La hora de la verdad para Evo Morales

26 de octubre de 2019 – 12:00 a. m.
El presidente de Bolivia tiene en sus manos el pasar a la historia como el líder que logró importantes cambios sociales en su país, o convertirse en otro Maduro u Ortega. / Foto: AFP
El presidente de Bolivia tiene en sus manos el pasar a la historia como el líder que logró importantes cambios sociales en su país, o convertirse en otro Maduro u Ortega. / Foto: AFP

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La confianza que genera la transparencia es el fundamento esencial para que el resultado de unas elecciones sea aceptado. Este principio básico se perdió el domingo pasado en Bolivia, en el instante en que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) interrumpió de manera sorpresiva el conteo de votos cuando apuntaban hacia una segunda vuelta. En medio de la tensión y los actos de violencia, el presidente y candidato a la reelección, Evo Morales, se declaró ganador y su competidor, Carlos Mesa, ha denunciado fraude electoral. Las misiones electorales de la OEA y la Unión Europea señalan un manejo irregular del escrutinio.

En momentos de incertidumbre, y con los ánimos caldeados, es de esperar que prime la prudencia. Los hechos de violencia, en especial contra sedes del TSE, no pueden dar paso a enfrentamientos en las calles. Los seguidores de Mesa convocaron a un gran paro nacional para defender la democracia. Quienes apoyan a Morales, en especial campesinos, trabajadores e indígenas, ya se han movilizado para respaldarlo en su aspiración de ser reelecto por cuarta vez. Alegan que, de acuerdo con el TSE, su candidato ganó con el 47,07 % de los votos frente al 36,51 %, lo que, a pesar del estrecho margen, hace innecesario ir a una segunda vuelta. Respaldan a su líder, con 13 años en el poder, quien ha dicho que hay un golpe de Estado orquestado desde afuera.

Frente a la grave polarización existente, tanto al presidente como al líder opositor les corresponde actuar con suficiente grandeza y ecuanimidad en sus declaraciones. La historia de Bolivia ha demostrado cómo se pueden presentar hechos de sangre con un alto número de muertos y heridos. Morales abrió la puerta a una solución viable al invitar a la OEA a que realice una auditoría de todas las actas para despejar cualquier duda. El canciller de dicho país, Diego Pary, ratificó la invitación el jueves pasado en una sesión de su Consejo Permanente. La propuesta luce como el camino más sensato a seguir, al contar con un observador imparcial que garantice la transparencia de todo el proceso. Pero, luego, Evo contaminó el ambiente al decir que la Misión de Observación Electoral de la OEA “ya está con el golpe de Estado”.

La OEA es reconocida por la seriedad y profesionalismo en sus observaciones electorales. No en vano Venezuela no le volvió a permitir el acompañamiento en sus elecciones. Luis Almagro, su secretario general, aceptó de inmediato la invitación frente al temor de lo que pueda suceder si no hay una solución pacífica a la actual crisis. Sin embargo, solicitó que no haya un resultado oficial mientras no termine la auditoría y que sus conclusiones sean vinculantes para las partes. Tiene todo el sentido que la actividad solicitada por el gobierno conlleve el congelamiento de un resultado definitivo. En caso contrario, la auditoría se llevaría a cabo frente a un hecho cumplido. En caso de que así sucediera, si el resultado no es el esperado por el gobierno, sería muy difícil revertir la decisión ya anunciada y validada por los seguidores de Evo.

Las cosas se agravan aun más, pues mientras se acepta la auditoría internacional de las actas, al mismo tiempo se abre la puerta a la discrecionalidad del Ejecutivo, que controla el órgano electoral, al decir que “cualquiera que sea su criterio, deben tener en cuenta el respeto a nuestra Constitución”. ¿Significa esto que la transparencia del gobierno estará supeditada solo a la validación de la aspiración de Morales?

No puede haber duda sobre la transparencia real de los comicios en Bolivia. En caso contrario, dicho país se sumará a los casos de Venezuela, Nicaragua y Honduras (por lo sucedido en sus elecciones presidenciales de 2017, con serias irregularidades). Evo Morales tiene en sus manos el pasar a la historia como el líder que logró importantes cambios sociales en su país, con ciertos visos autoritarios, o convertirse en otro Maduro u Ortega.

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