De María del Rosario Guerra sobre un editorial

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El editorial publicado el domingo pasado, titulado “La cumbre del oscurantismo”, se aleja de toda realidad y de los verdaderos objetivos que tuvo la misma.

Esta no fue ninguna cumbre de oscurantismo pero sí de la defensa de los valores. Lo que se llevó a cabo en el Congreso de la República el pasado viernes 5 de abril fue una reunión de personas, principalmente legisladores de América, Europa y África, que defendemos la vida, la familia, la libertad de conciencia y de culto.

No es oscurantismo defender la vida como el primero y más importante de los derechos. Tampoco que ésta debe ser protegida desde la concepción hasta la muerte, y que el vientre materno debe ser el lugar más seguro para el niño que está por nacer. Bien dijo su santidad el papa Francisco ante el Foro Familia que el aborto “es como lo que hacían los nazis, pero con guantes blancos”.

Tampoco puede ser oscurantismo defender la familia como el núcleo fundamental de la sociedad. A ella hay que protegerla para que el amor, la solidaridad y el respeto sean la fortaleza entre sus miembros, muchos de ellos afectados por la drogadicción, el alcoholismo, el maltrato físico y sicológico, el desempleo y el divorcio, entre otras preocupaciones que exigen apoyo.

Tampoco puede ser oscurantismo defender que los ciudadanos ejerzan su íntimo derecho a creer y practicar su religión y objetar en conciencia.

Sé y entiendo que estos principios no son compartidos ni aceptados por otros ciudadanos, posición que respeto pero que no me impide a mí ni a tantos otros colombianos defender esos valores que han cimentado la sociedad de Occidente y nuestra patria.

Debemos preguntarnos: ¿en qué momento dejó de ser posible tener una opinión frente a estos temas sin ser tildados de retrógrados o de ultraderecha u otros señalamientos? ¿Por qué a los que defienden lo opuesto sí se les denomina progresistas y se les aplaude por hacer lo correcto? ¿Lo correcto para quién o para qué?

El Congreso de la República, lugar donde conviven una pluralidad de opiniones, ideologías y convicciones, ha sido escenario de distintos foros y audiencias públicas, entre otros temas, para promover el aborto, la eutanasia, el matrimonio entre parejas del mismo sexo, o tantos otros eventos impulsados por los partidos y movimientos políticos con asiento en el Congreso, sin que se haya cuestionado el apoyo recibido de la institución.

Ejemplo de ello fue la audiencia pública organizada por el Partido Verde el pasado 4 de octubre para defender que no se pusiera límite al aborto, o el foro realizado también en el Congreso en 2015 por la Fundación Buen Gobierno, Women’s Link Worldwide y Profamilia sobre “Aborto legal en Colombia: Presente y futuro”.

Gracias a Dios en Colombia aún es posible debatir en escenarios que brinda la democracia. Están más cerca de la censura y el oscurantismo quienes pretenden acabar el debate a través del constante ataque y la deslegitimación de las posturas contrarias clasificándolas como de “extrema derecha”.

Dicen que las mayorías no pueden pasar por encima de los derechos de las minorías, pero lo que el editorial plantea es que lo contrario sí es posible.

María del Rosario Guerra. Senadora de la República, partido Centro Democrático.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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