
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Nada por estos días en Bolivia queda al margen de lo que está sucediendo en materia política y social. La renuncia de Evo Morales a la presidencia fue un elemento más de un coctel que ya venía agitándose y amenazaba con explotar desde el 21 de febrero de 2016, día en el que el exmandatario perdió el refrendo que les preguntaba a los bolivianos si estaban de acuerdo con que se presentara como candidato en las elecciones presidenciales de 2019.
El 51,3 % de los bolivianos no estuvo de acuerdo, pero Morales acudió al Tribunal Constitucional e indicó que, si se le negaba esa posibilidad, se le estarían negando sus derechos humanos. Finalmente, a trancas y a mochas, el hombre que venía gobernando el país desde el 22 de enero de 2006, obtuvo el aval.
Por obvias razones la agenda mediática del continente apunta sus reflectores hacia lo que está sucediendo en Bolivia, pero mira de soslayo lo que está pasando en Chile, en donde las manifestaciones sociales han frenado decisiones de gobierno y han generado la renuncia de todos los ministros del presidente Sebastián Piñera.
Ante este panorama crispado poco es el espacio que tiene la información cultural en Bolivia. Sin embargo, allí, casi que, en silencio, circula la información relacionada con mundo. Este es un monitoreo de lo que dicen los portales web de los principales medios de comunicación de Bolivia en materia cultural en medio de la crisis.
Tras la renuncia de Evo Morales a la presidencia se vino una ola de renuncias ministeriales. Una de las primeras en renunciar al cargo, fue la Ministra de Culturas y Turismo, Wilma Alanoca. Esta es la información que más se repite en la sección de Cultura de los medios bolivianos.
«He sido víctima de amenazas de muerte, de la quema de mi domicilio y también de otro tipo de amedrentamientos. Quiero decirle que, si pasa algo con mi persona, con algún miembro de mi familia o mi infraestructura, será de entera responsabilidad de Carlos Mesa, Luis Fernando Camacho, Waldo Albarracín y Marco Pumari (miembros de la oposición)».
En Bolivia, quizá más que en otro país de la región, el cargo del Ministerio de las Culturas es de suma importancia. Sobre todo, si se tiene en cuenta que, de acuerdo a información oficial, en ese país existen 36 diferentes naciones o pueblos indígenas originarios y campesinos, reconocidos por la Constitución Política del Estado.
De las 36 lenguas reconocidas en Bolivia, español, quechua, aymara y guaraní son las más habladas. Ocho de ellas, araona, mosetén, movima, sirionó, yaminahua, yuqui, tapiete y machineri están en riesgo de extinción.
En Bolivia existe una gran riqueza en tradiciones, vestimentas, bailes y costumbres, mismos que han sido conservados desde la colonia hasta nuestros días. Las tradiciones de los pueblos anteriores a la colonia se mezclaron con las de los españoles en tiempos de la colonia, lográndose el mestizaje de la vestimenta y tradiciones, que aún son conservadas por la población y revividas en las festividades folklóricas del país, entre las que destacan: El Carnaval de Oruro, la Entrada del Gran Poder en la ciudad de La Paz, la Entrada de la Virgen de Urkupiña de la ciudad de Cochabamba, la festividad de Los Chutillos en Potosí.
Por ese vínculo tan activo entre mestizos e indígenas este cargo en Bolivia es de importancia.
Protagonistas de la escena musical boliviana no han sido ajenos al estallido social. Página 7, por ejemplo, reseña las palabras del compositor boliviano nominado a los premios Grammy, Vladimir Suárez.
“El pueblo está totalmente cansado de este gobierno. Cansado de la corrupción, del abuso, del autoritarismo y, sobre todo, cansado de un hombre que no tiene el más mínimo amor por su patria”, afirma Suárez en su video en YouTube, en el que comparte el proceso de creación de ¿Quién se cansa? en ritmo de caporal.
Ese estribillo «¿Quién se cansa? Nadie se cansa», es de los más versionados por estos días en Bolivia.
Drácula Sinfónico, que debía realizarse hoy y mañana, también fue cancelado pese a que ya se habían vendido entradas; la presentación del jueves 7 de Manuel Monroy, El Papirri, tampoco se llevará a cabo. El Tiflocine (cine para personas ciegas y sordas) que se programó en el Teatro 6 de agosto corrió con la misma suerte.
