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Durante décadas, Crystal Palace fue apenas un extra dentro del escenario del fútbol inglés. Se trata de un club con más de un siglo de existencia, sí, pero también acostumbrado a vivir lejos de la élite y muy distante del prestigio, no solo a nivel británico, sino en su misma ciudad. En Londres, Arsenal, recién coronado campeón de la Premier League, conserva el peso histórico al ser el equipo con más títulos.
En años recientes Chelsea se transformó en una potencia y Tottenham Hotspur también amplió su impacto internacional. Estos dos vienen de años irregulares, pero hacen parte de los Big Six, la élite inglesa. West Ham, que acaba de descender, por títulos, tradición popular y mayor legado en la primera división, conserva un mayor reconocimiento que el Palace, el cual pelea con Fulham por ser el “quinto grande” de la ciudad. Por ese contexto el presente del equipo del sur de Londres resulta tan extraordinario.
Este miércoles, en Leipzig (Alemania) y contra el Rayo Vallecano español, Crystal Palace disputará la primera final europea de toda su historia, la de la Conference League. Y lo hará en el periodo más exitoso desde su fundación en 1905, impulsado en parte por dos colombianos: Daniel Muñoz y Jefferson Lerma.
El primero en llegar a Selhurst Park fue Lerma, quien ya contaba con experiencia en Inglaterra tras cinco años en Bournemouth. Viste la camiseta azul y roja desde mediados de 2023. Al principio era uno de los fijos en la primera línea de volantes y su versatilidad incluso le permitía desempeñarse como central. Esta campaña alternó entre inicialistas y emergentes, pero sumando minutos cada fin de semana. Registra 121 partidos, un gol y ocho asistencias como cristalero.
Con menos tiempo pero con más impacto tenemos a Muñoz. El antioqueño se desempeña como un carrilero que, a pesar de que sabe que su principal responsabilidad radica en la marca, no tiene miedo a la hora de atacar, y con 11 goles y 16 asistencias en 107 partidos, registra cifras de participaciones directas de gol más habituales en un extremo que en un defensor.
Su carrera profesional arrancó, curiosamente, con otras Águilas, las de Rionegro, por allá en 2017. Tras pasos por Nacional y Genk (Bélgica), llegó en 2024 al sur de Londres. Su momento más icónico hasta ahora fue en la final de la FA Cup 2025 contra Manchester City. Asistió a Eberechi Eze en el gol que significó el 1-0 definitivo con el que los londinenses supieron por fin lo que era ganar un título oficial.
El salto definitivo
Aquella consagración cambió algo más que el palmarés. El Palace dejó de sentirse un simple sobreviviente y empezó a verse como una institución capaz de competir con seriedad. Con ese triunfo logró el boleto que le permitió estrenarse en la Conference, la primera competencia europea que juega en su historia.
Reducir esta transformación únicamente a los colombianos sería injusto. El gran salto también responde a una reconstrucción institucional sostenida durante los últimos años. Aunque el club nunca logró pelear seriamente puestos de Champions y en la última década jamás superó el décimo lugar en Premier, sí construyó una estructura deportiva mucho más ambiciosa.
Gran parte de ese crecimiento estuvo asociado a la gestión del técnico austriaco Oliver Glasner. Agarró al equipo en enero de 2024, cuando estaba apenas cinco puntos por encima de la zona de descenso, y bajo su mando pasó de luchar por la permanencia a consolidarse como plataforma de desarrollo para futbolistas de élite.
Ese modelo se tradujo en ventas multimillonarias. Eberechi Eze, uno de los jugadores más talentosos formados en Selhurst Park, fue vendido al Arsenal por 69,30 millones de euros. Michael Olise, compañero de Luis Díaz en Bayern Múnich, explotó futbolísticamente en el Palace antes de marcharse a Alemania por 53 millones. A mitad de esta campaña, Manchester City pagó unos 23 millones de euros por el defensor Marc Guehi. Mientras tanto, la plantilla aumentó su jerarquía y hoy cuenta con más de 10 futbolistas que estarán presentes en el Mundial de 2026, entre ellos Dean Henderson, Ismaila Sarr y Jean-Philippe Mateta.
Sorprende recordar dónde estaba parado Crystal Palace hace trece años, peleando discretamente en la mitad de tabla de la segunda inglesa, lejos de cualquier conversación internacional. Incluso históricamente, las águilas pasaron más temporadas en el ascenso que en primera. Por eso esta final europea adquiere un valor tan poderoso, pues representa la validación definitiva de su crecimiento.
El tercero de Madrid
En la otra esquina del cuadrilátero también aparece otro actor secundario. Rayo Vallecano llega a Leipzig en una situación parecida, pues vive también el mejor momento de toda su existencia. El equipo de Vallecas, barrio históricamente obrero de Madrid, construyó durante décadas una identidad muy particular dentro del fútbol español: una cultura combativa y estrechamente vinculada a causas sociales como las luchas contra el racismo y la xenofobia. Aunque vive permanentemente bajo la sombra gigantesca del Real Madrid y el Atlético, conserva un arraigo cultural único que lo distingue del resto.
Para Colombia el vínculo con Vallecas también resulta cercano. Siete futbolistas tricolor han pasado por el equipo, entre ellos dos de los futbolistas más importantes de nuestra historia: Falcao García y James Rodríguez.
Para la gente del Rayo, esta final posee un significado tan grande como para la del Crystal Palace. Nunca jamás conquistó un título internacional y el único trofeo oficial de sus vitrinas sigue siendo el de la Segunda División española de 2017-18. Por eso el duelo de este miércoles tiene algo especial, pues enfrenta a dos clubes históricamente pequeños que, por primera vez, sienten que la gloria europea también les puede pertenecer.

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