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Heridas de bala que se han infectado como consecuencia de las dificultades para recibir atención médica y consultas con pacientes en cuartos sin ventanas, como única opción para evitar ser alcanzados por los disparos, son solo dos de las crudas realidades que por estos días se viven en medio del fuego cruzado entre pandillas en Puerto Príncipe, capital de Haití.
Desde el 7 de julio varias zonas, pero particularmente el sector de Cité Soleil, han sido epicentro de tiroteos diarios entre pandillas que, a la fecha, han dejado más de 500 víctimas, entre muertos, heridos y desaparecidos, y 3.000 desplazados según la ONU.
Médicos Sin Fronteras (MSF), organización sin ánimo de lucro que hace presencia en el país, indicó a través de un comunicado que desde el fin de semana pasado “ha visto un aumento significativo en el número de pacientes heridos por balas perdidas en sus instalaciones médicas en Puerto Príncipe”.
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“Moverse se ha vuelto extremadamente peligroso en varias áreas de la ciudad, y muchos habitantes están atrapados en sus barrios. Esto ha hecho que el acceso a la atención médica sea muy difícil, por lo que MSF está gestionando clínicas móviles para llegar a las personas que no pueden movilizarse. Pero incluso nuestros equipos médicos enfrentan dificultades, al menos en tres ocasiones, nuestras clínicas móviles tuvieron que ser pospuestas o canceladas debido a los enfrentamientos”, explica Rachelle Seguin, coordinadora médica de MSF en Haití.
Una de esas clínicas pudo llegar precisamente a Cité Soleil durante un alto al fuego. “En pocas horas, nuestros equipos médicos realizaron 150 consultas, 30 de ellas para personas con heridas infectadas, es decir, heridas antiguas que no habían sido tratadas antes. Es probable que esto se deba a que las personas heridas no pudieron recibir atención médica, por la intensidad de los combates en curso o porque los grupos armados levantaron barricadas y bloqueos carreteros. En algunas áreas, MSF solo puede tratar a los pacientes en sótanos o habitaciones sin ventanas debido al peligro que supone el fuego cruzado y las balas perdidas”, explica la organización.
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“Un año después de que tuviéramos que cerrar nuestro Centro de Emergencias en Martissant a causa de la violencia y trasladarlo a Turgeau, reiteramos nuestros llamados: la población de Puerto Príncipe debe estar a salvo de la violencia y tener acceso a la atención médica y servicios básicos”, asevera Benoît Vasseur, jefe de misión de Médicos Sin Fronteras en Haití. “Nos preocupa mucho que las zonas de conflicto en la capital haitiana y sus alrededores se sigan extendiendo”.
Haití, el país más pobre del hemisferio, está sumido en una crisis económica, política, social y de seguridad (en la que los secuestros es uno de los delitos que más han aumentado) que solo ha empeorado desde el asesinato de su presidente, Jovenel Moïse, hace más de un año, crimen que permanece en la impunidad.
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