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En respuesta al editorial del 11 de mayo de 2023, titulado “Los lazos con África son importantes”.
El pasado 11 de mayo se publicó un editorial en El Espectador titulado “Los lazos con África son importantes”, en medio de la polémica impulsada por grandes medios de comunicación acerca de la pertinencia y el costo del viaje de la vicepresidenta Francia Márquez a varios países del continente africano.
El editorial, que prometía explicar las razones de peso para tejer relaciones diplomáticas, de colaboración, desarrollo mutuo e intercambio de conocimiento Sur-Sur, se malogró cuando criticó a la vicepresidenta por, según dicen, adoptar “la pésima costumbre de responder con agresividad a los cuestionamientos públicos”, refiriéndose a la respuesta de ella a un periodista que le insistía para obtener sus declaraciones sobre la polémica por su viaje a África. Con un gesto orgulloso, ella le contestó: “No tengo que aclarar nada”. Entre otras razones, porque los motivos de su viaje e itinerario ya habían sido presentados a través de los medios de comunicación de la Vicepresidencia.
Ese lenguaje no verbal, la quijada de ella elevada al cielo, la mirada indiferente y su negativa a responder a una clara provocación fueron leídos a través del código cultural altoandino, es decir, como se dijo en el editorial, un ejemplo más de su “agresividad”. De allí varias voces generadoras de opinión en medios y redes sociales, la mayoría del centro del país y de sectores medio-altos blanco-mestizos, coincidieron en versiones de su interpretación más o menos similares: Francia Márquez debe aprender a comunicarse correctamente.
¿Pero qué significa “lo correcto” en la comunicación para estos críticos y editorialistas? ¿Cuál fue la agresividad que ellos veían y que para otras personas no era evidente? Sin duda, la base cultural sobre la cual se juzgó como violento el lenguaje no verbal de la vicepresidenta es diferente a la de ella. La mayoría de la ciudadanía colombiana habla español, pero también decimos con el cuerpo. Nuestras formas de expresión corporal no son idénticas: el significado del tono, los gestos y los silencios cambia en situaciones de comunicación multicultural.
Desde siglos atrás las comunidades afrodescendientes del noroccidente del Cauca han librado muchas luchas por su libertad. Fueron cimarrones en tiempos de esclavitud y vivieron de forma autónoma al poder colonial durante décadas. Tiempo después los megaproyectos de desarrollo y agroindustria fueron de nuevo una amenaza a su autodeterminación y se enfrentaron a ellos. El lenguaje no verbal de la vicepresidenta tiene las huellas de esa resistencia, no es la expresión de una esclavizada, sino la de una mujer libre desde generaciones atrás. De ahí su frente en alto y su altivez.
Por supuesto que como alta funcionaria pública debe responder por sus acciones, pero los medios aún no la reconocen como autoridad, la tratan con displicencia y sorna encubierta, y algunos periodistas le hacen preguntas malintencionadas para obtener lo que desean: representarla como “salvaje”. Un espectáculo indignante.
Es una responsabilidad nuestra —me refiero a la sociedad mayoritaria, en especial de los medios de comunicación— aprender y traducir de forma adecuada otras formas de decir en una nación de tantos pueblos, antes de calificarlas simplemente como agresivas. Esto solo alimenta la estereotipia racista que imagina condescendencia y servilismo como único lugar posible para la gente afrocolombiana.