Si 24,7 millones son mucho…

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La problemática de la deforestación en Colombia, particularmente en la zona amazónica, es cada vez más preocupante. Pero resulta también alarmante que las acciones que se deben emprender para mitigar esta situación sean tomadas a la ligera o se dé información inexacta que no contribuye a dimensionar de manera clara el problema.

Por ejemplo, comprometerse a sembrar 180 millones de árboles para 2022, sin tener un plan exacto que nos permita proyectar las actividades asociadas con esta tarea, puede convertirse en un ejercicio quijotesco. Aún no logro entender cómo lo van a hacer en tan corto tiempo. Tampoco es prudente anunciar que se han sembrado 24,7 millones de árboles en un año, cuando, de acuerdo con un artículo de El Espectador del 26 de enero de 2020, “no se dice específicamente dónde” se ha hecho dicha siembra.

Hace dos años conocí de primera mano la estrategia de Celsia en el Valle del Cauca, que siembra con mucha dificultad un millón de árboles al año. Su meta son 10 millones de árboles en un lapso de 10 años en el departamento. Para lograrlo tiene viveros con especies nativas y otras autorizadas por la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca para hacer las actividades de siembra de manera pertinente. Las semillas deben ser cuidadas hasta obtener plántulas de cierto tamaño, según cada especie. Es una tarea grande para una empresa que tiene el músculo financiero y logístico. Además, se debe tener gente dedicada a las actividades, transporte de plántulas y personal a los lugares identificados y concertados previamente, y hacer un monitoreo para que la forestación cumpla su objetivo. Es un ejercicio que requiere diseño, planeación, ejecución, evaluación y, sobre todo, una logística impecable y rigurosa.

Entonces me pregunto: ¿cómo lograron sembrar 24,7 millones de árboles en un año? ¿Cuándo? ¿Dónde? Haciendo cálculos, han debido encargar a una brigada completa del Ejército en esa tarea, sin descanso. Es difícil de entender. Y mucho menos se puede dimensionar cómo, de manera estratégica, planeada y organizada, van a sembrar 180 millones de árboles en lo que queda de gobierno.

Ojalá sea una realidad. Sembrar no es tan fácil. No siempre es efectivo. Requiere comprender un territorio, hacer una gestión con especies adecuadas y una labor permanente de conservación. Y, sobre todo, trabajar de manera participativa con las comunidades. Por el bien de los territorios y del ambiente, ojalá lo logren.

Alejandro Borrero Fernández. Experto en planificación territorial y gestión ambiental.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.
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