El largo camino de la reivindicación del fútbol femenino

Un recorrido de la relación entre el fútbol y las mujeres a través de la historia. ¿Aún falta?

Por Vía AFP
18 de marzo de 2019
El largo camino de la reivindicación del fútbol femenino
El pasado 17 de marzo, el estadio Wanda Metropolitano acogió a 60.739 espectadores para un encuentro entre Atlético de Madrid y Barcelona. Un nuevo récord europeo en un partido entre dos clubes al superar los 50.212 espectadores de la final de la Liga de Campeones femenina de 2012, entre el Olympique de Lyon y el Fráncfort.

 / Foto: Getty.
El pasado 17 de marzo, el estadio Wanda Metropolitano acogió a 60.739 espectadores para un encuentro entre Atlético de Madrid y Barcelona. Un nuevo récord europeo en un partido entre dos clubes al superar los 50.212 espectadores de la final de la Liga de Campeones femenina de 2012, entre el Olympique de Lyon y el Fráncfort. / Foto: Getty.

«El fútbol no es cosa de chicas». Durante décadas la sociedad asumió esta sentencia, pese a los intentos del fútbol femenino por reivindicarse, tras la Primera Gor lauerra Mundial y en los 60. La tercera ola puede ser la definitiva y el Mundial de Francia es el momento de confirmarla, pues el país europeo acogerá entre el 7 de junio y el 7 de julio la gran fiesta de este deporte.

La primera señal de emancipación surgió inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, con la «edad de oro» del fútbol femenino, según Xavier Breuil, autor de la ‘Historia del fútbol femenino en Europa’. Las mujeres, que descubrieron en las fábricas las actividades de los hombres, comenzaron a amar el fútbol.

Aquella época tuvo incluso su gran equipo, las ‘Munitionettes’ de Dick Kerr’s, el nombre de la empresa de armamento de Preston, y su gran estrella, Lily Parr, la única futbolista presente en el Salón de la Fama del fútbol inglés. Unos 53.000 espectadores llenaron el Goodison Park de Liverpool (el estadio del Everton) para un partido entre las Munitionettes contra el Saint-Helens en diciembre de 1920.

 

Pero el ‘establishment’ soñaba con un «regreso a la normalidad», según Breuil.

A partir de 1921, las grandes federaciones no solo rechazan integrar el fútbol femenino, sino que hacían la vida imposible a los clubes femeninos cuando se negaban a dejar sus estadios.

El movimiento feminista de los 60 Desde Inglaterra, el fútbol femenino sedució a las francesas, belgas y alemanas, pero sin el apoyo de las instituciones, la práctica acabó decayendo. Por ejemplo, el campeonato de Francia, dominado por el Femina Sports, dejó de disputarse en 1933 por falta de medios económicos.

Dos generaciones más tarde, en los años 1960, apareció una segunda ola, a la par que el desarrollo del movimiento feminista, «que liberó a la mujer políticamente, pero también desde un punto de vista físico- explica a la AFP la historiadora y socióloga Anaïs Bohuon- hacían lo mismo que los hombres y si querían acceder a las pasiones de la virilidad, podían».

Desde ese momento comenzó una ‘edad de plata’, con la disputa de la primera Eurocopa femenina en 1969, ganada por Italia, aunque ese torneo no está reconocido ni por la UEFA ni por la FIFA.

Un año más tarde se jugó un torneo mundial con victoria de Dinamarca, al que siguieron otras competencias, pero ninguna de ellas son oficiales. Hasta la década de 1970 numerosas federaciones europeas comenzaron a reconocer de nuevo el fútbol femenino.

El feudo de la virilidad Pero este renacer se fue apagando poco a poco. El movimiento feminista liberó la práctica, pero las burlas, el paternalismo y el repudio continuaron. «El fútbol seguía siendo ‘el feudo de la virilidad’ como expresaban los sociólogos Norbert Élias y Eric Dunning, los primeros que estudiaron el deporte», asegura Anaïs Bohuon.

Incluso fueron extendidos «temores médicos y sociales muy fuertes: que la mujer se virilice, que ponga en riesgo sus órganos reproductivos, que no asuma el papel que ha tenido reservado desde la noche de los tiempos», agrega Anaïs.

De 1970 a mediados de 1980, el fútbol femenino subistió, excepto en Estados Unidos, donde el «soccer está considerado como una disciplina prácticamente femenina, las niñas lo juegan desde muy pequeñas y forma parte de sus hábitos», recuerda la profesora Bohuon.

Es lógico que las norteamericanas dominen las primeras Copas del Mundo oficiales, ganando dos de las tres primeras ediciones (1991 y 1999). Noruega ganó el segundo Mundial disputado (1995).

La organización de torneos internacionales oficiales fue posible gracias a que a partir de mediados de los años 1980 las instituciones tomaron por fin en serio el fútbol femenino, organizando primero la Eurocopa (a partir de 1984, con Suecia como primer campeón) y del Mundial a partir de 1991. (También puedes leer: Récord de asistencia en el fútbol femenino de España).

Los años 2000 aceleraron este movimiento, con el nacimiento de la locomotora del fútbol europeo: la Liga de Campeones, y a partir de 2001-2002 se siguió el modelo de los hombres. (Te recomendamos leer: Denuncian acoso sexual en la selección femenina de fútbol de Colombia).

Cada vez son más las niñas que juegan fútbol en todo el mundo. Motivaciones hay muchas, familiares, personas cercanas, fútbolistas, películas, libros y demás. Sin embargo aún falta a nivel general. Ada Hegerberg, la primera Balón de Oro de la historia y la mejor jugadora del mundo en 2018 no estará en la cita mundialista de Francia… como protesta por el amateurismo de la federación de su país. El camino hacia la equiparación es aún muy largo. (Te puede interesar: Colombia seguirá contando con Liga Femenina de Fútbol).
 

Ada Hegerberg, la primera Balón de Oro de la historia y la mejor jugadora del mundo en 2018.
Ada Hegerberg, la primera Balón de Oro de la historia y la mejor jugadora del mundo en 2018.

 

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