Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Hay un pasillo de personas. Todas y todos llevan camiseta rosada y ropa para correr, están casi listos para arrancar. Sin embargo, antes de que suene cualquier señal de salida, los asistentes se alinean, forman un corredor que se extiende hacia atrás como una pared ancha y fuerte, y esperan.
Avanzando por la mitad viene un grupo de mujeres. Algunas tienen el pelo muy corto, casi rapado. Otras lo llevan con pañuelo. Todas visten una camiseta de un color diferente al de la multitud, para que no haya lugar a confusión: ellas son las protagonistas. Son sobrevivientes de cáncer de mama, o están pasando ahora mismo por la quimioterapia.
Este domingo 24 de mayo, Bogotá se convierte por tercera vez en el escenario de esta carrera que nació en Medellín en 2016 y que hoy convoca a miles de personas en tres ciudades del país.
Todo empezó con Lina Inestroza. Recién terminada su quimioterapia, todavía con el pelo apenas asomando después del tratamiento, decidió participar en Corre mi Tierra, una carrera de Medellín.
Lo que sintió al correr ese día fue tan poderoso que, al llegar a la meta, buscó a Jorge Andrés Orozco y a Cristina Martínez , los creadores del evento, y les planteó una idea: tenían que hacer una carrera que mandara ese mensaje a las mujeres de todo Colombia. De esa conversación nació la Carrera de las Rosas.
“Todos tenemos una persona que llevamos en el alma, todos tenemos una persona que cargamos en el corazón. Carrera de las Rosas da esa oportunidad de decirle a esa persona: esto es importante para mí, quiero hacer esto por vos, y quiero decirte que hay esperanza de que salgas de esta situación”, menciona Constantino Orozco, director de marketing de la Carrera de las Rosas.
Cada participante lleva un dorsal con el nombre de la persona por quien corre. Por mi abuela. Por mi mamá. Miles de nombres distintos, miles de intenciones distintas, que convergen en una sola dirección.
Antes de arrancar, hay una meditación colectiva en plena calle. Miles de personas, en silencio, tomadas de la mano con el desconocido de al lado, escuchando. Y luego el pasillo, aplausos, y la carrera.
“Sin importar la cantidad de veces que haya estado en la carrera, en las diferentes ciudades, siempre he llorado”, admite Orozco. “En Carrera de las Rosas es muy difícil no llorar, porque siempre se te viene alguien a la mente.”
En la última edición de Barranquilla hubo dos momentos que le quedaron grabados. En la salida, una mujer se acercó a la tarima y pidió dar la largada. Hacía apenas tres días le habían diagnosticado cáncer de mama. Había llegado pensando correr por alguien más, y de repente también estaba corriendo por ella misma.
El segundo ocurrió en la meta. Un hombre llegó llorando, sin que nadie le hubiera preguntado nada. “Hace un año se murió mi mamá de cáncer de mama”, le dijo a Orozco entre lágrimas, que mientras cuenta la historia parece también a punto de llorar. “Y yo acabo de correr esta carrera por ella, y hoy se cumple un año de su muerte.”
“Nosotros lo que hacemos en la Rosa es voltear la visión completamente. Es verlo como la oportunidad de honrar su vida, de agradecer que compartiste con ella, de acompañarla. Todo es visto desde la vida, no desde la muerte”, menciona Orozco.
El nombre de la carrera tiene una explicación que desde niños nos han enseñdo: las mujeres son rosas. Y como las flores, cada una es diferente, tiene su propia belleza, su propia esencia. La camiseta de este año lleva una textura de flores distintas entre sí, una por cada mujer que participa.
La medalla de esta edición en Bogotá es un lirio blanco. Representa la pureza, la esperanza y, sobre todo, la posibilidad de renacer. “El lirio representa que es tu oportunidad de renacer, que si llegas a tiempo puedes aumentar las probabilidades de vencer la enfermedad y volver a progresar”, dice Orozco.
Detrás del evento opera la Fundación AlmaRosa, que durante todo el año recorre poblaciones del país con jornadas de concientización y diagnóstico.
La apuesta es clara: si el cáncer de mama se detecta a tiempo, las probabilidades de superarlo aumentan de manera significativa. Para las mujeres que ya recibieron un diagnóstico, la fundación ofrece acompañamiento a través de madrinas, sobrevivientes que ya completaron su proceso.
En ese sentido, participar en la Carrera de las Rosas se convierte en algo más que una actividad deportiva. “Es una oportunidad de sentir el amor de una manera muy viva. Nunca pierdan la esperanza”, concluye Orozco.

🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes? Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador
Manténgase al tanto de toda la información deportiva con la SEDE. Estamos en 📷 Instagram 📹 Tik Tok y 📱Facebook