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El fútbol muchas veces es así de cruel y épico. Y partidos como el de este sábado son los que nos hacen enamorarnos de este deporte. La final de la Copa América Femenina 2025 fue uno de esos duelos que quedará grabado para siempre en la memoria.
Para Colombia será durísimo. Lo dejó todo sobre el campo, jugó de igual a igual contra Brasil, que sumó su novena corona de 10 posibles, durante 120 minutos. El partido fue de infarto, 4-4, pero la lotería de los penaltis les negó la cima a las colombianas. Fue una noche de fútbol antológico, de emociones desbordadas, y de una herida que, aunque duele, también enorgullece. Hay que irse con la frente en alto y hacer oídos sordos de las críticas despiadadas que vendrán, las de que siempre perdemos en las finales. Eso lo dirán los que no vieron el compromiso, ni siguieron el camino de la selección en el torneo. De menos a más, hasta retar a la gran potencia de Sudamérica.
Un partido inolvidable: Colombia, a un paso
Colombia se plantó con valentía desde el primer minuto. A los 25’, Linda Caicedo rompió el cerrojo brasileño tras una asistencia quirúrgica de Mayra Ramírez. La estrella vallecaucana, siempre desequilibrante, fue la figura de la primera mitad, generando peligro durante los primeros 45 minutos. La Tricolor dominaba y soñaba con la hazaña.
Sin embargo, el fútbol no entiende de merecimientos. Cuando el primer tiempo moría, una falta sin balón de Jorelyn Carabalí bajo la euforia. Tras revisión del VAR, la jueza chilena Dione Rissios sancionó penalti. Angelina ejecutó con maestría y Brasil empató 1-1. Fue un balde de agua fría que convirtió el descanso en un ejercicio de resiliencia.

El complemento comenzó con un golpe de suerte. Un error grosero de Tarciane, que intentó devolver la pelota a su arquera, terminó en autogol. Colombia volvía a estar arriba en el marcador, pero Brasil respondió con la jerarquía de las campeonas. Amanda Gutierres, con una gran maniobra individual, equilibró de nuevo las acciones.
La emoción no se detuvo. A cinco minutos del final, Linda Caicedo comandó un contragolpe que pareció definitivo. Arrastró marcas y habilitó a Mayra Ramírez, quien, con temple, firmó el 3-2. La gloria parecía cerca, pero apareció Marta Vieira, la leyenda, para amargar la fiesta. En el último suspiro, cazó un rebote y sentenció el 3-3 que llevó la final a la prórroga.
Leicy Santos salvó la prórroga: los penaltis fueron la sentencia
El tiempo extra fue una montaña rusa de emociones. Marta, otra vez, apareció con la camiseta de heroína para adelantar a Brasil 4-3. No obstante, Colombia no bajó los brazos.
Linda fue derribada al borde del área y Leicy Santos, con un tiro libre de antología, empató la final a 4-4 en el minuto 115. Era una final que no quería acabarse.
Los penaltis llegaron como sentencia. Katherine Tapia se vistió de gigante y atajó dos disparos, pero la efectividad de las brasileñas fue superior.
Colombia falló tres lanzamientos y la serie terminó 5-4 a favor de la canarinha, que conquistó su noveno título continental. La Tricolor, otra vez, se quedó a centímetros de la gloria.
La selección femenina, con la frente en alto
Fue un desenlace cruel, pero fue la final más emocionante en la historia de la Copa América Femenina. Un partido que dignificó al fútbol y que consagró a una selección colombiana que se ha ganado el respeto del continente. Las lágrimas de las jugadoras al final fueron de tristeza, pero también de orgullo por lo vivido.

Colombia perdió la copa, pero ganó algo mucho más valioso: la certeza de que está a la altura de las mejores. Jugó de tú a tú contra una Brasil histórica, la llevó al límite, y dejó claro que el presente de la Tricolor femenina sigue siendo brillante. No fue el día del título, pero fue el día en que el país abrazó nuevamente a sus guerreras.
En la noche de Quito, Colombia escribió una historia de resistencia, talento y corazón. La final perdida en penaltis no es un punto final, sino una promesa. La promesa de que, algún día, la Copa América será colombiana. Y ese día, las lágrimas serán de felicidad.
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