Tres cartas de los lectores

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Respeto a las creencias religiosas En la columna de Julio César Londoño del pasado sábado 18 de abril, titulada “Gabriel Gilinski, un alquimista invertido”, el autor hace una innecesaria y ofensiva mención de la Torá, libro sagrado del pueblo judío, con la inocultable intención de amplificar sus acusaciones, señalando la creencia religiosa como blanco de su diatriba.

Las creencias religiosas y sus pilares principales merecen respeto y el hacer alusión a las mismas para acentuar argumentos contra quien las profesa es incurrir en condenables formas de discurso de odio.

Marcos Peckel. Director ejecutivo, Confederación de Comunidades Judías de Colombia

Volver al campo (I) Nunca como ahora se evidencia más pertinente, más imperativo, volcar a Colombia hacia el campo. Compartimos con el mundo la necesidad de producir alimentos, tenemos las tierras y el clima adecuados y requerimos ocupar productivamente a miles de desempleados que de manera creciente estamos generando, que encontrarían ocupación y sustento. Podemos jugárnosla y montar un “New Deal” a la colombiana, construyendo sobre lo construido. Contamos con gran cantidad de tierra feraz y aprovechable y millones de manos deseosas de organizarse y producir, así sea única e inicialmente por el prurito de alimentarse y levantar familia en paz. Podemos concentrarnos en distritos de riego, vías terciarias, asesoría técnica, insumos, cadenas de frío y de distribución, educación primaria y secundaria en nuestros campos. Es el momento de ser audaces y de pensar en grande, todo está dado para ello, incluido el momento histórico.

Gabriel Rivera Giraldo.

Volver al campo (II) Desconozco la cifra actualizada de cuánta tierra esté aún en poder del Estado: ¿centenares de miles o quizá millones de hectáreas?

Sabemos que la cifra de desplazados del campo a las ciudades es millonaria; algunos hablan de más de seis millones, otros calculan diez millones. Estos desplazados por la violencia y por el conflicto armado han llegado en su mayoría a engrosar los cinturones de miseria en las zonas urbanas y muchos deben ganarse el sustento en el “rebusque” o “día a día”.

¿No sería este el momento apropiado para ubicar a quienes lo deseen de nuevo en el campo, bien sea adjudicándoles parcelas, herramientas, asesoría y garantizándoles la supervivencia hasta la cosecha, o creando grandes cooperativas agrícolas?

En mi sentir, esta sería una solución realista y duradera, y de contera se descongestionarían las ciudades y se disminuirían la presión social y la violencia que están tomando magnitudes preocupantes ante la depresión (no recesión) económica que se está formando.

Carlos A. Trujillo Restrepo.

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