Uno de los conciertos más esperados (el de AB Quintanilla y los Kumbia Kings) previsto para el viernes 15 en el Teatro al Aire Libre no se realizará, informó Mabel Franco, jefa de espacios escénicos municipales».
El Teatro Nuna también canceló cuatro actividades; en tanto que Casa Grito suspendió sus talleres de pintura y escritura para niños. El encuentro anual de artistas Mega Fest tampoco pudo realizarse por los conflictos.
En el Tambo Quirquincho ya no se armarán mesas por Todos Santos (lo cual debió hacerse ayer en conjunto con gente de Perú y México), informó la gestora Miriam Salcedo.
Esta semana, el Ministerio de Culturas también suspendió el anuncio de los premios nacionales de Literatura.
“Debemos precautelar la seguridad de los artistas y del público”; “las manifestaciones, por lo general, son en la noche y nadie participará”; “la situación nos rebasa”; “ahora hay cosas más importantes en las que pensar”; son algunas de las explicaciones que los gestores responden ante la pregunta: “¿por qué las actividades culturales han sido canceladas o suspendidas?”., dice La Razón.
En este mismo medio, el pasado 7 de noviembre Erick Ortega publicó una reseña del libro ‘Cholitas’.
«El libro muestra fotografías de mujeres de pollera bolivianas. Se exhibe en el Paris Photo 2019, la feria de arte más grande del mundo dedicada a la fotografía. La publicación contiene 25 retratos de la francesa Delphine Blast.
Con un manjar de colores y elegancia sobre el papel. Las mujeres de pollera que salen retratadas en ‘Cholitas’ muestran la riqueza de su vestuario en el libro que se exhibe desde el jueves 7 hasta el domingo 10 de noviembre en el Paris Photo.
Delphine Blast es la orgullosa fotógrafa que se pasó semanas fotografiando a las mujeres de pollera y que luego publicó el libro, con la guía del editor Pierre Bessard. La autora mira con admiración a las cholas de Bolivia. “Son mujeres muy fuertes, quienes siempre lucharon por sus derechos y son muy inspiradoras para mí. Su historia me fascina”, explicó a La Razón, vía Facebook.
Y es que sobre esto si hay mucho que decir porque otro aspecto del folklore boliviano es la característica de sus instrumentos nativos, tales como el charango, la quena, el violín tarijeño, el erke, el pututu, el tamborcito, las zampoñas y la matraca entre otros.
El Carnaval de Oruro y el Ichapenkene Pesta fueron inscritas Patrimonio Cultural de la Humanidad.
En la zona del Altiplano es común ver multicolores vestimentas y tejidos, confeccionados con lanas de llama, alpaca, vicuña u oveja, que han sido teñidos utilizando colorantes naturales. Los tejidos con patrones geométricos, zoomorfos y antropomorfos y barras son conocidos como Aguayos o – en quechua – lliqllas (el término awayo es voz quechua y significa tejer). Es común la presencia de estos elementos en comunidades de las y los aymaras, quechuas, urus y chipayas, huarani, tupihuarani con variaciones en tonos o colores dependiendo de cada comunidad. En las ciudades, los descendientes indígenas que migraron han adquirido también vestimentas características que tuvieron origen en tiempos de la colonia. Las mujeres son las mejores representantes de esta herencia, pudiéndose diferenciar claramente el vestuario de mujeres potosinas, orureñas, paceñas, cochabambinas, chuquisaqueñas y tarijeñas. Incluso en La Paz, las comunidades afrobolivianas han sabido mantener tradiciones, música y por supuesto vestimentas características y muy diferenciables del resto, sin significar esto una pérdida de vistosidad, identidad y belleza.
Por allì, perdido entre el mar de noticias políticas, Paula Jordán publica una entrevista con pintor orureño Fabricio Lara, quien habla de su exposición «La mujer es la base de la sociedad».
«El artista orureño Fabricio Lara incorpora en sus cuadros la seda, un elemento que tomó inspirado de los trajes folklóricos. La exposición de 30 cuadros de temática femenina se exhibe en la galería Mérida Romero», reseña Jordán.
El objetivo en primera instancia es el de poder transmitir una sensación ya sea pétrea, acuosa, lítica, solar, rupestre o cósmica y transportarme o transportar al espectador a diversos contextos, galaxias y/o universos”, dice el artista sobre esta particular muestra.