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Se ha ordenado incluso a empleados públicos de bajo nivel, como profesores de primaria y enfermeras, que entreguen sus pasaportes, para imponer “disciplina”.
Cuando a Tina Liu la contrataron para que enseñara literatura en una escuela primaria pública del sur de China, su contrato incluía las advertencias habituales sobre ausentismo y rendimiento laboral.
Luego venía otra línea: viajar al extranjero sin permiso de la escuela podía ser motivo de despido.
La norma se reforzó en un chat grupal del personal. “Según las normas de los superiores, los profesores deben reforzar su conciencia disciplinaria”, decía el mensaje. “Actualmente no vamos a permitir vacaciones en el extranjero”.
En toda China se están extendiendo advertencias similares, a medida que las autoridades refuerzan el control sobre el contacto de los empleados estatales con los extranjeros. Se ha ordenado a algunos profesores de preescolar, médicos e incluso contratistas del gobierno y empleados de empresas estatales que entreguen sus pasaportes. Algunas ciudades obligan a los jubilados a esperar dos años para recuperar sus pasaportes.
En muchas ciudades, los viajes al exterior de los empleados públicos, incluso por motivos personales, requieren autorización. Se han prohibido los viajes de negocios al extranjero para “investigación, intercambio y estudio ordinarios”. Y en la mayoría de las provincias, quien haya estudiado en el extranjero está inhabilitado para ocupar determinados cargos públicos.
Los funcionarios aducen diversas razones, como la protección de la seguridad nacional, la lucha contra la corrupción y la reducción de costos. Pero el alcance de las restricciones se ha ampliado rápidamente, hasta llegar a empleados que dicen no tener acceso a información sensible ni a fondos públicos. The New York Times habló con siete empleados públicos, entre ellos un profesor de música de escuela primaria, una enfermera y un profesor de literatura, quienes confirmaron las restricciones.
Las normas forman parte de un impulso de las autoridades centrales para imponer una supuesta mayor disciplina política y lealtad ideológica a los trabajadores del gobierno. Dos de las personas con las que habló The New York Times dijeron que también se les había ordenado dar a conocer sus cuentas personales en las redes sociales a sus empleadores. Otra persona dijo que tenía que notificar a su empleador si salía de la ciudad donde trabajaba. Algunos gobiernos locales han prohibido a los funcionarios salir a comer en grupos de más de tres personas, medidas que surgieron tras varios informes sobre consumo excesivo de alcohol en banquetes oficiales.
Pero las autoridades están especialmente atentas a los contactos en el extranjero. El gobierno chino lleva mucho tiempo cauteloso de la amenaza del espionaje y de lo que considera fuerzas extranjeras hostiles que pretenden sembrar el descontento. En julio, el Diario del Pueblo, periódico portavoz del Partido Comunista Chino, publicó un artículo en el que declaraba que la diplomacia interpersonal “existe gracias al partido” y debe ser dirigida por el partido.
El resultado es que, aunque Pekín se anuncia como deseoso de atraer empresas y turistas extranjeros, está impidiendo que muchos de los suyos salgan del país.
“Por un lado, quieres que los extranjeros vengan a China. Haces publicidad de la cultura china y esperas que impulsen la economía”, dijo Liu, que tiene unos 20 años. “Pero, por otro lado, ¿por qué nos atrapan aquí, en lugar de dejarnos ver más mundo?”.
Las restricciones de viaje para algunos empleados del Estado no son nuevas. Desde 2003, los funcionarios de alto rango o los que manejan secretos de Estado deben informar con antelación de sus viajes al extranjero. Sus nombres se comunican a los funcionarios de fronteras para impedir salidas no autorizadas.
Pero bajo el gobierno de Xi Jinping, el dirigente más poderoso de China en décadas, los controles se han extendido a trabajadores de niveles mucho más bajos.
A los funcionarios a tiempo completo de seis pueblos pesqueros cercanos a la ciudad de Zhoushan, en la provincia costera de Zhejiang, se les dijo que entregaran sus documentos, según muestra un aviso del gobierno local. En una ciudad de la provincia de Jiangxi, una agencia de salud pública también dijo a los empleados que informaran de cualquier viaje al extranjero que hubieran realizado desde 2018.
Una profesora de música de una escuela primaria de la provincia central de Hebei dijo que había solicitado ir a Malasia este verano porque su hermana iba a estudiar allí. El director de su escuela rechazó la solicitud, dijo la profesora, quien solo dio su apellido, Wang, por temor a represalias.
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Una enfermera de un hospital de Zhejiang dijo que necesitaría cuatro niveles de autorización si quisiera viajar al extranjero. La enfermera, que también pidió ser identificada solo por su apellido, Zhu, por miedo a represalias, dijo que no había presentado la solicitud, aunque hacía tiempo que soñaba con visitar Vietnam. Las restricciones, dijo, parecían mostrar un temor a que incluso los trabajadores ordinarios pudieran huir con información sensible o fondos ilícitos, una idea de la que se burló.
