La salida de Estados Unidos de Afganistán

04 de marzo de 2020 – 12:00 a. m.
"Todo indica que Donald Trump prefirió optar por el pragmatismo en las negociaciones con los talibanes”. / Foto: AFP
«Todo indica que Donald Trump prefirió optar por el pragmatismo en las negociaciones con los talibanes”. / Foto: AFP

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Un acuerdo alcanzado en Doha (Catar) con los talibanes el pasado fin de semana les permitiría a Washington y a sus aliados de la OTAN retirar, dentro de los próximos 14 meses, a sus tropas de Afganistán. El anuncio es un triunfo para el presidente Donald Trump, en año electoral, pues terminaría la presencia militar en dicho país tras 19 años. Sin embargo, es incierto lo que suceda, pues los talibanes se comprometieron a no atacar tropas norteamericanas, pero dejaron abierta la posibilidad de ir contra el gobierno afgano. La guerra parece no tener fin en ese país.

Tanto Barack Obama como Trump buscaron salir del laberinto afgano al que se llegó tras la invasión de 2001, ante los ataques de Al Qaeda contra las Torres Gemelas y el Pentágono. La demora en aprobar el retiro no obedeció solo a falta de voluntad política, sino que involucró una serie de variables complejas. Para Obama, la disyuntiva de irse definitivamente, sabiendo que los talibanes volverían al poder tras derrotar militarmente al gobierno, era un costo demasiado alto. En especial, porque una vez volvieran a controlar el país, como lo hicieron en los 90, podrían convertirse en el refugio para grupos fundamentalistas musulmanes. En el nuevo acuerdo, dicen, se comprometen a no permitir la presencia de Al Qaeda.

Todo indica que Trump prefirió optar por el pragmatismo, en medio del pantano en que se ha convertido Afganistán. De momento, y atendiendo al nivel de cumplimiento de los acuerdos por parte de los talibanes, en las próximas 20 semanas el Pentágono ordenará el retiro de 5.400 soldados. Lo cierto es que la Casa Blanca necesita presentar resultados concretos en política exterior. Las relaciones con sus principales aliados estratégicos, en especial los europeos, así como México y Canadá, han enfrentado serios problemas. Su cercanía con Vladimir Putin, las fallidas negociaciones con Corea del Norte, los problemas crecientes en Siria e Irak, el absurdo plan para solucionar el conflicto palestino-israelí y la incapacidad para encontrar una solución a la dictadura venezolana no han sido la mejor carta de presentación internacional.

De allí que anunciar el retiro de sus tropas de Afganistán luego de 19 años, 2.400 soldados muertos y miles de heridos, es una buena noticia y así la presentará Donald Trump cuando tenga que medirse con quien sea su contendor en el lado demócrata. Pero recibirá fuertes críticas. Comenzando por el país asiático, pues la sensación que le queda a dicho gobierno es que no solo no fue tenido en cuenta para los diálogos en Catar, sino que, además, se le han impuesto responsabilidades que no están dispuestos a cumplir. Su presidente, Ashraf Ghani, se manifestó contrario a la liberación de 5.000 prisioneros talibanes, pues el compromiso lo asumieron los negociadores estadounidenses. Los talibanes, por su parte, aceptaron una representación de delegados que no fueran del gobierno de Kabul, al que consideran un títere de Washington. De allí que no extrañó que, tan solo unas horas después del anuncio del acuerdo, los talibanes reiniciaran los ataques contra el ejército afgano.

El enviado estadounidense, Zalmay Khalilzad, dijo que la delegación que formó parte de las negociaciones fue “incluyente” y de la misma fueron parte “importantes figuras del gobierno, responsables claves de partidos políticos, miembros de la sociedad civil y mujeres”. Lo cual no necesariamente garantiza que, una vez terminada la retirada de las tropas dentro del plazo establecido, ante la eventual caída del gobierno de Ghani y el retorno de los talibanes al poder, se vaya a respetar el espacio que se ha ganado hasta el momento por parte la sociedad civil, especialmente en lo que tiene que ver con las mujeres. Ya es conocido el radicalismo religioso que suelen aplicar desde el gobierno. Así lo manifestó lacónicamente Fawzia Koofi, negociadora femenina: “Las mujeres han perdido tanto. ¿Cuánto más podemos perder?”.

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