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No es normal lo que hizo Lamine Yamal. En plena celebración del título de liga del Barcelona, el que para algunos es el mejor jugador del mundo sacó una bandera palestina y la ondeó frente a miles de personas.
En un momento de gran exposición, no dudó. Con apenas 18 años hizo toda una declaración. Y que pase eso no es común en el fútbol de hoy.
Lamine Yamal 🇵🇸 💙 ❤️ 💛 https://t.co/pSoXggWDNR pic.twitter.com/BpyuA2CNKC
— State of Palestine (@Palestine_UN) May 11, 2026
Un deporte que esquiva la política que no le conviene
El fútbol se ha blindado. La FIFA lo tiene como norma: los estados no deben interferir en el deporte. El organismo defiende eso con fiereza. Aunque de forma selectiva. Nada le impidió a Gianni Infantino entregarle el FIFA de la Paz a Donald Trump. Nada le impidió vetar a Rusia por la guerra en Ucrania mientras otros países que también han violado la paz siguen compitiendo sin problema.
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El fútbol dice que no se mezcla con la política. Pero sí lo hace. Solo que a conveniencia.
Hubo figuras que no le temían a eso. Diego Armando Maradona tenía posturas políticas que no ocultaba. Johan Cruyff tampoco. Y Sócrates, el médico brasileño que jugaba como centrocampista, construyó dentro del Corinthians un modelo de democracia interna que fue experimento social tanto como deportivo. Ninguno de los tres esperó para hablar.
Eso ya no pasa. El fútbol se volvió más dócil. Más servil con el establecimiento. Yamal rompió eso. Aunque sea por un momento.
Lamine Yamal ondea la bandera de Palestina en la celebración del título de Liga del FC Barcelona. pic.twitter.com/9WQJ2vP0Jd
— Palestina Hoy (@Palestinahoy01) May 11, 2026
Lo que hizo Yamal
La celebración fue el lunes. Hoy, viernes, el mundo todavía habla de ello. Eso dice todo sobre el peso del gesto.
Su entrenador, Hansi Flick, fue directo cuando le preguntaron. “No me gusta”, dijo. Punto. Lo respetó como decisión personal de su jugador, pero dejó claro que no lo comparte. No está solo en esa postura. En el mundo del fútbol, que los jugadores “se metan en política” está mal visto. Se dice que daña su imagen, los divide y los expone.
🇵🇸❗️ Hansi Flick: "Le dije a Lamine Yamal que no me gustó que cogiera la bandera de Palestina"
— Diario SPORT (@sport) May 12, 2026
💬 "Nosotros nos dedicamos a jugar al fútbol y tenemos que tener en cuenta lo que la gente espera de nosotros" pic.twitter.com/pqVlnaQsl8
Y en parte es cierto. El costo es real. No obstante, no todo el mundo en el fútbol piensa igual que Flick. Hay quienes consideran que un deportista con la visibilidad de Yamal tiene no solo el derecho sino la responsabilidad de hablar. Que callar también es una postura y que la neutralidad, en ciertos contextos, es otra forma de tomar partido.
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Desde Palestina… gracias, Lamine Yamal 🙏🇵🇸 pic.twitter.com/odkvnfgidj
— Palestine Football Association (@Palestine_fa) May 12, 2026
Dos mundos, dos gestos
Lionel Messi es el ejemplo más claro del fútbol dócil. El 5 de marzo de este año, visitó la Casa Blanca junto al Inter Miami tras ganar la MLS 2025. Trump lo elogió. Lo llamó ganador. Insinuó que podría ser mejor que Pelé. Messi sonrió, posó para las fotos y no dijo nada que perturbara el momento.
Es su derecho. Nadie está obligado a hablar, pero el contraste con Yamal es elocuente.
Messi eligió estar del lado del poder. Del presidente más poderoso del mundo. Del hombre que hoy tiene conflictos abiertos con Irán y varios frentes de tensión global. Yamal, por su lado, eligió poner el foco en Palestina.

No es un juicio moral sobre Messi. Es una lectura política sobre lo que cada uno decidió hacer con su visibilidad.
Por qué su gesto importa
Lamine Yamal no llegó a ese gesto por accidente. Es hijo de migrantes. Su madre es de Guinea Ecuatorial. Su padre, de Marruecos, es una persona activa políticamente, conocido por oponerse abiertamente a grupos de extrema derecha en España. Yamal creció en Rocafonda, un barrio obrero de Mataró. Conoce la marginación desde adentro.
De ahí viene su gesto. Y eso es exactamente lo que lo hace incómodo para el fútbol moderno.

Un deporte que necesita marcas, contratos, audiencias globales y figuras “sin aristas” no sabe qué hacer con alguien que ondea una bandera palestina en el momento de mayor gloria. No sabe cómo venderlo. No sabe cómo contenerlo.
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Pero tampoco puede ignorarlo. Lamine Yamal acaba de recordarle al fútbol mundial que los jugadores son personas. Que tienen historia. Que tienen postura. Y que a veces, esa postura vale más que cualquier gol. No es común ver gestos así. Por eso importa tanto.

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