“Si hay algún secreto, ¿lo sabrá gente como nosotros?”, dijo. “¿Qué dinero tenemos para fugarnos?”.
A quienes se les permite viajar al extranjero se les exige a veces que prometan no poner en peligro la seguridad nacional ni hablar mal de China mientras estén fuera.
La Universidad Tecnológica de Mongolia Interior dijo a sus empleados que no aceptaran entrevistas con los medios de comunicación ni se reunieran con “terceros” mientras estuvieran en el extranjero, sin autorización. Los encuentros con “fuerzas contrarias a China” deben comunicarse a las embajadas chinas, dijo la universidad.
No entregar el pasaporte en el plazo de una semana tras el regreso podría conllevar la prohibición de viajar durante cinco años.
Las restricciones también acechan a la contratación. Para los recién licenciados que aspiran a ingresar en el servicio público chino, algunos de los puestos más codiciados se encuentran en el programa conocido como xuandiaosheng, que se traduce vagamente como “estudiantes seleccionados”. A esos estudiantes, que son reclutados en las mejores universidades, se les pone en una vía rápida para acceder a puestos directivos.
Cada provincia determina de qué escuelas reclutará, y muchas, incluida Cantón, en el sur, solían incluir universidades extranjeras. Este año, Cantón solo incluyó universidades chinas; lo mismo hicieron otras cinco regiones el año pasado. Solo Shanghái acepta ahora explícitamente a licenciados de universidades extranjeras para el programa de élite.
La provincia de Liaoning, en el noreste, fue incluso más lejos. Este año se consideró no apto a quien haya vivido más de seis meses en el extranjero y cuya “experiencia y actuación política en el extranjero” fueran difíciles de verificar.
Los departamentos de policía de las principales ciudades han impuesto normas similares. En Shanghái, incluso tener un cónyuge o pariente cercano que se haya mudado al extranjero puede descalificar a un candidato.
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Dongshu Liu, profesor de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, quien estudia el servicio público chino, dijo que lo más probable es que muchas de las restricciones no se deriven de un mandato central claro. Pero a medida que ha aumentado el escrutinio del gobierno central sobre los funcionarios de nivel medio, probablemente trataban de evitar cualquier posible fuente de problemas.
“Debido a las relaciones entre Estados Unidos y China, debido a la competencia, creo que es justo decir que la sociedad china en general se ha vuelto más sensible a los países extranjeros”, dijo Liu. Para los legisladores, eso hace que “todo lo relacionado con los países extranjeros sea arriesgado”, añadió.
El gobierno chino de todas maneras busca transmitir una imagen de apertura, y preferiría mantener más en secreto su giro hacia el interior, dijo Wu Qiang, analista político independiente de Pekín. Aunque algunos gobiernos locales han publicado en internet su normativa sobre pasaportes, muchos entrevistados dijeron que solo se les informó de forma oral.
La aplicación de las restricciones parece ser desigual. Zhu dijo que, por ejemplo, las enfermeras de otros hospitales de su ciudad seguían teniendo pasaporte.
Y los empleados del gobierno no son los únicos a los que se examina por sus vínculos con el extranjero. La agencia de seguridad estatal china ha advertido repetidamente a los ciudadanos de a pie sobre los peligros de viajar al extranjero, o de tener cuidado con los extranjeros que pudieran ser espías.
Dong Mingzhu, presidenta de Gree Electric, un importante fabricante chino de electrodomésticos, dijo a principios de este año que evitaría contratar a personas que regresaran del extranjero, porque podrían ser espías.
Esta declaración suscitó críticas generalizadas de los usuarios de las redes sociales, quienes dijeron que fomentaba la discriminación y perjudicaría la competitividad global de China. Incluso el Diario del Pueblo publicó un artículo de opinión defendiendo el talento extranjero.
Pero mientras que los chinos de a pie podrían quejarse de las restricciones a sus libertades, es poco probable que los empleados del gobierno opongan mucha resistencia, dijo el profesor Liu, de Hong Kong.
De hecho, todos los empleados públicos con los que habló The New York Times dijeron que no renunciarían por tener que entregar sus pasaportes.
Zhu, la enfermera de Zhejiang, dijo que su salario estable de unos 27.000 dólares al año —mucho más que la media de su ciudad— compensaba el “valor emocional” que se le negaba. Y sabía que muchos otros trabajadores a su alrededor estaban en la misma situación.
“Si todos mueren, no pasa nada, ¿sabes?”, dijo. “Mientras no sea la única”.
*Siyi Zhao colaboró con investigación.
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