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Entre planetas, galaxias, animales, figuras voladoras y edificios sobre ruedas Remedios Varo sobresalió por su mundo imaginativo. Las pinturas que, por los colores, parecen sacadas del imaginario de El Bosco pero traídas al siglo XX. Varo fue una española exilidada en México que nunca renunció del todo a su patria y que marcó la historia del arte, aunque su vida y obra por años pasó desapercibida.
Aunque se le conoce como Remedios Varo, el nombre que sus padres le dieron al nacer en 1908 fue María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga. Su nombre cargaba un significado sentimental para su madre, pues su hija llegó para “remediar” la tristeza que dejó la pérdida de otra hija. La vida de la familia Varo y Uranga no se confinó a España y se mudaron a Marruecos y luego a Madrid en 1917, donde la joven Remedios comenzó su formación artística. Desde mucho más niña la futura surrealista aprendió a dibujar bajo la instrucción de su padre, quien era ingeniero, y cuya profesión influenció su futura obra. “Intelectual y creyente en el universalismo, el concepto filosófico de que ciertas ideas se repiten en todas las culturas, la introdujo en el trabajo de Edgar Allan Poe, Alexandre Dumas y Hieronymus Bosch. Le proporcionaron textos sobre misticismo, ciencia y filosofía”, escribió sobre ella Tessa Solomon para Art News.
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Uno de sus temas más recurrentes es la búsqueda de un estado de conciencia más alto, el cual se ve reflejado en su forma de representar a las mujeres y compañeras con las que se crió en medio de un ambienta católico y religioso. Más que mostrarlas como seres devotos a un dios o una iglesia, Varo las mostraba como alquimistas, magas y personajes inmersos en investigaciones científicas o musicales. La historiadora de arte Janet A. Kaplan dijo en la biografía que escribió sobre Varo que “sus atractivos personajes y escenarios fueron diseñados para atraer a los espectadores a sus curiosas narrativas”.
Cuando falleció repentinamente a los 54 años dejó un vacío en el mundo del arte que no se llenó fácilmente. El poeta y contemporáneo de Varo, André Bretón, lamentó su fallecimiento describiéndola como “la hechicera que nos abandonó demasiado pronto”. Aunque su muerte se dio en el mejor momento de su carrera, tuvieron que pasar 20 años para que una exhibición retrospectiva en 1971 rompiera récords de asistencia en México y casi 60 años para que su arte se vendiera por millones en una subasta de Sotheby’s, que afirmó sobre ella que “invocó la iconografía de una variedad de fuentes, alegorías renacentistas, el misticismo católico, el sufismo y la psicología junguiana”.
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Antes de convertirse en la artista reconocida de hoy, fue primero profesora de dibujo pues su pasión por el arte la llevó a matricularse en 1924 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y graduarse de la institución en 1930, en la que conectó con artistas como Salvador Dalí y García Lorca. En medio de este círculo comenzó a conocer diferentes personalidades de la mano de su esposo y compañero de la academia Gerado Lizagarra. La artista se reveló contra todo lo que le había sido enseñado tanto en la academia como en el colegio católico al que asistió.
Fue en este mismo periodo que se integró al grupo de los “Logicofobistas”, quienes buscaban representar los estados mentales del alma en la búsqueda de una síntesis entre el surrealismo y espiritualismo. “Este movimiento tenía por objetivo aunar el arte y la metafísica de un modo que desafiara a la lógica y a la razón”, escribió la periodista Kate Hodges. En 1936 Varo participó en una exhibición de este grupo de vanguardia con dos obras y un año más tarde, con el estallido de la Guerra Civil Española, se convirtió en crítica y oposición del régimen franquista. Con el poeta Benjamin Péret huyó a Francia en 1937 y este, según sus crónicas, se convirtió en su “gran amor”.
Aunque llegaron por separado se reencontraron en la capital francesa y esa fue la última vez en la que Remedios Varo pisó España. De ahí en adelante su vida continuaría como comenzó, mudándose a diferentes partes del mundo. Con su pareja y luego de finalizar su primer matrimonio, la artista permaneció en Francia hasta la invasión Nazi en 1941. Cuando esto ocurrió la española se exilió en México, hasta el día de su muerte.
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Una vez en el país americano se mantuvo cercana al movimiento surrealista y colaboró en varias ocasiones con su contemporánea Leonora Carrington. Aunque había encontrado éxito en España con sus obras, México fue el lugar donde llegó a madurar su estilo y producir las obras por las que ahora es reconocida. “Varo y Carrington se veían casi todos los días, ya sea a la mitad del día para ir al mercado o más tarde en la noche para cenar, y discutían en qué estaban trabajando”, le dijo Wendi Norris, organizadora de la exhibición de Varo en San Francisco en 2019, al New York Times.
De esta forma Varo, junto con su amiga y Frida Khalo, fueron reconocidas como las mujeres artistas más prominentes del movimiento surrealista mexicano, aunque la española no se identificara del todo con este grupo. “Estaba con la boca abierta dentro de este grupo de personas brillantes y talentosas. Yo estaba junto a ellos porque sentía cierta afinidad. Hoy no pertenezco a ningún grupo”, afirmó en una entrevista en 1957.
Aunque ya llevaba varios años en México y se había separado de Péret para casarse con Walter Gruen, Remedios Varo no conoció el éxito hasta que participó en una exhibición grupal en 1955. “En sus obras, Remedios Varo buscó transfigurar el papel de la mujer como un objeto de deseo masculino. Por ello, en sus pinturas las mujeres son alquimistas, brujas, seres espirituales. A la par, Remedios Varo creó mundos alternativos, donde la imaginación fusiona trozos de la realidad generando nuevas formas. Su obra posee la influencia teórica de Jung, Freud y Adler, así como de distintas formas de misticismo”, escribió sobre ella el portal Cultura Inquieta.
Su obra se caracteriza por mezclar elementos renacentistas con lo vanguardista del surrealismo. En 1956 alcanzó, finalmente, el éxito con una exhibición individual que marcó su legado, hasta su muerte repentina por un ataque al corazón. La obra de Remedios Varo hoy es una muestra de los elementos del pasado con una visión moderna otorgada por los ojos de una mujer que buscaba en su interior el sentido de su exterior. “Tiene un efecto mágico”, dijo Norris a The New York Times. “Hay un resplandor y una luz en su trabajo, como se ve en una gran pintura del Renacimiento”.