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El sector bananero ha tenido un año marcado por los retos, pese a que el 2025 fue un muy buen año para el negocio exportador. Ahora, la rentabilidad de la actividad se ve en riesgo debido a la revaluación del peso, aumento de los costos de producción, dificultades logísticas y retos climáticos cada vez más extremos.
Esto ha llevado a que los productores deban buscar nuevas estrategias para seguir siendo competitivos en el mercado. Sobre estos temas habla José Francisco Zúñiga Cotes, presidente ejecutivo de la Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (ASBAMA), gremio que cumple en 2026 tres décadas de articular el sector bananero del Caribe colombiano.
¿Cómo le fue al sector bananero en 2025?
El 2025 fue un muy buen año. Tuvimos un crecimiento en las exportaciones por el departamento del Magdalena y por el puerto de Santa Marta se exportaron cerca de 50 millones de cajas, lo que representa alrededor de 50.000 contenedores de banano. Eso significó un incremento del 13 % frente a 2024.
¿La perspectiva es igual de positiva para este 2026 o son más los retos que enfrentan?
Este año arranca con retos importantes. Empezamos con un dólar que ha rozado los COP 3.600 en la tasa de cambio, cuando el año pasado estuvo por encima de los COP 4.000. Esto nos ha generado una pérdida de competitividad, porque el banano se produce en pesos y cada centavo que se pierde en tasa de cambio son ingresos que dejan de percibir los productores. Hoy los ellos están perdiendo cerca del 15 % de sus ingresos solo por este factor.
Además de la tasa de cambio, ¿qué otras preocupaciones tienen los bananeros?
Se suman varios temas: el anuncio de un súper Niño que viene con sequías y menores regímenes de lluvia que afectan la productividad. También la guerra en Oriente Medio y el cierre en el estrecho de Ormuz que impactan la logística internacional con alzas en los precios de fertilizantes y del transporte por los altos precios del petróleo. El aumento del salario vital ha representado un costo mayor en la mano de obra. Finalmente, el tema de seguridad, con mayor delincuencia e intimidaciones en zonas productoras y una reacción muy deficiente de la fuerza pública porque los actores armados andan a sus anchas en los lugares en que producimos.
¿Cómo se han visto impactados los precios, específicamente con la situación del estrecho de Ormuz en los costos?
El transporte se encarece al subir el precio del barril de petróleo. El incremento de tarifas de las navieras tiene un impacto claro. A esto se suma el aumento en fertilizantes. Aunque aún hay disponibilidad, la logística de transporte y abastecimiento se empieza a complicar y los precios pueden subir más. Todo esto afecta la productividad y los costos del productor.
¿Qué tanto preocupa la llegada del fenómeno de El Niño y cómo se prepara el sector?
Nos preocupa porque estas disminuciones de lluvia se suman a menores ingresos por tasa de cambio y a costos más altos. El sector ha avanzado en agricultura de precisión, especialmente en la optimización del uso del agua.
Participamos en mesas técnicas agroclimáticas para recibir información y transmitir recomendaciones. El riesgo es que, por insumos caros, algunos productores bajen ciclos de fertilización y eso acelere la pérdida de productividad.
¿Qué tan sensible es el cultivo del banano a la sequía?
El banano necesita agua para producir, una mata es cerca de 80 % agua. Si no se cumplen los mínimos requeridos, la planta se estresa y se pierde rendimiento. Por eso usamos tecnologías que miden humedad del suelo, evapotranspiración y clima, para aplicar el agua necesaria. No reducir fertilización es clave para evitar mayores impactos.
Entonces, ¿cómo trabajan en la productividad que es la clave para mantenerse a flote?
Hay productores con más de 3.000 o 3.500 cajas por hectárea al año. La idea es mantener esos números pese a las dificultades. Hay que seguir con las labores culturales, no dejar de fertilizar, invertir en tecnología de precisión y optimizar procesos. El reto es que hoy no hay incentivos y la inversión es costosa por las altas tasas de interés, pero es el camino para sostener el negocio.
¿En qué avances tecnológicos está trabajando el sector?
Se trabaja cada vez más en agricultura de precisión: uso de drones para control, estaciones meteorológicas, sensores de humedad en suelo y sistemas de monitoreo que generan alertas e informes. Además, los riegos se hacen por goteo, aspersión y microaspersión en algunas fincas.
¿Es fácil para los pequeños productores acceder a esta tecnología?
Ahí tenemos un eslabón débil. En el Magdalena hay cerca de 450 pequeños productores que, por la escala de sus negocios, no siempre acceden a créditos o inversiones. Se necesita el apoyo del Ministerio de Agricultura y la Agencia de Desarrollo Rural para que, a través de cooperativas, puedan ser más asequibles estas tecnologías.
Respecto a la comercialización, ¿cómo avanza el tema del precio justo?
Es uno de nuestros grandes llamados. El precio del banano lleva 10 o 15 años prácticamente estático, sin incrementos significativos. Los supermercados lo usan como producto gancho, con promociones agresivas, lo que perjudica al productor.
A la vez, siguen aumentando las exigencias en certificaciones laborales, sociales y ambientales, que son costosas. Cumplimos con los estándares y hacemos más de lo que nos piden, pero necesitamos un precio justo que reconozca ese esfuerzo.
¿Qué hace falta para que en los mercados, especialmente el europeo, se reconozca ese valor?
Falta voluntad y manejo de la información hacia el consumidor. Es clave explicar cómo es el proceso de producción bananera y generar políticas comerciales que promuevan el consumo de este como producto saludable. El banano no puede seguir siendo la fruta más barata de la estantería.
¿Cómo está la perspectiva de los mercados de exportación?
Los mercados se mantienen bien. Tenemos contratos de suministro de uno a dos años. Cerca del 40 % de la fruta del Magdalena y La Guajira va a Estados Unidos. Otros destinos importantes son Reino Unido y países de la Unión Europea como Bélgica, Países Bajos y Alemania.
¿Hay nuevos mercados en la mira?
Explorar nuevos mercados no es fácil. Asia, por ejemplo, implica tránsitos de más de 30 días, mayores costos y precios poco atractivos. Además, hay limitaciones fitosanitarias, como el Fusarium R4T. Por ahora, estamos concentrados en Europa, Reino Unido y Estados Unidos.
Con este panorama, ¿sigue siendo rentable producir banano?
Tenemos un precio promedio de caja alrededor de 7,50 dólares, pero los costos han subido y hay un 15 % menos de ingreso. La situación es complicada en este inicio de semestre. Los productores que no tienen los mejores rendimientos pueden estar empezando a perder dinero. Si esto se mantiene, se puede borrar lo bueno que dejó el 2025.
¿Ve alguna oportunidad en medio de este panorama?
Aunque el panorama es gris, el productor bananero ha demostrado resiliencia para superar crisis. Es un sector que trabaja para tener una producción cada vez más sostenible y, confiamos, en terminar el año de manera positiva.
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