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La fe mueve montañas. Eso es cierto. Pero también hace que líderes importantes digan cosas estúpidas. Y eso es lo que ha pasado con los atacantes moralistas de la campaña de publicidad de Profamilia #LaDecisiónEsTuya.
Valiente Profamilia. Y risibles los argumentos que han utilizado los conservadores, representantes del Concejo de Bogotá, miembros de la Procuraduría y los religiosos del país, que han dicho que esa campaña es una invitación a la muerte.
Falso.
Lo primero que hay que aclarar en este debate es que nadie quiere llegar a la posición, o al momento, de tener que tomar una decisión de abortar, y si es así, la medida no se toma por gusto. Punto.
Tratar de imponer, por medio de la fuerza de la ley, que la mujer en esa situación no tiene la capacidad de disposición sobre su propio cuerpo, su vida, o su destino, es una visión machista de la función del Estado.
Así mismo, obligar a una mujer a tener un hijo que no quiere, o que no está en condiciones de engendrar, es una exigencia igual de violenta y agresiva como obligarla a abortar.
Este debate no se debe parar en ninguna de esas obligaciones, sino en las opciones que, de nuevo, son de las mujeres, ya que la discusión del aborto es sobre la autonomía de ellas, no sobre la vida.
En 2006 la Corte Constitucional entregó esa autonomía en tres circunstancias excepcionales: violación, riesgo para la vida o la salud de la mujer, malformación del feto incompatible con la vida (ver sentencia), y aunque eso fue un paso muy importante en este debate, esa autonomía debería ser mayor.
Para eso es necesaria una discusión científica, y no moral o religiosa, con el fin de determinar la fecha máxima del embarazo en la que puede hacerse una interrupción de manera responsable y, en conjunto con eso, adelantar campañas serias de educación sexual, y estrategias que faciliten el acceso a los anticonceptivos, para evitar llegar a esa situación.
Esto con el fin de que el aborto sea la última de las opciones, pero una opción real. Hablar de esto y hacerlo de manera abierta y desapasionada, protegería cientos de miles de vidas de adolecentes y mujeres que mueren por intervenciones hechas desde la clandestinidad. Eso es una necesidad. Y empezar a realizar de manera responsable lo que ya esta regulado por la sentencia de la Corte Constitucional, es un imperativo.
El aborto es una situación difícil para todos. Sin duda. Pero es más para las mujeres que tienen que someterse a esto, sobretodo si son víctimas de violaciones; madres de fetos malformados; mujeres que por cuenta del embarazo tienen riesgos inminentes para sus vidas; o, incluso, adolecentes que por ausencia de educación sexual, o por error, quedaron en ese estado.
Lo que hay que entender es que si la adolescente embarazada, o la mujer victima de una violación, o la madre en riesgo de muerte quieren seguir adelante con su embarazo y tener a sus hijos porque así lo prefieren, es igual de aceptable y respetable como quienes no quieren hacerlo. Y por eso las opciones no deben estar determinadas por la fe, la moralidad o la ley, sino por ellas.
Pero los conservadores en el Concejo de Bogotá, los defensores de la fe religiosa, y el Procurador, se siguen oponiendo a esto, basados en una teoría que contradice la lógica de la sociedad. (Ver campaña de desinformación de la Procuraduría)
Friedrich Nietzsche dijo que “tener fe significa no querer saber la verdad”. Y en este debate la única verdad que importa es la que los opositores del aborto no dejan escuchar: las de la mujeres.