dinero pero de arte espectacular, me dejó con un cansancio especial. En mitad de la feria, vi un sitio. Sin pensar mucho, con el peso de las cámaras, trípode, etc., decidí tomarme un descansito. Venía con mi presupuesto medido. Algo económico. Me senté en una de esas sillas altas que quedan en la barra. Al lado vi a una mujer elegantísima, inalcanzable, con unos anteojos que le sentaban muy bien y a través de los cuales miraba a su alrededor; su mente parecía divagar. De bocón, repito de bocón, pensando en que podría enriquecer mi nota y que esta persona trabajaba en alguna galería de arte muy importante, cometí el error de preguntar: “¿Le puedo ofrecer algo?”
– Sí claro – cogió el menú y ordenó. Un mesero apareció por encanto sideral.
-Por favor la media docena de ostras y una champaña francesa.
La respiración se me cortó. Sólo pensé, esta bogotanada de “¿le puedo ofrecer algo?” me va a costar un ojo de la cara.
El mesero, un tipo altote, con cara cínica, me miró: ¿Usted qué desea?
-Pues la verdad un tintico o un vasito de agua.
Nuestra intelectual comenzó a engullir ostras y champaña sin preguntar. Yo creí que por decencia me diría “¿Quiere probarlas?” o por lo menos me ofrecería un cunchito de champaña. Ni lo uno ni lo otro. Calladita fue administrándose las ostras y la bebida. Ante mis miradas de gorila ojigacho, me ofreció:
– Bueno tómese una champañita conmigo. Oiga, pero nada de meter mano, ¿ok?
– Acepté con esa dualidad del ser. Quizás en otro momento.
En medio de todo, le pregunté:
– Bueno y ¿usted qué hace?
– ¿Ve la galería de ahí enfrente con unos Picasso, Monet y demás? El dueño es mi padre. Un tipo avaro a morir. A mí me toca sentarme, distribuir catálogos, y el almuerzo lo tengo que pagar yo. Según él, estoy aprendiendo. Usted ha sido un ángel, apareció en el sitio en el momento adecuado.
Una vez terminado su almuerzo, se me acercó, me dio un beso en la mejilla y al oído, en forma sensual, me dijo “hasta el próximo año”.
Si quiere conocer más sobre esta impresionante feria de arte, su web es www.tefaf.com Yo preparé un video que puede ver en https://youtu.be/ksk-II3ihD8
Enrique Aparicio – Holanda – Marzo, 2015