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El Estadio Olímpico de Londres estaba todo de amarillo. Un grito de gol antes de tiempo molestó a los amantes de las cábalas, temerosos de la mala suerte que significa cantar un tanto antes de que toque la red. Pero era fácil ser afanado al ver el pase que James Rodríguez mandó, largo, para cortar como un puñal las líneas de la defensa de España, tan férreas y difíciles de superar en la primera mitad. Cuando Luis Díaz, quebrando la cintura, dejó loca toda la banda izquierda de la selección ibérica, medio gol ya llenaba la boca. Sin embargo, con toda clarividencia, el golazo del triunfo de Colombia contra España se vio desde mucho antes, cuando Daniel Muñoz voló por los aires. El grito, al unísono, levantó a la capital inglesa, que vio cómo la tricolor venció 1-0 a otro equipo campeón del mundo.
La selección colombiana de Néstor Lorenzo llegaba con aire a la camiseta, chicaneando su nueva pinta en Londres. Desde el arribo del entrenador argentino, el combinado nacional no ha perdido ni un partido. Y la racha, luego del partido contra España, sigue firme.
No obstante, la cosa es todavía más sabrosa, porque el conjunto colombiano ya acumula 20 partidos invicto de forma consecutiva, con solo cinco empates y 15 triunfos. Y en su buena forma, ha conseguido triunfos históricos. Hace casi un año Colombia venció por primera vez a Alemania, en la última ventana eliminatoria derrotó por primera vez a Brasil en un partido clasificatorio al Mundial y ahora la selección nacional se impuso contra España en otro triunfo inédito.
Con otro campeón del mundo que cae ante sus pies, teniendo claro que el partido era un amistoso, la selección de Néstor Lorenzo tiene credenciales para decir que, efectivamente, es candidato a ganar la Copa América, la promesa que el entrenador argentino realizó desde que asumió la dirección técnica del combinado. El reto contra España era, tal vez, el de más nivel que Colombia ha asumido en la era del entrenador argentino. Y el equipo, una vez más, estuvo a la altura. Demostró que es un grupo con ambición, buen juego y una propuesta que le permite mirar cara a cara a las mejores selecciones del planeta.
Néstor Lorenzo, un entrenador de segundos tiempos
Los primeros tiempos de la selección de Colombia ya no asustan a nadie. Se volvió paisaje el sufrimiento del equipo, incapaz de imponerse en las primeras mitades, pero con aplomo suficiente para aguantar las tempestades. Le pasó ayer con España, un equipo intenso y asfixiante, que sofocó a Colombia durante los primeros minutos y le robó la pelota. Habla bien de la selección nacional que, a pesar de ser superada en los primeros 45 minutos, no hubo ninguna verdadera llegada de peligro que complicara el arco de Camilo Vargas.
Sí, en cambio, pudo ser angustiante el intenso nivel físico y la presión de los europeos en la primera parte. Tanto que, en varias ocasiones, casi causan el error en la salida del siempre confiable Camilo Vargas, que cuando inició el complemento tuvo un par de atajadas monumentales que le permitieron a Colombia mantenerse en el partido.
La clave de la victoria estuvo en la segunda mitad, tras la charla de camerino de Néstor Lorenzo, la verdadera constante de la selección colombiana. El equipo del argentino siempre sale con otro aire de los vestuarios. Ayudó en la recomposición de la partitura el ingreso de James Rodríguez y Richard Ríos. Sobre todo, el 10 de São Paulo le dio otra métrica al ritmo de juego. Con el balón en los pies, el cucuteño se hizo maestro y liberó a Luis Díaz, por un lado, y a John Arias, por el otro. Fue el ex-Real Madrid el que descompuso las líneas españolas y fue de sus pies que salió el pase del tanto onírico con el que Daniel Muñoz movió los cimientos del Estadio Olímpico de Londres.

Colombia debe sacar como principal conclusión del partido con España (que jugó la primera parte con una rotación de suplentes a tener en cuenta) el alto nivel del rival que tenía en frente. Y también, por supuesto, que la base, salvo modificaciones imposibles de controlar, es sólida. La defensa, empezando por el arquero Vargas, funciona. Con John Janer Lucumí como principal bastión y Daniel Muñoz en la banda derecha, el seleccionado nacional tiene garantías. Después, en las bandas, John Arias y Luis Díaz son los dos ases bajo la manga del equipo, que cuando encuentran un socio como James Rodríguez en la mitad, se liberan y producen vértigo en las defensas rivales. Las demás piezas funcionan en la medida en la que se van moviendo y se incrustan a un equipo que, verdaderamente, ilusiona.
Poco a poco el proceso de Néstor Lorenzo va superando con suficiencia sus tareas. El martes tiene su reto más próximo, la selección de Rumania. Después, antes de la Copa América, jugará contra Estados Unidos. Y ahí, cuando empiece el torneo continental, comenzará el mayor reto que se trazó el entrenador argentino: ganar títulos. Hay con qué, se demostró con creces. Ahora hay que revalidarlo.
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